Por @Wicho — 21 de Julio de 2021

El vídeo Pulsar music tiene ya algún tiempo pero se me había pasado. Es una sonificación de datos recogidos por el telescopio espacial de rayos X Spektr-R del programa RadioAstron. En ella se hace corresponder la frecuencia de distintos púlsares con sonidos que se corresponden con ella; de otro modo no oiríamos nada porque los púlsares emiten en ondas de radio que los seres humanos no somos capaces de recibir. Básicamente a mayor frecuencia, sonidos más agudos, mientras que a los púlsares con frecuencias más bajas se les asocian sonidos más graves y con más armónicos. Creo. Que me gusta mucho la música pero mi oído musical deja mucho que desear.

Los púlsares son estrellas de neutrones que giran muy rápidamente sobre ellas mismas y que emiten chorros de radiación electromagnética extremadamente potentes –casi inimaginablemente potentes–. Si coincide que en algún momento de esa rotación uno de los chorros apunta hacia nosotros lo podemos «escuchar» con los instrumentos adecuados. Los púlsares nos cuentan cosas acerca de la vida de las estrellas. Pero también podrían actuar como una especie de faros estelares por lo extremadamente preciso de sus señales. De hecho el instrumento Sextant que ahora mismo está montado en el exterior de la Estación Espacial Internacional (EEI) está comprobando la viabilidad de esa idea.

Las sonificaciones, por su parte, son un método bastante usado para presentar información. No sólo permiten obtener resultados estéticamente agradables como esta música de los púlsares sino que permiten estudiar los datos de otra forma, como muy bien explica la astrofísica invidente Wanda Díaz-Merced.

Spektr-R dejó de funcionar en enero de 2019, después de haber estado en servicio una vez y media más de lo previsto. Pero ya ocupa su lugar su sucesor, Spektr-RG. Se une a otros telescopios espaciales de rayos X como Chandra, HXMT, NICER, NuSTAR o XMM-Newton, aunque todos ellos están en órbita alrededor de la Tierra a diferencia del Spektr-RG, que está en el punto de Lagrange L2 del sistema Tierra-Sol.

(Vía Daniel Fischer).

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Por @Wicho — 15 de Julio de 2021

Esta es la historia de mujeres que escuchan música en su cabeza.

Como muchos otros campos el de la composición musical lleva años –¿toda su historia?– dominado por hombres. La música electrónica no es una excepción a pesar de, por definición, pertenecer al siglo XX, cuando era de esperar que las cosas hubieran cambiado un poco. Sisters With Transistors, dirigido por Lisa Rovner, recupera los nombres de algunas de las pioneras del género que, para variar han sido bastante olvidadas.

A lo largo de casi hora y media nos acerca a las figuras de Clara Rockmore, Daphne Oram, Bebe Barron (y su marido Louis), Pauline Oliveros, Delia Derbyshire, Maryanne Amacher, Éliane Radigue, Suzanne Ciani y Laurie Spiegel. No usa material nuevo sino que las presenta mediante imágenes ya existentes. Pero sí es nueva la narración que las acompaña, que está a cargo de Laurie Anderson.

No sólo habla de la contribución de cada una de ellas a la historia de la música electrónica tanto en cuanto a sus composiciones y su forma de ver la música y su uso de los nuevos instrumentos que la tecnología puso a su alcance sino que también habla de su lucha por la emancipación, tanto en la música como en la sociedad. Muy, muy recomendable si tienes interés en la música electrónica. O en la música en general. O en el papel de las mujeres en la cultura. Eso sí, los clips escogidos por la directora no dan demasiada información biográfica acerca de ellas, así que para eso os dejamos los enlaces del párrafo anterior.

En teoría está disponible como vídeo bajo demanda en Vimeo en distintos países, España incluida. En la práctica no me dejaba verlo así que he tenido que recurrir a «otros métodos».

Como material extra he encontrado una lista de vídeos en YouTube hecha por Patrick Pagano que también se llama Sisters With Transistors en la que se puede encontrar las versiones completas de mucho del material fuente usado en el documental.

(Vía Paloma Llaneza).

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Por @Alvy — 15 de Junio de 2021

Este minidocumental de Jeremy Benning descubre parte de la «magia» que hay detrás de las películas y series de televisión. Muestra el día a día del trabajo de los aristas de los «estudios de efectos», el denominado Foley, en inglés. En este caso se han instalado, construyéndola desde cero a medida con todos los avances técnicos necesarios, en una granja en las afueras de Toronto, en el Ontario rural.

Esta parte de la postproducción proviene de los orígenes mismos del cine sonoro, cuando se descubrió que era realmente complicado conseguir un sonido limpio y claro en las tomas rodadas en la película, mientras que era posible añadir a posteriori una pista de sonidos «recreados» para montar de forma sincronizada. En Footsteps Studio trabajan artistas que llevan décadas creando efectos, junto con todos sus artefactos y cachivaches. Una curiosa combinación de la más baja tecnología con herramientas como Pro Tools para crear las pistas definitivas.

Entre otros objetos muestran orgullos sus colecciones de zapatos, puertas, cerraduras, sacos, cuerdas, piedras… Cualquier cosa es buena (y necesaria) para crear efectos de sonido. El estudio es caótico pero ordenado; al menos dicen que saben dónde están las cosas. Reconocen que trabajar de los efectos es como vivir en una especie de «realidad paralela» en la que se van fijando en el detalle de los sonidos del mundo que les rodea durante las actividades cotidianas. Entre los efectos más impactantes están los puñetazos a sacos y piezas de carne, las rodadas de un monopatín –incluso ajustando la velocidad– o el chirriar de las puertas. Todo el estudio está microfonado y cableado… porque nunca sabes si necesitarás el sonido de la cisterna del inodoro o de una tetera a punto de hervir.

Aburrirse no parece que se aburran; de hecho parece una profesión definitivamente divertida, en la que se requiere mucha imaginación, caso propia de magos. Hacerlo bien y sincronizarse con los actores y actrices debe ser complicado, por no hablar de que a veces puede hacer falta fuerza física o encontrarle el «tono» a los sonidos, para que sean más realistas, tremebundos o humorísticos. Dicen que trabajo no les falta: desde las películas a series de televisión, animación, anuncios e incluso los cada vez más realistas videojuegos.

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Por @Alvy — 20 de Mayo de 2021

Estamos acostumbrándonos a que las inteligencias artificiales nos ofrezcan fotografías modificadas o más fotorrealistas, o a que haga impresionantes virguerías con el lenguaje natural. Pero también se puede aplicar a la música. Y, aunque suene aberrante, alguien ha probado a reinterpretar el Wannabe noventero de las Spice Girls al estilo rock industrial y metálico de Nine Inch Nails (NIN).

El resultado es bastante peculiar, sobre todo si se hace como en el vídeo, que primero muestra un fragmento de la canción original y luego su reestilización mediante IA, adaptando la interpretación vocal, el ritmo y los instrumentos al más puro NIN. ¿Quién dijo que no podía hacerse?

Si esto se pone de moda podemos acabar oyendo éxitos del más glamouroso y juvenil pop-rock reinterpretados por Iron Maiden o a J.S. Bach reinterpretado al ritmo del vallenato. Bueno, pensándolo bien… seguro que alguien lo ha hecho ya. ¡Tiembla Mozart!

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