Por @Alvy — 8 de Junio de 2026

Ingeniería de bolsillo: el bolígrafo que hace clic-clic y otros mecanismos cotidianos

Mechanical Pencil es una web en la que Bryan Macomber, un ingeniero mecánico y artista, enseña la ingeniería escondida en objetos cotidianos. La gracia está en que emplea mecanismos aparentemente simples, con ilustraciones estilo «cómo funcionan cosas» para –de momento– el bolígrafo Pilot G2 (1997), el mechero Zippo (1933); el portaminas mecánico Bic (1988) y el dispensador de caramelos Pez (1952).

El proyecto mezcla ingeniería y arte interactivo: cada producto está modelado en CAD, ofrece varias vistas para examinarlo mejor e incluso animaciones. Todo ello resulta en una experiencia web muy visual, en una web extremadamente simple y agradable.

La más reciente es la del mecanismo de doble clic del Pilot G2, el sistema que permite alternar entre dos estados pulsando un mismo botón: con la punta afuera o adentro. Algo que parece simple pero no lo es tanto. Es el mismo principio de los interruptores antiguos de la luz, algunos cierres de armarios o los lectores de tarjetas SIM: una sola pulsación cambia de estado y la siguiente lo devuelve al punto anterior.

Para entenderlo, la web se centra en tres piezas principales: el cuerpo del bolígrafo, el pulsador y la leva interna. Vistas en 3D y 2D, las piezas permiten seguir paso a paso cómo el boli convierte un gesto tan común como es apretar un botón en una especie de coreografía diminuta de plástico, tinta y muelles.

Relacionados:

Compartir en Flipboard Publicar en Bluesky
PUBLICIDAD


Por @Wicho — 8 de Junio de 2026

Cruce de cables: El software abandonado que sostiene el mundo / Imagen: GPT 5.5He podido probar un zoom Tamron SP 150-600mm F/5-6.3 Di VC USD G2 durante un par de días porque como tenía mi objetivo habitual en el taller para que le hicieran una limpieza y le revisaran la junta de la trócola alquilé uno para llevarme a un viaje que tenía.

Pude hacer las fotos que quería. Pero no me ha gustado nada la ergonomía del objetivo en lo que se refiere al manejo del anillo de zoom, lo que es un bastante chungo teniendo en cuenta que es lo que más vas a usar cuando hagas fotos con él.

Como su propio nombre indica –más o menos– se trata de un zoom de gama alta (SP, Super Performance) que va de los 150 a los 600 mm, con apertura máxima variable de f/5 en 150 mm a f/6.3 en 600 mm y mínima de f/32 y f/40 respectivamente; diseñado para cámaras full frame, aunque también es compatible con cámaras con sensor APS-C (Di, Digitally integrated); con estabilizador de imagen (VC, Vibration Compensation); con motor ultrasónico silencioso (Ultrasonic Silent Drive, USD); y de segunda generación (G2).

En mi caso utilicé el que tiene montura Canon EF pero lo hay también para monturas Nikon F y Sony A.

Para tener todos esos milímetros y esas aperturas físicamente es un pedazo de bicho, con una longitud de 260,2 mm en el caso de la versión con montura Canon; un tamaño de filtro de 95 mm; y un diámetro máximo de 108,4 mm cuando le pones el parasol, que de por sí mide otros 10,5 centímetros para un total de casi 38 centímetros. Y por si fuera poco al hacer zoom el objetivo crece hasta alcanzar unos ocho centímetros más cuando llega a los 600 mm. El peso es de dos kilos y diez gramos en la versión Canon, incluyendo el adaptador para trípode.

Las otras versiones son unos milímetros más cortas y unos gramos más ligeras. Pero no son diferencias significativas.

Mi objetivo habitual en esta gama es el Canon EF 100-400mm F4.5-5.6L IS USM, que «sólo» mide 18,9 centímetros en los 100 mm y 21,7 cm extendido hasta los 400 mm y que pesa nada más que 1.380 gramos. Pero la diferencia de longitud y de peso no me supusieron mayor problema a la hora de hacer fotos.

Un primer problema estuvo a la hora de guardarlo en la bolsa Lowepro ProTactic TLZ 75 AW II que utilizo habitualmente. Cabe a duras penas abriendo la extensión pero no hay manera de que entre el parasol aunque lo montes del revés en el objetivo, así que terminé llevándolo aparte. Pero esto sólo fue un problema porque el objetivo no es mío y la bolsa no está pensada para él.

El parasol viene incluido de serie, igual que una funda y el soporte para trípode.

Seguir leyendo: «He probado el Tamron SP 150-600mm F/5-6.3 Di VC USD G2 con montura Canon EF y no me ha gustado nada su anillo de zoom»

Compartir en Flipboard Publicar en Bluesky
PUBLICIDAD


Por @Wicho — 8 de Junio de 2026

Una bombilla encendida sobre un libro que emite ua luz azulada que proyecta fórmulasAyer estuve hablando con David Sierra de Cruce de cables (RNE) acerca de algunas precauciones básicas que hay que tomar cuando recibimos mensajes urgentes conminándonos a pinchar en un enlace para solucionar un problema que ni sabíamos que teníamos. Entre otras cosas porque ese mensaje es falso casi al 100 %.

Puedes escuchar aquí mi intervención:

Captura de pantalla del WhatsApp en cuestiónSe me ocurrió proponerle ese tema a David porque unos días antes de la emisión del programa recibí un WhatsApp que me conminaba a seguir un enlace para acabar de confirmar una reserva de hotel, y además a hacerlo en ocho horas so pena de que le dieran mi plaza a la siguiente persona en la lista de espera. No sé, como si fuera un concierto de Benito. Que iban a hacer un pequeño cargo en mi tarjeta de crédito para verificarla pero que no me preocupara, que era seguro y me lo devolverían al instante.

¡Ja!

Por supuesto ni se me pasó por la cabeza seguir el enlace, que tenía una pinta sospechosa. Pero tanto el nombre del hotel como las fechas de la reserva eran correctas. Igual que, evidentemente, lo era mi móvil.

Además, bastaba con echar un ojo al perfil de la empresa que me había enviado el WhatsApp para que ya saltaran todas las alarmas si no lo habían hecho antes porque se trata de una empresa de artes gráficas –o algo parecido– situada en la India.

Sí, cabe la sospecha de que mi cuenta de Booking hubiera sido comprometida de alguna forma. Pero es que mi hijo, que tiene una reserva en ese mismo hotel en esas mismas fechas, pero hecha desde su cuenta, recibió el mismo mensaje.

Así que no tiene pinta de que vayan por ahí los tiros. Por no hablar de que Booking está teniendo este tipo de problemas –y peores– desde hace años. Al menos desde el verano de 2023 si no antes.

Y que aquí viene el consejo básico siempre a tener en cuenta, que es el de no pinchar nunca en esos enlaces, y menos cuando le añaden ese plus de urgencia. A cambio lo que ha que hacer es entrar en la web o en la app del servicio en cuestión con nuestras credenciales, o incluso llamar por teléfono al servicio de atención al cliente, y ver si hay algo que nos tienen que contar. Que seguramente no.

Lo que pasa es que en el caso de Booking este consejo puede no funcionar porque a veces los amigos de lo ajeno consiguen enviar este tipo de mensajes ya no a través de WhatsApp sino a través del sistema de mensajería interno de la empresa.

De hecho a mí me pasó hará cosa de un año. En aquella ocasión me conminaban a actualizar los datos de pago de una reserva. Y ahí quizás habría podido caer de no haber leído hace algún tiempo acerca de este serio problema de seguridad en Booking. O de los hoteles con los que trabaja. O del sursuncorda. Y porque el pago sólo estaba ya cargado en mi tarjeta de crédito sino que además la empresa de mi tarjeta ya había sacado de mi cuenta el importe correspondiente.

Así que le escribí al hotel a ver de qué iba eso y su respuesta fue que ellos no me habían enviado ese mensaje. Mensaje que aparecía, insisto, en el hilo de mensajes que había intercambiado con ellos cuando hice la reserva.

La respuesta del personal del hotel en el que me voy a alojar a fin de mes cuando les avisé del asunto este del mensaje por WhatsApp fue que saben que eso estaba pasando y que lo están investigando y que el hotel nunca me pediría verificar los detalles de mi tarjeta de crédito ni me metería prisa ni nada.

Igual que Booking tampoco parece estar dándose mucha prisa en arreglar esto. Que ahora dicen que están aplicando IA para solucionarlo. El FSM nos pille confesados.

Así que me repito: nunca hay que seguir esos enlaces por muy convincente que parezca el mensaje. Y no sólo en el caso de Booking, ojo, que los amigos de lo ajeno son muy flexibles en cuanto a quien intentan suplantar. Siempre, siempre, hay que ir a la web en cuestión e identificarte con tu usuario y contraseña, con autenticación de dos factores siempre que sea posible, con el certificado digital, o cualquier otro método similar. Y entonces ver si tienen algo que decirte. O escribirles tú y preguntar. O llamarles.

Compartir en Flipboard Publicar en Bluesky
PUBLICIDAD


Por @Alvy — 7 de Junio de 2026


Además de vapor, carbón y tres millones de remaches, el RMS Titanic llevaba a bordo una instalación eléctrica bastante seria ya en 1912, hace ya más de un siglo. Hay que situarse: en aquella época la electricidad, por no hablar de la electrónica, eran todavía tecnología avanzada. En el estupendo canal En Clave de Retro, dedicado a la electrónica analógica, publicaron esta magnífica pieza que describe esa parte menos conocida de la maravilla flotante que acabó en tragedia.

Menos del 5% de la gente tenía electricidad entonces en sus hogares. Hacía tan solo un par de décadas habían comenzado a desplegarse masivamente las redes eléctricas en las grandes ciudades. Y la radio de Marconi, que ya podría considerarse un aparato electrónico, se había inventado tan solo 11 años antes. Algo así como hablar de la Internet de 1980, si se hace el paralelismo.

Cómo era la electricidad del Titanic

El barco podía generar de forma sostenida alrededor de 1 MW de potencia eléctrica gracias a 4 dinamos principales de 400 kW cada una, alimentadas por motores de vapor, que a su vez usaban toneladas y toneladas de carbón. Además contaba con 2 dinamos auxiliares, pensadas para el arranque, la estancia en puerto y casos de emergencia. Todo era «tamaño Titanic»: gigantesco.

Por comparar, 1 MW es una potencia comparable a la de un grupo electrógeno industrial moderno como el que puede haber en un hospital. No es tanto como una central eléctrica, pero sí lo suficiente para alimentar un edificio grande o miles de bombillas LED.

Todo funcionaba a 100 voltios en corriente continua, nada de los 230V de alterna de hoy en día. Esa electricidad servía para alimentar la radio, la iluminación, los ascensores, la calefacción, los ventiladores y un sistema de telefonía interno, además de más de un centenar de timbres eléctricos.

El arranque del generador era toda una aventura en sí mismo; un protocolo completo para ponerlo todo en marcha. El Titanic consumía unas 600 toneladas de carbón al día, y aprovechar cada kilo de vapor era vital. Los generadores principales estaban conectados mediante cables enormes, de unos 6 cm de diámetro, capaces de mover corrientes de unos 600 amperios. Otros cables de distribución, de unos 2 cm de diámetro llevaban la corriente por el barco.

Las comunicaciones

La radio Marconi, cuya antena y transmisor ayudaron a salvar a más de 700 personas al avisar a los barcos más cercanos tras el accidente, tenía unos 5 kW de potencia y funcionaba con un «generador de chispas», no con electrónica moderna. Convertía los 100V de corriente continua en una señal de 420 Hz. Generaba chispas unas 840 veces por segundo y producía oscilaciones de radio en torno a 500 kHz, la frecuencia marítima habitual de la época. Además tenía dos válvulas de vacío, no en el receptor principal, sino en el de emergencia. Era de la poca electrónica oculta en un monstruo de acero.

Otros datos eléctricos curiosos

  • 4 dinamos de 400 kW. Las movían motores de vapor de casi 600 caballos de potencia.
  • 10.000 bombillas incandescentes. Estaban repartidas por todo el barco, con potencias equivalentes a lo que serían las tradicionales de entre 60 y 100 W (8-15W en LED).
  • 4 ascensores eléctricos. Había tres en primera clase y uno en segunda, controlados manualmente por ascensoristas.
  • Más de 520 radiadores eléctricos. El sistema de calefacción; casi todos en primera clase, muchos de 1 kW (la potencia de un horno).
  • 50 líneas telefónicas. El barco contaba con una centralita interna, algo bastante llamativo para la década de 1910.
  • Más de 100 timbres eléctricos. Se usaban para llamar a otras partes del barco, al servicio de habitaciones, etcétera. Estaban conectados al circuito de iluminación, y tenían una batería de respaldo.

El Titanic era sin duda un coloso para su época y uno de los barcos tecnológicamente más avanzados, con todo tipo de innovaciones. Pese a su aciago final, demostró que la radio de Marconi resultaba práctica (usó la nueva señal internacional SOS para pedir socorro, alternando con CQD, la vieja de Marconi, salvando muchas vidas) y sirvió como ejemplo para posteriores embarcaciones del mismo estilo. Gran labor la de En Clave de Retro difundiendo vídeos como este. En su canal hay muchos más, a cual más «retro».

Relacionados:

Compartir en Flipboard Publicar en Bluesky
PUBLICIDAD