Por @Alvy — 23 de Junio de 2019

Remember The Fire

Remember The Fire es una visualización interactiva de la letra del We Didn’t Start the Fire de Billy Joel, término por término, a los que se han añadido estadísticas sobre la relevancia actual de cada una de las menciones. Una auténtica curiosidad para ver qué paso de moda y qué sigue de moda en el imaginario colectivo.

La relevancia se mide en visitas mensuales a las páginas de cada personajes o hecho en la Wikipedia. Allí también hay una completa disquisición sobre todas las referencias de esa letra que abarca unos 40 años, desde Harry Truman y Doris Day (1949) hasta la Ley marcial en China y las Guerras de la Coca-Cola (1989). Como dijimos alguna vez, es básicamente un recorrido medio psicodélico, medio histórico, medio artístico sobre una gran parte de la segunda mitad del siglo XX.

Curiosamente el personaje moderno más relevante vuelve a ser en nuestros días Isabel II, reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que fue coronada en 1953 y ahí sigue a sus 93 años tras 67 de reinado. Después están Elvis Presley y John F. Kennedy. Einstein es el científico más relevante (aunque ha bajado en relevancia respecto al mismo ránking de 2014) y como hechos más generales están la Beatlemanía, el Watergate y el viaje a la Luna del Apolo 11 (Moonshot).

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Por @Alvy — 19 de Junio de 2019

The War of the Worlds: The Immersive Experience

Esto tiene una pinta estupenda: The War of the Worlds: The Immersive Experience. Es un espectáculo medio teatral, medio parque de atracciones, medio virtual en el que se combinan un montón de escenarios y técnicas con La guerra de los mundos de H.G. Wells como argumento. Eso sí, usando la sempiterna banda sonora de Jeff Wayne.

El espectáculo ocupa unos 2.000 metros cuadrados y no sé si calificarlo de steampunk o cyberpunk. Por un lado recrea perfectamente el Londres de la época victoriana, que es cuando se sitúa originalmente la novela (la película trasladaba la acción a Estados Unidos en la época post-Segunda Guerra Mundial), así que tiene el «look antiguo». Pero por otro utiliza también gafas de realidad virtual y otros artilugios más del siglo XXI, así que es difícil situarse.

Esta experiencia se califica como de «teatro inmersivo» combinado con realidad aumentada, realidad virtual y carricoches tipo parque de atracciones. Hay teatro, proyecciones en pantallas, baile, decorados ultrarrealistas, hologramas, cúpulas estilo planetario , magia, tecnología que parece magia y muchos actores.

En total son 110 minutos (con un intermedio para el «visite nuestro bar», en este caso diseñado por el mismísimo Jeff Wayne) y se participa en grupos de 12 personas, a partir de 12 años. Dicen que para los visitantes es «como meterse en una película», en este caso no haciendo de protagonistas sino más bien de refugiados tras la invasión de los marcianos.

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Por @Alvy — 5 de Junio de 2019

Tiene mérito lo de Device Orchestra porque consigue hacer música con instrumentos de lo más variopinto, en este caso un par de datáfonos en los que suena la banda sonora de Super Mario Bros.

Pero también sabe sacarle partido a otros objetos mundanos como son los cepillos de dientes eléctricos:

Es el hiperpopular Wannabe de las Spice Girls, un superéxito de finales de los años 90 con el que nos taladraban el cerebro. Y con 12 datáfonos y una máquina de coser te monta el Happy de Pharrell Williams en un periquete.

También tiene otras piezas musicales con lavadoras, tostadoras y hasta con una depiladora Epilator. Todo es cuestión de encontrarles el punto de vibración a las frecuencias correctas y enchufarles un Arduino con algo de electrónica básica. La complejidad de la composición entonces depende de cuántas pistas/voces se necesiten.

Todo un avance en tecnología musical, vamos.

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Por @Alvy — 28 de Abril de 2019

Este curioso invento se llama Máquina de Canicas X y tal y como cuentan en el canal de Wintergatan, combina «música, ingeniería e innovación». Pero sobre todo resulta hipnotizante y a la vez un tanto intrigante, al tiempo que transmite calma y sosiego. Basta mirarla un rato para quitarse el estrés: es como una caja de música pero a lo bestia.

Trabajar en el nuevo proyecto (no es el primero de este tipo) no ha sido baladí: tuvieron que esperar cinco meses a que llegara la cadena principal desde Japón, calcular el tamaño exacto de los pistones con precisión milimétrica y hacer que todas las poleas y ruedas dentadas reductoras encajaban para funcionar a la velocidad adecuada.

Además de la parte mecánica y de ingeniería, Martin Molin –el líder del proyecto– compuso la música que se oye cuando comienza a funcionar, lo cual incluye diversos instrumentos como la caja de ritmos, xilófono, cuerdas de piano y demás.

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