Por Nacho Palou — 20 de Febrero de 2018

El Aspark Owl es un superdeportivo eléctrico japonés que, con una potencia de 430 CV y 950 kilos de peso, pasa de estar parado a circular a 100 km/h en algo menos de dos segundos; en 1,921 segundos, en concreto (aunque la cifra “formal” son dos segundos.)

No parece el coche más cómodo del mundo (al fin y al cabo es un superdeportivo de aspecto bastante radical) y no se produce en serie: según Jalopnik habrá una producción limitada a 50 coches a 4,4 millones de dólares la unidad.

Según Aspark es Owl hace uso de ultracondensadores y no de baterías convencionales para proporcionar corriente a dos motores eléctricos, y está enteramente construido con fibra de carbono.

Sin duda el el Aspark Owl es un coche que corre que se las pela, aunque el vídeo (a partir del minuto 1:05) tampoco se recrea mucho en este aspecto. Está por ver si la diferencia de precio, versatilidad y prestaciones pueden justificar su existencia en comparación con otros deportivos eléctricos.

El récord de aceleración de momento lo mantiene el coche eléctrico de competición desarrolado por estudiantes de AMZ Racing: de 0 a 100 km/h en 1,513 segundos.

Vía Gizmodo.

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Por @Wicho — 20 de Febrero de 2018

Hace unos días Joe Acaba tuiteaba que él y Mark Vande Hei acababan de preparar a Robonaut para su vuelta a tierra para ser reparado y puesto a punto. En Robonaut Has Been Broken for Years, and Now NASA Is Bringing It Home está la explicación.

Básicamente el problema es que cuando Robonaut fue enviado a la Estación Espacial Internacional en 2011 era sólo un torso con brazos y cabeza diseñado para manipular los mismos controles que un ser humano. La idea era que pudiera liberar de tareas a los tripulantes de la EEI, primero por control remoto desde tierra y en un futuro de forma autónoma o semi autónoma.

Robonaut a lo suyo

Pero con el tiempo la NASA decidió añadirle unas piernas –más bien un segundo par de brazos al estilo de los cuadrúmanos de En caída libre– que le dieran más movilidad. Y esas piernas no eran precisamente plug-and-play.

Operando a Robonaut

De hecho la operación, que los técnicos tardaron 14 horas en hacer en la Tierra, le llevo a los astronautas de la EEI unas 40 aún cuando se suponía que les iba a llevar 20. Empezaron el 16 de julio de 2014 y terminaron el 28 de agosto y en cuanto estuvo terminada Robonaut nunca volvió a funcionar correctamente. Además fallaba de forma aleatoria, lo que complicaba enormemente el diagnóstico, con el problema añadido de que en la EEI no había todo el instrumental necesario para diagnosticarlo y que la telemetría fue una de las primeras cosas en fallar. También ayudada que el Robonaut que está en la Estación es un modelo R2-B, mientras que los robots que hay en tierra son modelos R2-C.

Años de pruebas y nuevas intervenciones para intentar arreglarlo permitieron finalmente descubrir que faltaba una toma de tierra en el chasis en el que están montados los ordenadores de Robonaut, con lo que en todo el tiempo que ha estado encendido desde que le añadieron las patas la electricidad ha pasado por donde no debía, estropeando o degradando distintos componentes en el proceso.

Así que ahora volverá a tierra en una Dragon para ser reparado o quizás sustituido por uno de los R2-C y luego ser devuelto a la EEI en otra cápsula de carga, aunque habrá que ver cuando porque Robonaut ocupa lo suyo, y más si lo envían con las piernas ya montadas. Aunque de tener que enviarlo por partes la operación de ensamblado, según los responsables del programa, será mucho más sencilla que en la primera ocasión.

No está muy activa, que digamos, pero Robonaut tiene cuenta en Twitter, @AstroRobonaut.

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Por @Wicho — 20 de Febrero de 2018

No en LaCoru

La semana pasada supimos que Josep Pàmies pretendía impartir sendas charlas en A Coruña y Vigo. La primera en uno de los salones de actos del hotel Attica21 y la segunda en el salón de actos del Colegio Hogar. En cuanto tuvimos noticia de esto muchos nos movilizamos para intentar que esas charlas no tuvieran lugar.

En el caso del colegio no nos cabe duda de que la pseudociencia no tiene cabida en lugares públicos y que el que se celebre un acto como ese en un colegio no hace sino darle una pátina de autoridad por asociación que no debería tener. En el caso del hotel apelábamos a la responsabilidad social de la empresa propietaria, pues entendemos que aunque el objetivo de la empresa es ganar dinero esto no debería ser a cualquier costa.

En el caso del hotel no las teníamos todas con nosotros, ya que el año pasado ese mismo hotel sirvió de sede para charla de Pàmies después de que tanto el ayuntamiento como la universidad de A Coruña retiraran el permiso para que diera sendas charlas en dos de sus locales.

Pero afortunadamente los dos espacios anunciaron en pocas horas que no se celebrarían las conferencias ni en A Coruña ni en Vigo, aunque no nos cabe duda de que Pàmies y sus seguidores intentarán buscar otros sitios en las que celebrarlas.

Sí, es cierto que Pàmies, gracias a que vivimos en un país en el que hay libertad de expresión, puede decir lo que le plazca. Así que puede decir, como de hecho hace, que la vacuna de la varicela «va a provocar un incremento terrible de autismo porque está producida con células embrionarias de fetos abortadas.» Puede decir, como de hecho hace, que «La difteria es una bacteria tan sensible al dióxido de cloro como el virus del ébola. ¿Por qué no dar alternativas sencillas y tranquilizar a la Sociedad? ¿Por qué las mismas autoridades sanitarias callan como miserables delante del hecho gravísimo de los efectos secundarios de medicamentos y vacunas, que son ya la tercera causa de muerte en Europa (240.000 muertos al año)?» El dióxido de cloro, por cierto, es un desinfectante industrial cuyo uso farmacológico ha sido prohibido por el Ministerio de Sanidad. Puede decir, como de hecho hace, que «Nadie ha demostrado jamás que el VIH sea la causa del SIDA, ni que el virus se transmite por la vía sexual. Es más, ni siquiera se ha demostrado que el VIH existe.» Y así podría seguir un buen rato.

Pero el problema es que su libertad de expresión termina, al menos en mi opinión, en cuanto sus recomendaciones llevan a cualquiera a abandonar tratamientos médicos por soluciones milagrosas que este señor, curiosamente, vende, por no hablar de cuando recomienda dar a bebés pequeñas dosis de marihuana y cosas así.

Por eso decimos siempre que a personas como estas hay que achicarles espacios, que no hay que cejar en el empeño de intentar impedirles que difundan sus nefandos mensajes aún cuando las autoridades hacen menos de lo que deberían por impedírselo.

Por eso, el día que supimos que las dos charlas en Galicia estaban, en principio, canceladas, pudimos decir aquello de que Galicia 2 – Pàmies 0 y sonreír al hacerlo.

En la Carta abierta a la dirección del Hotel ATTICA 21 en A Coruña que escribió Manuel Herrador hay más información sobre lo que dice y hace Josep Pàmies. Puede servir como base para dirigirse a instituciones y empresas que vayan a alojar charlas suyas para hacerles ver quién es este individuo –a menudo los espacios no los reserva él directamente– y pedirles que reconsideren el asunto.

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Por @Wicho — 19 de Febrero de 2018

Las seis finalistas

Le tenía un tanto perdida la pista al proyecto Die astronautin, que tiene como objetivo enviar a una astronauta alemana a la Estación Espacial Internacional en 2020. Pero me he acordado de él con el anuncio de que han escogido como nueva candidata a Suzanna Randall, una astrónoma del Observatorio Europeo Austral.

Suzanna Randall ocupa la plaza que ha dejado Nicola Baumann, una piloto de caza que ha decidido abandonar el proyecto. Le toca competir con Insa Thiele-Eich, que fue escogida en abril de 2017 junto con Baumann, por el puesto de la primera mujer alemana en salir al espacio.

Insa Thiele-Eich es la que lleva gafas en la foto de arriba; a su izquierda está Suzanna Randall y a la izquierda de Randall está Nicola Baumann.

El problema, como dije en su momento, es que mandar a alguien al espacio es muy caro. Una plaza como turista espacial en una Soyuz –la única nave tripulada que hpy por hoy va a la EEI– cuesta unos 30 millones de dólares; quizás para 2020 ya estén en servicio la Dravon v2 de SpaceX y la Starliner de Boeing, pero comprar una plaza en ellas no va a ser mucho más barato.

En cualquier caso es una buena razón para volver a sacar a la luz la escasa presencia de mujeres en el espacio.

La iniciativa está en Twitter como @DieAstronautin.

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