Por @Wicho — 23 de Junio de 2017

El CE-SAT 1 abierto

Canon –sí, Canon, la empresa fundamentalmente conocida por sus productos fotográficos– acaba de poner su primer satélite artificial en órbita.

Diseñado por el Laboratorio de tecnología Espacial de la empresa el CE-SAT 1 es un pequeño satélite de 50×50×70 centímetros que lleva en su interior un sensor ligeramente modificado de una Canon EOS 5D Mk. III acoplado a un telescopio Cassegrain de 40 centímetros.

Con una resolución de 5.760×3.840 pixeles da una resolución de un metro en las imágenes que cubren 6×4 kilómetros que obtendrá desde su órbita de 600 kilómetros de altitud.

La idea de Canon, ya anunciada en 2014, es entrar en el mercado de los satélites pequeños con capacidad de obtener imágenes en alta resolución utilizando su experiencia en cámaras.

Para no tener que hacer todo el diseño partiendo desde cero Canon ha utilizado como base de su satélite el Hodoyoshi 1 de la Universidad de AxelSpace.

Una curiosidad del CE-SAT 1 es que lleva a bordo unas bobinas magnéticas que se utilizarán al final de la misión para hacer que el satélite vaya perdiendo altura y se desintegre en la atmósfera. Esto es posible gracias a que el campo generado por las bobinas interactúa con el campo magnético terrestre y eso genera un efecto de frenado.

El CE-SAT 1 es uno de los 30 satélites que viajaban como carga secundaria en el cohete PSLV de la India que puso en órbita el CartoSat-2E, que era la carga principal de la misión.

Queda lejos del récord de 104 satélites establecido en febrero de 2017, pero sigue siendo una muy buena optimización de un lanzamiento.

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Por @Alvy — 23 de Junio de 2017

Demostrando una vez más que no hacen falta espectaculares efectos especiales ni grandes presupuestos, este cortometraje de Ashley Cooper es básicamente un ejercicio de actuación entre los dos protagonistas, especialmente Eric Johnson («el viajero») sobre una historia de viajes en el tiempo.

La historia permite «darle una vuelta» a la siempre curiosa situación de cómo un viajero del tiempo demuestra a alguien que en efecto es un viajero del tiempo, y no un farsante. Todo depende de cómo se explique el futuro – con toques en poco a lo Matrix y un poco a lo Blade Runner, me atrevería a decir.

Como suele suceder el método del viaje queda como un «misterio» sin resolver y surge la duda de las verdaderas razones por las que ha llegado a donde ha llegado, porque no todo es lo que parece.

Va directa a la lista de cortometrajes sobre viajes en el tiempo que vengo recopilando desde hace tiempo:

Interview with the Time Traveler es también un buen ejemplo de película producida mediante financiación colectiva en Kickstarter; recaudó unos 3.000 euros, más que suficiente para cubrir los costes de un rodaje sencillo.

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Por @Wicho — 22 de Junio de 2017

No había oído hablar nunca del Sea Dragon, probablemente el cohete más tocho jamás diseñado, aunque nunca construido, con una altura de 165 metros y un diámetro de 23 frente a los 111 y 10 respectivamente de un Saturno V.

El Sea Dragon fue proyectado en 1962 por Robert Truax, de Aerojet, con la idea de que fuera capaz de poner ni más ni menos que 550 toneladas de carga en órbita baja terrestre. Por comparación el Saturno V «sólo» tenía una capacidad de carga de poner 118 toneladas en esa misma órbita.

Sea Dragon y Saturno V a la misma escala
Sea Dragon y Saturno V a la misma escala

El poderío del único motor de su primera etapa era tal que se calculaba que la columna de llamas de escape podía llegar a medir más de un kilómetro y medio y que su potencia sería capaz de destruir cualquier plataforma de lanzamiento.

Por eso estaba diseñado para ser lanzado desde el mar. Desde el mar, no desde una plataforma en el mar: una vez llenos los depósitos de keroseno en tierra se echaría el cohete al mar para llevarlo al punto de lanzamiento. Una vez en el punto de lanzamiento, y una vez llenos los depósitos de hidrógeno y oxígeno líquidos, se inundarían unos tanques de balasto para hacerlo ponerse vertical y así encender el motor debajo del agua. Esto atenuaría el sonido y evitaría destrozos en la plataforma de lanzamiento; otra cosa sería lo que le pasara a la fauna marina de la zona, claro.

Lamentablemente el proyecto nunca fue más allá de la mesa de diseño porque en realidad no había necesidad de hacer lanzamientos tan masivos.

Relacionado,

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Por @Wicho — 22 de Junio de 2017

Tal y como era de prever la Agencia Espacial Europea ha seleccionado la misión LISA como L3, la tercera misión de la clase L de su programa de investigación Visión Cósmica. Las misiones L son las más grandes y ambiciosas de este programa.

L1 es Juice, una misión para estudiar las lunas heladas de Júpiter, cuyo diseño preliminar acaba de ser cerrado, con lo que ya se puede empezar a trabajar en el prototipo, con la idea de lanzar la sonda en 2022.

L2 es Athena, un telescopio para la astrofísica de altas energías, cuyo lanzamiento está previsto para 2028.

LISA, de Laser Interferometer Space Antenna, o Antena Interferómetro Láser Espacial, tiene como objetivo detectar ondas gravitacionales extremadamente débiles.

Predichas por Einstein en su teoría de la relatividad general las ondas gravitacionales son producto de algunos de los sucesos más energéticos del universo, como la colisión de dos agujeros negros o de dos estrellas de neutrones. Son sucesos tan violentos, que generan tanta energía, que hacen temblar la estructura misma del universo.

Sabemos que existen gracias a que el instrumento LIGO las detectó por primera vez en septiembre de 2015 y luego el 16 de diciembre de ese mismo año y el 4 de enero de 2017.

Simplificando las cosas, LIGO funciona disparando un láser que es dividido en dos a la entrada de dos tubos de 4 kilómetros cada uno construidos con 90 grados de separación entre ellos –como una L con los dos brazos iguales– y midiendo el tiempo que el láser tarda en volver.

Según la predicciones de Einstein las ondas gravitacionales son capaces de estirar el espacio–tiempo, con lo que al atravesar los dos brazos de LIGO uno cambiaría de tamaño respecto al otro –están construidos a 90º para maximizar la diferencia del efecto de una eventual onda gravitatoria sobre ellos– y el experimento detectar ese mínimo cambio de tamaño.

Pues bien, LISA quiere llevar eso un pelín más lejos usando brazos de 2,5 millones de kilómetros cada uno, aunque en el vídeo de arriba habla de 5 millones. Esto hará que LISA sea mucho más sensible que LIGO. Pero para hacer unos brazos de ese tamaño es necesario irse al espacio, aparte de que en el espacio es más fácil aislar el experimento de influencias externas como un camión o un tren que pasen cerca y provoquen vibraciones que distorsionen las mediciones.

Así que LISA constará de tres satélites situados en los vértices de un triángulo de esos 2,5 millones de kilómetros de lado. Dentro de cada uno de ellos habrá una masa en caída libre, completamente aislada de influencias externas, cuya distancia respecto a las otras se medirá mediante láser.

La idea es que cuando las ondas gravitacionales pasen por cada uno de los satélites harán moverse las masas de medición, lo que permitirá detectar el paso de las ondas.

Esto suena tan complicado como lo es, y lo de hacer las cosas con precisiñon milimétrica se queda muy, muy corto. Pero precisamente por eso la Agencia Espacial Europea lanzó el 3 de diciembre de 2015 la misión bautizada como LISA Pathfinder, que tenía como objetivo comprobar que disponemos de la tecnología necesaria desarrollar la misión LISA. Y LISA Pathfider, cuya misión terminará a finales de junio de 2017, ha sido todo un éxito.

Así que la ESA ha decidido seguir adelante con LISA, que a partir de ahora pasa a la fase de diseño detallado, lo que a su vez permitirá ir haciendo una estimación de los costes. Con el diseño y los costes ya preparados la misión será «adoptada» por la agencia, el paso previo a que pueda comenzar su construcción.

Eso sí, el lanzamiento está previsto para 2034, así que toca armarse de paciencia.

LISA está en Twitter como @LISACommunity.

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