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Por @Alvy — 27 de Octubre de 2026

La Wikipedia Local es una especie de guía de la sabiduría local sobre sitios interesantes a los que ir a pie

Local Wikipedia es, en palabras de su autor, «Wikipedia, pero sólo para las cosas que están a media hora caminando de ti». Y ciertamente es así: eliges un sitio, bien dándole permiso a la aplicación para ubicarte, bien tecleando una dirección y el resultado es un mapa con los «Artículos destacados» de la zona, en un radio de 2,4 km. Digamos que llega al doble de distancia que el concepto ciudad de los 15 minutos y a exactamente cuatro veces más superficie.

El primer filtro es la distancia, pero luego está el criterio de la popularidad de cada lugar, edificio o instalación pública, porque lo que no es suficientemente popular no aparece en la Wikipedia. Así que alrededor de la Carrer de la Marina, 42 de Barcelona, por ejemplo, hay 500 sitios distintos: aparecen como los más cercanos el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales, un parque, la estación del tranvía, el zoológico de Barcelona o la Villa Olímpica del Poblenou. Pero no aparecen calles, iglesias o edificios que nadie consideró importantes en su día y por tanto no tienen artículo.

Es curioso que además esta web mantenga una copia completa de las wikipedias en nueve idiomas, lo cual son unos cuantos GB, de modo que no depende de la Wikipedia oficial. Supongo que sincronizan los artículos periódicamente para añadir aquellos que sean nuevos, pero no he encontrado información al respecto.

Entre las opciones, además del cambio de idioma y de kilómetros/millas tiene también un Descargar como libro, que permite importar el contenido en formato EPUB o PDF, y un índice alfabético, además de mi favorita, la página aleatoria, equivalente a nuestro ¡Salta!.

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Por @Alvy — 27 de Octubre de 2026

TitleArt: vuelve el WordArt de los 90, cuando el «buen gusto» parecía un error de Windows

Hubo una época en la que cualquier documento de Word podía convertirse en un atentado contra las más básicas normas de diseño tipográfico con un par de clics. Eran los maravillosos años 90, cuando una herramienta llamada WordArt incluida en Microsoft Office permitía a cualquiera distorsionar las letras, aplicar degradados radioactivos y añadir sombras tridimensionales con la sutileza de un ladrillazo en la cara. Aquella utilidad alcanzó su máximo en el dial de horterez en los años 90 y, contra todo pronóstico y pese a los ruegos de los diseñadores gráficos, sigue existiendo en 2026.

Pero lo mejor es que David Barker ha recuperado la aberración estética original de 1997 llamándola TitleArt. Funciona directamente en el navegador y su creador ha reconstruido los estilos originales a partir de capturas de pantalla. Tal vez porque, puestos a recuperar traumas infantiles, mejor hacerlo con precisión histórica.

TitleArt incluye letras curvadas, perspectivas imposibles, degradados chillones, sombras y efectos 3-D capaces de provocar desprendimientos de retina y convulsiones. Se pueden combinar textos, imágenes, formas y adornos para crear desde una felicitación de cumpleaños (que seguramente era la intención inicial) hasta presentaciones corporativa (que no lo era) lo cual debería constituir causa de despido procedente.

Comic Saaaaaans!Naturalmente, también incluye las tipografías de la época, desde la obligatoria Times Roman y la memética Impact a la Comic Sans, que era considerada una (¡ejem!) «opción de diseño». Recordemos que para usarlo correctamente los títulos necesitaban diecisiete efectos simultáneos y que el concepto «espacio en blanco» se consideraba un desperdicio de recursos. Solo le faltaría el fondo de mármol, los GIF animados de llamas, un MIDI de fondo y ya podríamos agonizar tranquilos bajo tanta creatividad.

Está claro que el buen gusto murió en 1997. Pero ahora podemos volver a profanar su tumba, y gratis.

Vade retro, Comic Sans!

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Por @Alvy — 27 de Octubre de 2026

Un ordenador de cartón de 1969: sin chips, sin electricidad y con programas de papel

En 1969, mientras el ser humano llegaba a la Luna y Arpanet estaba en pañales, Alexander Stüler publicaba un librito titulado Wir bauen einen Computer (Construyamos un ordenador), que incluía instrucciones para fabricar una «máquina pensante» utilizando únicamente cartón, papel, tijeras y pegamento. No hacía gran cosa y tenía más truco que el almendruco, pero parece que le encantó a los niños de la época. [La traducción automática de Google es legible, para quienes no sepan alemán.]

La descripción de aquella máquina está en el blog del Museo Heinz Nixdorf, donde explican esta curiosidad de la historia de la informática. El libro, publicado por Aulis Verlag, tenía 92 páginas, tamaño postal y permitía construir un ordenador de 30 × 17 cm con un pequeño panel de cinco centímetros de altura. Fue uno de los precursores de los ordenadores de cartón modernos… si aceptamos cartón como tecnología de compañía.

Más simple que un cubo (…de cartón)

El invento, bautizado retrospectivamente como Pappcomputer (ordenador de cartón), funcionaba mediante láminas de cartón deslizantes. Tenía una especie de «memoria» con seis posiciones (no se podía hablar ni de bytes), dos selectores con dos posiciones cada uno y unas ventanitas a modo de displays o «pantallas» que mostraban los resultados. Un poco de imaginación había que echarle al asunto, eso sí.

Su funcionamiento era muy rudimentario: se colocaban dos tiras de entrada y salida con las opciones correspondientes. Por ejemplo, para predecir el tiempo se seleccionaba verano o invierno, si la presión atmosférica subía o bajaba y si la temperatura aumentaba o descendía. ¡Tachán! El resultado aparecía instantáneamente, bueno, malo o variable. No es que aquello «calculara» mucho… El truco era que no calculaba realmente nada: las respuestas estaban precodificadas en las plantillas, como es obvio. Era como una especie de tabla de consulta mecánica, con un número relativamente limitado de opciones, que no necesitaba procesador, electricidad ni necesidad de instalar actualizaciones.

La idea era heredera de otro dispositivo clave de la informática: la máquina de Turing de 1936, que podía simularse hasta con lápiz y papel. Pero para entender algunos conceptos y entretenerse un rato montándolo y cambiando fichas tenía su pase, especialmente entre los más jóvenes.

De este estilo en 1968 aparecieron más adelante el CARDIAC estadounidense, también de cartón, y el LOGIKUS alemán, en plástico. Stüler desarrolló más de 50 páginas de programas para su peculiar invento de cartón e incluso añadió una cuarta plantilla para ampliar sus posibilidades. En 1972 publicó una continuación del libro, titulada Eine kluge Box (Una caja inteligente).

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