Por Nacho Palou — 25 de Abril de 2017

Chinchetas sistema solar 2

Añade un poco del espacio exterior a tu espacio de trabajo con estas chinchetas que representan los ocho planetas del Sistema Solar diseñadas por Duncan Shotton.

Los modelos están fabricados en el Reino Unido y pintados a mano en Japón, donde se embalan, se numeran y empaquetan y se envían a donde sea. Así que cuando lleguen a tus manos estos planetas también habrán dado unas cuantas vueltas por ahí.

Chinchetas sistema solar 3

También hay una versión en cemento de la Luna, también hecha a mano en Taiwán con algunos cráteres y la bandera, a pesar de que esa bandera hoy no es tan colorida.

Chinchetas sistema solar 1

La primeras unidades de una serie limitada se pueden adquirir como recompensa por contribuir al proyecto en Kickstarter

Vía Colossal.

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Por Nacho Palou — 25 de Abril de 2017

Altavoces de cemento 1

Este altavoz inalámbrico pesa 16 kg. Aunque no es pequeño (mide 40 x 50 x 25 cm) es notablemente más pesado que un altavoz de tamaño similar porque está fabricado con un compuesto de cemento desarrollado específicamente para este modelo de Master & Dinamic.

Can Concrete Make a Better Wireless Speaker? El hormigón aumenta el aislamiento acústico y reduce la resonancia creando un sonido más puro y también minimizando la vibración adyacente (si, por ejemplo, el altavoz se coloca junto a un plato giratorio). Las propiedades aislantes del cemento son, según de Master & Dynamic, cinco veces mejores que la madera y diez veces mejores que las del plástico.

Altavoces de cemento 2

El altavoz es competible con Chromecast y tiene conexiones de audio directa y óptica y conectividad wifi y Bluetooth. Los woofers de 10 cm están tejidos con kevlar y los tweeters hechos con titanio. La rejilla de acero frontal se mantiene sujeta con imanes, lo que facilita el acceso a los componentes internos y también apreciar el acabado a mano del cemento. El precio de 1800 dólares no es exagerado habida cuenta de lo que pueden costar unos buenos altavoces.

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Por @Alvy — 25 de Abril de 2017

El reloj de la Guerra Fría

Este reloj denominado Cold War Clock hace honor a su nombre al haber sido fabricado en la era moderna pero únicamente con componentes y tecnologías anteriores a 1959.

El corazón del reloj son unos tubos Dekatron como los que se usaban en las calculadoras y ordenadores de la época, y que básicamente se usaban para contar: cada vuelta del indicador de neón suponía diez pulsos y era una señal que podía usarse para controlar otros componentes electrónicos (la frecuencia típica era de varios kHz pero los había hastas de 100 kHz y 1 MHz).

La parte «bonita» de la caja son los tubos nixie, tan característicos y llamativos, con sus diez dígitos luminosos. Su creador consiguió encontrar unos tubos nixies soviéticos en buen estado y en la caja acabaron.

La página de fotografías de este peculiar reloj de la Guerra Fría muestra lo intrincado de su electrónica y cómo se accede a cada uno de los componentes. Una auténtica labor de relojero – «electrónico» en este caso.

En Hack A day, que es donde lo vi gracias a un enlace que me pasó David Ibáñez, dicen que construirlo cuesta no es precisamente barato: unos 1.600 dólares actuales. Digo actuales porque en su día (1959) los componentes venían a costar unos 2.100 dólares, que teniendo en cuenta la inflación serían más de 17.000 dólares de hoy en día

Aquí puede verse en acción:

Reconozcámoslo: da gustirriín revivir la era de la electrónica de tubos: el reloj no tiene ni un «componente de estado sólido» moderno, y eso es precisamente parte de la gracia. En el vídeo se puede ver cómo se ajusta manualmente la hora y cómo se podía programar incluso una alarma. ¡Hasta tenía sonido!

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Por Nacho Palou — 25 de Abril de 2017

Satellite break up node full image 2

La Agencia Espacial Europea alerta de que las basura espacial se nos ha ido de las manos, más o menos igual que nos sucede con la basura convencional. Producimos demasiada y hacemos poco o nada por resolver el asunto.

«La basura espacial ya supone un riesgo para las sociedades modernas. Es una amenaza para los satélites que forman parte de infraestructuras de telecomunicaciones, meteorología, navegación, radiodifusión y misiones de observación climática que proporcionan multitud de servicio críticos y beneficios cotidianos a los ciudadanos y las economías», aseguró la ESA en la 7ª Conferencia europea sobre basura espacial celebrada hace unos días en Alemania y en la que participaron más de 350 organismos entre agencias espaciales, empresas y universidades.

Para tratar de dar solución o mitigar al menos el problema la ESA quiere que se tomen medidas y se realicen cambios en el planteamiento actual de las misiones espaciales, en especial a la hora de considerar qué hacer con los objetos desechables llegado el momento, más allá de simplemente dejarlo aparcado en una órbita.

Según Holger Krag, jefe de la Oficina de la ESA para la Basura Espacial, “es esencial contener el crecimiento de la basura espacial para conservar el espacio para generaciones futuras”.

Desde 1961 se han contabilizado más de 290 roturas de vehículos en órbita. La mayoría fueron explosiones de satélites y de fases superiores de lanzadores, pero menos de una decena fueron causados de forma accidental o sin intención. El resto de desintegraciones, unas 280, fueron programadas.

Según la Agencia se calcula que hay unos 750.000 objetos mayores de 1 cm y 166 millones de objetos mayores de un 1 mm ocupando órbitas que son comercial y científicamente valiosas. Los más de 5250 lanzamiento que se han producido desde 1957 han dejado más de 23.000 objetos de mayor tamaño (satélites, vehículos, fases de cohetes, etc) en órbita. De esos 23.000 trastos sólo 1200 son funcionales y resultan útiles en la actualidad.

Imagen: ESA/ID&Sense/ONiRiXEL.

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