Por @Wicho — 25 de Julio de 2017

¡Catorce!El catorce es un número compuesto, defectivo, el primer número par que no es una solución para la función φ de Euler y también es un número de Catalan (sin tilde, sí), entre otras cosas.

También es el número de caras de un cuboctaedro, de un cubo truncado y de un octaedro truncado.

Igual que es el número atómico del silicio, tan importante en esta casa.

Y por lo visto también el número máximo de palos que puede llevar en su bolsa un jugador de golf.

Por no hablar de los 14 aciertos de la quiniela, la ilusión máxima de muchos españoles cuando La Quiniela era el juego de azar por excelencia en España.

Pero también son catorce los años que cumple hoy este blog en su forma actual, con Alvy, Nacho y yo como autores, aunque si buceas en los archivos verás que hay contenidos anteriores, de la época de cuando ellos dos tenían sus propios blogs.

Microsiervos en diciembre de 2003
Microsiervos en diciembre de 2003

Lo empezamos porque nos pareció que podía ser divertido, aunque nunca imaginamos la cantidad de cosas alucinantes que nos iban a pasar gracias al blog. Cosas tipo ver en directo el último lanzamiento de un transbordador espacial, hacer un vuelo en caída libre, o uno acrobático… y eso por la parte que me toca, que Alvy y Nacho también han tenido sus momentazos.

A estas alturas en Microsiervos hay unas 40.000 anotaciones de casi cualquier cosa que se nos ha pasado por la cabeza en todo este tiempo, por mucho que se suponga que este es un blog de ciencia y tecnología, además de incontables colaboraciones en otros blogs y medios «de toda la vida».

Tenemos más de un millón de seguidores en Twitter, casi 32.000 en Facebook, y vamos camino de los 2.000 en nuestro canal de Telegram

Y sois todos vosotros los responsables en gran medida de que sigamos dando la lata día a día. No sé si aguantaremos otros catorce años, pero estamos dispuestos a intentarlo.

¡Muchas gracias!

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por Nacho Palou — 24 de Julio de 2017

Nathan Seidle construyó este robot abrecajas cuando su mujer le regaló una caja fuerte con cerradura de disco que estaba cerrada, “ella sabe que me encantan los desafíos, loz puzzles, las cerraduras y la robótica.”

Como Nathan no tenía los tres número de la combinación para abrirla construyó un dispositivo para dar con la combinación correcta entre un millón de combinaciones posibles. Para construir y programar el robot Nathan tuvo en cuenta una debilidad en la cerradura de la caja: el recorrido de la palanca varía su recorrido en una milésimas conforme se van seleccionando los números correctos.

Esto tiene que ver con la manera en que funciona la cerradura, diseñada para difucultar su apertura por el método de “ir probando” combinaciones. Pero el resultado de ese diseño es “uno de esos casos en los que al tratar de hacer que la caja sea más segura se consigue que la caja se vuelve más insegura”, explica. Eso sí, Nathan pudo dar con la vulnerabilidad porque disponía de una caja fuerte igual que le permitió explorar el mecanismo “desde dentro”.

Como sea, usando su mecanismo abrecajas Nathan tardó apenas 15 minutos es dar con la combinación de tres número que la abre limpiamente.

Relacionado,

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por Nacho Palou — 24 de Julio de 2017

Bikeedgecasepredictions1

En MIT Technology Review, This Image Is Why Self-Driving Cars Come Loaded with Many Types of Sensors,

Los fabricantes de coches a menudo enumeran con orgullo la larga lista de sensores que incorporan sus coches autónomos: cámaras, ultrasonidos, radar, lidar,... Pero si te preguntas para qué son necesarios tantos sensores esta imagen es una buena respuesta.

La imagen muestra lo que en la industria de los coches autónomos se conoce como un “caso extremo”, una situación en la que un vehículo se podría comportar de forma inesperada porque el software se encuentra ante un escenario inusual. En este ejemplo el sistema de reconocimiento de imagen mediante cámara se ve engañado por imágenes de ciclistas en el vinilo de una furgoneta.

En este caso concreto esa combinación de sensores permitiría al coche autónomo determinar qué tiene delante sin volverse loco. Se trata de que el conjunto de tecnologías proporcione redundancia al sistema, que el conjunto de varios sensores cubra las flaquezas que tiene cada uno de ellos individualmente.

Por ejemplo, el radar láser tridimensional lidar no puede lidiar con elementos transparentes como el vidrio, pero en cambio proporciona una imagen tridimensional del entorno que es más precisa de lo que consiguen el radar o los ultrasonidos, también por la noche. Pero lidar “ve” en blanco y negro así que tampoco puede reconocer si un semáforo está en rojo o en verde, cosa que la cámara sí puede ver incluso por la noche.

En esta situación en la que la cámara cree estar viendo una furgoneta y tres ciclistas delante, el radar o el lidar o los ultrasonidos no detectan movimiento individual e incluso los sensores de infrarrojos (que de haberlos —no todos los coches autónomos los llevan— detectarían la huella térmica de las personas en bicicleta) tampoco confirmarían la presencia de los ciclistas; sí en cambio confirmarían que hay una furgoneta. Con este informe de mayoría el coche autónomo determina qué tiene (y qué no tiene) delante realmente y por tanto no hará cosas extrañas cuando se encuentre ante una situación así.

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por Nacho Palou — 24 de Julio de 2017

Estos no son los niños que buscas.

Con una velocidad máxima de 8 km/h este Landspeeder de Radio Flyer para niños de 4 o más años, asientos para dos zagales, panel de control interactivo con luces y sonidos, “ofrece una experiencia de conducción galáctica”. Aunque por 500 dólares casi debería deslizarse por el aire de verdad.

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear