Por @Wicho — 21 de Febrero de 2017

Una de las primeras desilusiones que se lleva la gente al mirar por un telescopio es que los objetos más tenues y/o distantes apenas se parecen a las imágenes que publican webs y revistas de astronomía, o incluso agencias como la ESA o la NASA.

Esto es así porque estas imágenes son fruto de exposiciones de segundos, minutos, horas, o incluso días, y el ojo humano no tiene, ni de lejos, la sensibilidad necesaria para empezar a ver algo parecido.

Los astrofotógrafos emulan esto apilando mediante los programas adecuados imágenes tomadas con tiempos de exposición largos, pero también les lleva su tiempo.

Y aquí es dónde entra eVscope, el invento que está promocionando la empresa francesa Unistellar.

Se trata de un visor que se puede acoplar a prácticamente cualquier telescopio que incluye un ordenador que corre Linux, una cámara, un receptor GPS, y una pantalla LCD. Una vez puesto en marcha el visor empieza a tomar fotos y apilarlas y mostrarlas con todos sus colores en el LCD.

Visión normal y visión con el eVscope
Visión normal y visión con el eVscope

Como está dotado de GPS el eVscope es capaz además de reconocer a dónde está apuntando el telescopio, por lo que no sólo puede ofrecer una imagen mejorada de lo que está en el campo de vista de éste sino que además puede ofrecer una visión aumentada, con los rótulos correspondientes para que uno sepa lo que está viendo.

Por ahora el producto no es más que un prototipo, aunque aseguran que en breve esperan lanzar una campaña de financiación colectiva para sacarlo al mercado.

(Vía Hack–A–Day).

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Por @Wicho — 21 de Febrero de 2017

Una cápsula Orión en órbita
Impresión artística de una cápsula Orión en órbita

Una de las cosas que pasa con cada cambio de presidente en los Estados Unidos es que la NASA recibe un nuevo conjunto de directivas no necesariamente compatibles con las anteriores –y menos si el nuevo presidente es del otro partido– que por lo general sólo sirven para retrasar algunas cosas y cancelar otras.

Según se puede leer en A bolder, risk-taking NASA? Agency looking at Orion crew launch in 2019 uno de los posibles cambios que puede traer consigo la administración Trump es que la primera misión de una cápsula Orión sea tripulada.

Con los planes actuales la NASA tiene previsto lanzar la EM-1, o Misión de Exploración 1, allá por septiembre de 2018. Se trata de un vuelo de prueba en el que la cápsula Orión viajará más allá de la Luna, pero vacía.

Pero al parecer el gabinete entrante no está muy contento con el ritmo glacial al que avanza el proyecto, pues es muy probable que la EM–1 se fuera a retrasar hasta al menos 2019, por no hablar de que una misión tripulada no parece muy probable antes de 2021 según los más optimistas, aunque no sería de extrañan que a su vez se retrasara a 2023 o incluso 2024.

Pruebas en tierra
Ingenieros de la NASA haciendo pruebas en tierra de una Orión simulada

Así que está circulando un memorandum por la agencia que habla de ver la posibilidad de convertir la misión EM–1 en una misión tripulada que pueda ser lanzada en 2019, el año en el que se cumplen 50 años del primer alunizaje. Aunque la EM–1 sólo serviría para llevar a unos astronautas más allá de la órbita baja terrestre por primera vez desde 1972.

Claro que para esto la NASA necesitaría más recursos, y más recursos implican más dinero, dinero que no está muy claro de dónde saldrá si se lo gastan en construir el muro.

No soy muy de apostar, pero si fuera a apostar sobre esto apostaría a que va a ser que no.

Mientras, la NASA tendrá que seguir comprando plazas en las Soyuz rusas a la espera de que Boeing y SpaceX tengan listas la Starliner y la Dragon v2, algo que probablemente no ocurra antes de finales de 2018 o principios de 2019.

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Por @Wicho — 21 de Febrero de 2017

Logo CCSC2017Como os adelantaba hace unos meses, y tras varios años sin que se celebrara, este año vuelve el Congreso de Comunicación Social de la Ciencia.

Bajo el lema «Cultura y Ciencia. Viejos retos, nuevos medios», su sexta edición se celebrará en la sede del Rectorado de la Universidad de Córdoba los días 23, 24 y 25 de noviembre de 2017.

Contará con la presencia de representantes de diferentes ámbitos de la cultura como la literatura, la música, el cine, la televisión, el deporte y, por supuesto, la comunicación científica para debatir sobre la importancia de la cultura científica. Además, investigadores del ámbito de la comunicación social y profesionales en activo radiografiarán el sector desde la perspectiva teórica y práctica.

El programa provisional es este:

Jueves 23 de noviembre

  • 9:00 horas - Inauguración y bienvenida
  • 10:00 horas - Conferencia inaugural
  • 11:30 horas - Pausa café
  • 12:00 horas - Mesa redonda «Sin ciencia no hay cultura«
  • 14:00 horas - Almuerzo
  • 16:00 horas - Comunicaciones orales. Primera sesión
  • 18:00 horas - Mesa redonda «Cultura científica y ciudadanía democrática»
  • 19:30 horas - Pósteres. Primera sesión
  • 21:00 horas - Cóctel de bienvenida

Viernes 24 de noviembre

  • 9:00 horas - Pósteres. Segunda sesión
  • 10:00 horas - Comunicaciones orales. Segunda sesión
  • 11:30 horas - Pausa café
  • 12:00 horas - Mesa redonda «¡Cómo está el sector!»
  • 14:00 horas - Almuerzo
  • 16:00 horas - Comunicaciones orales. Tercera sesión
  • 18:00 horas - Mesa redonda «Equidad y cultura científica»
  • 20:00 horas - El espectáculo de comunicar ciencia

Sábado 25 de noviembre

  • 10:00 horas - Mesa redonda «Conclusiones»
  • 12:00 horas - Pausa café
  • 13:00 horas - Visitas culturales

Ya puedes inscribirte como participante, así como enviar tus propuestas de comunicaciones orales y pósteres.

Las inscripciones tienen precio reducido hasta el 30 de junio y se cierran el 29 de septiembre.

La fecha límite para presentar resúmenes de comunicaciones es el 31 de mayo de 2017. El 19 de junio de 2017 se hará pública la resolución del comité científico al respecto, lo que abrirá el plazo de presentación de comunicaciones, que irá del 20 de junio al 29 de septiembre de 2017.

El VI CCSC Está organizado por la Asociación Española de Comunicación Científica, de cuya junta directiva soy miembro, la Universidad de Córdoba, y la Fundación Descubre.

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Por @Wicho — 21 de Febrero de 2017

Juno con su motor en primer plano
Juno con su motor en primer plano

El 5 de julio de 2016 la sonda Juno de la NASA entraba en órbita alrededor de Júpiter. La idea era que describiera dos órbitas de captura, con una altitud mínima de 4150 kilómetros sobre las nubes del planeta y máxima de ocho millones de kilómetros y con un periodo de 53 días, para luego utilizar el motor principal para cambiar a una órbita de trabajo de 5000×1,9 millones de kilómetros y 14 días.

Esto tenía que haber sucedido el 19 de octubre de 2016, pero la NASA decidió posponer esa maniobra porque dos válvulas del sistema de combustible del motor principal no funcionan como deberían y querían asegurarse de que si intentaban la maniobra todo saldría bien.

En diciembre de 2016 la NASA tampoco se decidió a intentar el cambio de maniobra, y tal y como se puede leer en NASA’s Juno Mission to Remain in Current Orbit at Jupiter ya nunca lo hará.

Así, Juno se quedará en su órbita actual de 53 días para desarrollar su misión, lo que implica que tardará casi tres años más en cumplir su misión de lo previsto originalmente.

La decisión es razonable, pues no tiene mucho sentido arriesgar toda la misión sin la seguridad de que el motor vaya a funcionar correctamente, pero crea una incertidumbre acerca de la duración de los sistemas de a bordo pues la radiación en las proximidades de Júpiter es intensísima –no en vano los instrumentos principales de Juno van metidos dentro de una especie de cofre de titanio con paredes de un centímetro de grosor– y acerca de la financiación de la misión.

En el caso de los instrumentos la órbita más elíptica hace también que estén menos tiempo expuestos a lo peor de la radiación del planeta, así que lo mismo la jugada sale bien; en el caso de la financiación… ¿Quién sabe lo que puede pasar con la administración Trump al mando?

Así que mientras vemos qué pasa Juno y sus instrumentos seguirán recogiendo datos que nos permitirán analizar la composición de la atmósfera de Júpiter, quizás dilucidar si tiene o no un núcleo sólido bajo su manto de nubes, y estudiar con detalle su campo magnético, sus emisiones de radiación, y su campo gravitatorio.

Placa dedicada a Galileo

Minifigs
Aparte de sus instrumentos científicos Juno lleva a bordo una placa que homenajea a Galileo Galilei, descubridor de los cuatro satélites más grandes de Júpiter, y unas figuras como las de Lego hechas en aluminio que representan a Júpiter, su esposa Juno, y al propio Galileo

Todo eso nos ayudará a saber más del origen de nuestro sistema solar, ya que a fin de cuentas, y que me perdonen los astrónomos de la sala, Júpiter no es más que una estrella que se quedó pequeña y nunca llegó a encenderse.

Eso sí, vistos los problemas con el motor, la NASA parece haber tenido una buena dosis de suerte el día de la inserción orbital.

Juno está en Twitter como @NASAJuno.

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