Por Nacho Palou — 19 de Junio de 2018

Nvidia ha desarrollado un algoritmo basado en aprendizaje automático que puede producir vídeos a cámara superlenta "de alta calidad" a partir de vídeos convencionales de 30 fotogramas por segundo.

La ventaja potencial de este sistema es que de este modo no sería necesario grabar vídeos a alta velocidad, y además es aplicable a vídeos ya grabados a velocidad convencional: "aunque es posible grabar videos de 240 fotogramas por segundo con un móvil no es práctico grabar todo a alta velocidad, algo que además requiere mucho espacio de almacenamiento y supone un gran consumo de batería", explican.

El método desarrollado por Nvidia es el habitual en estos casos: producir "artificialmente" fotogramas intermedios que sean "especial y temporalmente coherentes". En este caso el sistema utiliza un sistema de aprendizaje automático propio entrenado con más de 11.000 vídeos de acción y de actividades rutinarias grabados a 240 fotogramas por segundo. A partir de esa información la red neuronal predice cómo debería ser los fotogramas que hay que añadir para ralentizar el vídeo.

La tecnología permite incluso ralentizar todavía más vídeos ya grabado a cámara lenta, como los clips de The Slow Mo Guys que aparecen en el vídeo de Nvidia.

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Por @Wicho — 18 de Junio de 2018

Dos imágenes separadas por 45 años

Hemos hablado en varias ocasiones del Lunar Orbiter Image Recovery Project (Proyecto de Recuperación de Imágenes de los Lunar Orbiter, LOIRP). Es una iniciativa que tiene como objetivo rescatar las imágenes tomadas por las cinco sondas de la serie Lunar Orbiter entre 1966 y 1967 antes de que se pierdan para siempre, pues están almacenadas en unas cintas magnéticas sólo compatibles con los lectores Ampex FR-900, que llevaban años descatalogados cuando el proyecto se puso en marcha.

Y los resultados nos parecían asombrosos, tal y como se puede ver en la imagen de arriba, que compara una imagen tomada por el Lunar Orbiter 1 el 23 de agosto de 1966 con la misma imagen procesada por el LOIRP. Los avances en electrónica y en software de procesado de imágenes tras casi medio siglo obraban milagros.

De hecho citando a la NASA (las negritas son mías): «A finales de la década de 1960, la NASA envió cinco sondas Lunar Orbiter a fotografiar la superficie de la luna y así conseguir una mejor comprensión del entorno lunar como preparación para el programa Apolo. Los datos se registraron en cintas magnéticas y se transfirieron a película fotográfica para su análisis científico. Cuando estas imágenes se recibieron por primera vez de la órbita lunar, sólo una parte de su resolución real se podía aprovechar debido a la limitada tecnología disponible

Pero según se puede leer en McMoon: How the Earliest Images of the Moon Were so Much Better than we Realised las imágenes recibidas de las Lunar Orbiter tenían una resolución del copón.

Emosido engañado

Resulta que las Lunar Orbiter tomaban sus imágenes en película de 70mm que revelaban a bordo –como aquellos laboratorios de revelado rápido de hace 20 años, pero en órbita lunar– y las mandaban a tierra por radio sin compresión tras escanearlas con una resolución de 200 líneas por milímetro. Tenían tal calidad que, en términos actuales, cada una de ellas podía ocupar unos 2 GB.

Mosaico con imágenes de las Lunar OrbiterSe recibían en fragmentos de 1,58×0,4 metros con los que la NASA montaba mosaicos de 12×14 metros sobre los que los astronautas paseaban –eso sí, tras descalzarse para no estropearlos– para familiarizarse con la superficie de la Luna. Incluso usaban lupas para estudiar las imágenes debido a la gran calidad de estas.

Entonces, ¿por qué eso de que «la limitada tecnología disponible»? Pues porque ni la NASA ni el gobierno de los Estados Unidos querían que la Unión Soviética pudiera imaginar la capacidad que tenían de obtener imágenes con tal grado de detalle; por eso las copias que circularon en público tenían esa pinta tan chunga: habían sido bajadas de calidad a propósito.

Así que no es por quitar mérito al trabajo del LOIRP, que lo tiene, y mucho, en especial al haber evitado que esas imágenes se perdieran… pero la calidad ya estaba ahí aunque casi nadie lo supiera.

(Vía Boing Boing).

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Por @Wicho — 18 de Junio de 2018

Impresión artística del Comac C919 en vuelo

Con una capacidad de 168 asientos en clase única, 156 en dos clases, y una autonomía inicial de 4.075 kilómetros, aunque está previsto la construcción de una versión con un alcance de 5.555 kilómetros, el Comac C919 es grosso modo la competencia china del Airbus A320 y del Boeing 737.

El último atranco en su carrera –el primer vuelo estaba inicialmente previsto para 2014 pero el primer prototipo no salió de la factoría hasta noviembre de 2015– es la decisión del fabricante de dejar en tierra los dos prototipos para hacerles algunas modificaciones. Consistirán en reparar el decapado que se ha observado en los timones de profundidad, fabricados en plástico reforzado con fibra de carbono, y en reforzar los flaps.

Los dos prototipos del C919 han volado intermitentemente. El primero, que como decíamos salió de la factoría en en noviembre de 2015, realizó su vuelo inicial en mayo de 2017, pero luego no volvió a volar durante 19 semanas. Según COMAC debido a «trabajos normales de modificación».

El segundo voló por primera vez en diciembre de 2017, aunque en marzo de 2018, estaba siendo sometido a modificacones y estaba previsto que volviera a volar en abril, justo cuando el fabricante decidió acometer los cambios en los timones de profundidad y los flaps.

Aún así Comac dice que siguen contando con obtener la certificación de tipo, un paso imprescindible para su entrada en servicio, en 2020.

El problema es que si el C919 ya no era un avión comparable con las últimas generaciones de sus rivales sino con modelos anteriores estos retrasos juegan más en su contra, pues cuando llegue al mercado el desfase será aún mayor.

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Por @Wicho — 18 de Junio de 2018

La Administración Espacial Nacional China (CNSA) ha confirmado la llegada a su órbita de trabajo de Queqiao, el satélite que hará de relé de comunicaciones entre el control de la misión y el aterrizador y el rover de la misión Chang'e-4 a la cara oculta de la Luna.

Quequiao estará en una órbita de Lissajous alrededor del punto de Lagrange L2 del sistema Tierra–Luna, lo que le llevará a una distancia de entre 65.000 y 80.000 kilómetros de la superficie de nuestro satélite. El punto L2 se corresponde a una zona del espacio en la que la gravedad de la Tierra y la Luna «se anulan» entre ellas, con lo que es necesario muy poco combustible para mantener una órbita estable en él. Además, permite a Quequiao tener durante casi todo el tiempo línea de comunicación directa con la Tierra y la superficie del lado oculto de la Luna. Es la primera vez que colocamos un satélite en esa órbita para hacer de relé de comunicaciones, aunque la idea ya fue propuesta por Robert Farquhar, un especialista en diseño de misiones de la NASA, hace más de 40 años.

Ahora viene la fase de comprobar el funcionamiento de sus sistemas de comunicaciones, indispensables para que la misión Chang'e-4 pueda ser llevada a cabo con éxito. Su lanzamiento está previsto para noviembre o diciembre de 2018

A bordo de Queqiao va también el instrumento NCLE, de Netherlands Chinese Low-Frequency Explorer, diseñado en colaboración con los Países Bajos, aunque no se activará como poco hasta después del aterrizaje de Chang'e-4.

***

La CNSA también ha confirmado que el contacto con el microsatélite Longjiang-1, lanzado a a la vez que Quequiao junto con su gemelo Longjiang-2, se perdió poco después de que realizara la maniobra de inserción translunar que lo tenía que haber sacado de la órbita terrestre para ponerlo camino a la Luna.

Longjiang-2, sin embargo, está en órbita alrededor de la Luna y ya ha enviado alguna foto hecha con la cámara que lleva a bordo diseñada por en la Ciudad para la Ciencia y la Tecnología Rey Abdulaziz de Arabia Saudí.

La Luna y la Tierra vistas desde el Longjiang-2

El objetivo de los Longjiang era realizar observaciones astronómicas desde la Luna en longitudes de onda que la atmósfera terrestre absorbe; habrá que ver qué impacto tiene en la misión la pérdida de uno de los dos satélites.

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