Por @Wicho — 12 de Agosto de 2026

Foto de producto del monitor visto ligeramente desde arriba para que se aprecie bien la curva del panelHe estado probando un monitor UWQHD de 34" AOC CU34E4CW que nos han prestado por un tiempo. Pero podría acostumbrarme perfectamente a utilizarlo de forma permanente.

El monitor empezó a ganarse mi corazoncito geek ya con el soporte. Se monta y se acopla –y al revés– sin necesidad de utilizar ninguna herramienta. Pero además de dejar inclinarlo entre 5 grados hacia delante y 20 hacia atrás y girarlo 180 a izquierda y derecha resulta que permite ajustar la altura del monitor sobre la mesa en algo más de 17 centímetros, algo que con mi metro noventa es un problema con casi todos los monitores. No así con este, que he podido colocar a una altura de trabajo más que cómoda sin tener que meter algo debajo del soporte ni nada parecido. También lo puedes montar en un soporte VESA 100×100.

El panel, de 34 pulgadas, como ya he mencionado, tiene resolución UWQHD, Ultra-Wide Quad High Definition (Alta Definición Cuádruple Panorámica), que equivale a 3.440×1.440 pixeles, lo que le da una relación de aspecto 21:9 y 109,68 pixeles por pulgada.

En la práctica esto es como tener dos monitores lado a lado, o tres si le añado el de mi portátil, lo que te da un montón de sitio para colocar ventanas lado a lado para comparar cosas o lo que sea. Eso sí, la relación de aspecto no es de las más estándar, así que en muchas webs, en YouTube o similares te encontrarás con bandas negara los lados cuando las pongas a pantalla completa o incluso si haces las ventanas muy anchas. Que no pasa nada, es sólo cuestión de acostumbrarse.

Hablando de cosas en negro el panel es un WLED VA (vertical alignment, alineación vertical), lo que se supone que da negros más profundos y mejor contraste. Según las especificaciones la relación de contraste estático es de 3500:1 mientras que el dinámico es 500:1. El brillo es de 350 cd/m² (350 nits).

A cambio se supone que los paneles VA pueden ser algo más lentos que otros. Pero con un refresco de 120 Hz y un tiempo de respuesta de 4 ms no he percibido tal cosa.

En la práctica la calidad de imagen me ha parecido más que suficiente para tareas de oficina, algo de programación, escribir contenidos para esta casa, editar mis fotos de aviones, el consumo de vídeo, o para juegos. Aunque no soy alguien que juegue asiduamente ni a juegos de última generación. Pero este tampoco es un monitor para gamers.

Eso sí, aunque tiene dos altavoces de cinco vatios dejémoslo en que suenan. Pero a poco que estés acostumbrado a unos altavoces que suenen mínimamente bien dejarás de lado los del monitor en cero coma. Para ello puedes utilizar el conector de audio estéreo de 3,5 mm de salida que tiene.

Como detalles extra de cara a la comodidad la pantalla está curvada, lo que se supone que contribuye a una menor fatiga ocular al minimizar el esfuerzo que tienen que hacer los ojos para enfocar cuando los mueves de un lado a otro de una pantalla tan ancha como esta, con una diagonal de 86,4 cm; e incorpora lo que AOC denomina Low Blue Light, lo que viene siendo que emite menos luz azul sin afectar a la temperatura de color. Aunque como ya sabemos hace años no es que la luz azul vaya a dañar nuestros ojos. Pero sí puede afectar a nuestra capacidad para conciliar el sueño. Así que está bien que incorpore esa característica.

Las entradas de vídeo son una DisplayPort, dos HDMI, y una USB C. El monitor también soporta la tecnología de sincronización Adaptive Sync, que sirve para encadenar un monitor con otro sin tener que llevar un cable de cada uno al ordenador y que además se asegura que los ajustes de calidad de imagen se transitan de uno a otro.

Seguir leyendo: «AOC CU34E4CW, un recomendable monitor UWQHD de 34 pulgadas con webcam que vale por dos, por un hub USB-C, y por un switch KVM»


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Por @Alvy — 12 de Agosto de 2026

Como buen fan de Doctor en Alaska (Northern Exposure, 1990–1995) no he podido dejar de ver este vídeo de Tom Stanton en el que explica cómo construyó un trabuquete o «lanzapiedras» capaz de romper la barrera del sonido. No es un sonido atronador, pero sí que es un chasquido supersónico.

El trabuquete o fundíbulo es una especie de catapulta del medievo, una variante optimizada para destruir las murallas de los castillos lanzando piedras y proyectiles de gran tamaño. En aquella época acojonaba solo de verlo; sufrir sus consecuencias era devastador.

En Doctor en Alaska el bueno de Chris lo utilizaba en un episodio para lanzar un piano por los aires, una tradición de Cicely, el pueblo, con resultados espectaculares. Stanton se propuso un rato parecido: superar la barrera del sonido con un lanzamiento, y se pasó casi 6 años haciendo cálculos. La cosa no era fácil: el contrapeso en caída libre sólo acelera a 9,81 m/s² (la aceleración de la gravedad terrestre) y soltado desde 2 metros llega al suelo a apenas 6,2 m/s. ¿La solución? Usar poleas.

Tal y como muestra el vídeo, desacoplando el contrapeso del brazo y utilizando un sistema de poleas 3:1 con una transmisión mediante cuerda se consigue el efecto de una especie de «caja de cambios» mecánica. El brazo está fabricado en fibra de carbono y pesa sólo 116 gramos. Originalmente la cuerda se enrollaba unas 15 vueltas para alcanzar el régimen máximo de lanzamiento, liberando el proyectil al llegar a unas 2.000 rpm, con una ventana de disparo (para que salga en vertical) de apenas 2,5 milisegundos.

Las pruebas requirieron optimizar el brazo y los accesorios para reducir el peso, aumentar las rpm y ganar más energía. Todo esto me recordó un poco a cómo se produce el chasquido de un látigo.

Con un contrapeso de 10 kg la versión mejorada alcanzó 1.248 rpm y 634 km/h, que no está nada mal. Aumentando el peso a 20, 30 y 40 kg se llegó a 2.336 rpm y 1.152 km/h, ligeramente por debajo de la barrera del sonido. El problema era que subiendo a 50 kg se superaban los límites y se rompían algunas piezas. Pero eso no fue impedimento para nuestro «inventor loco»: redujo el peso del proyectil y modificó de nuevo la transmisión y el mecanismo de liberación.

En el lanzamiento definitivo, el brazo alcanzó 2.342 rpm moviéndose a 441 km/h. Las poleas de la honda multiplicaron esa velocidad para que recorriera 1,94 metros en 5,6 milisegundos. Eso son 346,4 m/s, equivalentes a 1.249 km/h, unos 14 km/h por encima de la velocidad del sonido en el aire.

Toda una demostración de que con paciencia, buenos cálculos y siendo un poco terco se pueden combinar física medieval, diseños CAD en 3D y piezas fabricadas con CNC e impresoras 3D para conseguir algo grande: un pequeño estampido sónico.

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Por @Wicho — 10 de Agosto de 2026

Foto de producto con el mando en funcionamiento con un móvil dentro

He estado probando el mando para juegos para móviles Trust GXT 735 Mylox con mi iPhone. Para mí, que sólo juego de vez en cuando, está muy bien. Aunque la escasez de juegos que soporten mandos en iOS juega en su contra (guiño guiño codazo codazo).

El Mylox es extensible, por lo que vale para cualquier móvil que mida entre 95 y 170 mm de alto. El ancho da un poco igual, aunque por si quieres saberlo superficie sobre la que se apoya el móvil es de 82 mm; si quieres usar un móvil un poco más ancho tampoco pasa nada aunque sobresalga un poco del mando por arriba.

Además, el hueco en el que va el móvil es más profundo por la parte izquierda del mando, por lo que el móvil quedará perfectamente plano sobre el mando aunque las cámaras sobresalgan. Una pestaña en la parte inferior se asegura de que el móvil no se escape, aunque la superficie de contacto es de goma rugoso, lo que también contribuye a ello.

Así, por ejemplo, mi iPhone 17 Pro Max cabe sin problemas incluso con la funda puesta.

Seguir leyendo: «Probamos el mando para juegos para móviles GXT 735 Mylox de Trust»


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Por @Alvy — 10 de Agosto de 2026

World Flight Sim: un inmersivo simulador de vuelo con imágenes de ciudades de todo el mundo, probablemente hasta las de tu casa

Me he estado dando una vuelta por el barrio a vista de pájaro en la avioneta del World Flight Sim, un pequeño pero interesante simulador de vuelo gratuito que funciona directamente en el navegador. Lo más interesante es que utiliza las imágenes de Google Earth para representar ciudades y otros lugares en 3D; tiene cierta calidad. Además, se puede volar la avioneta muy fácilmente, lo cual siempre se agradece.

La idea es irresistible, todo hay que decirlo, además de tremendamente «viciante»: para empezar basta escribir dirección o nombre de algún lugar conocido (yo he probado con mi casa y algunos enclaves típicos), elegir el tipo de avión o empezar con la avioneta que viene por defecto… y a volar. No hay que descargar nada y funciona en casi todos los PC y Macs, aunque no sean superpotentes.

Un simulador simple, pero con opciones variadas

Lo más conveniente es registrarse, por ejemplo con una cuenta Google, algo que requiere dos segundos. Luego, el simulador permite ajustar la hora del día y las condiciones meteorológicas, despegar desde el aire, un aeropuerto o aeródromo y ¡listo! El avión se maneja con el teclado o un joystick USB, si tienes alguno a mano, pero no hay excesivos controles que memorizar: izquierda, derecha, flaps… lo típico. Hay indicaciones para mantenerlo nivelado, cosa que hace casi automáticamente, y otros avisos diversos sobre la altitud y «problemas» que pueden surgir. Eso sí: el algoritmo de colisión no es perfecto; puedes acabar estampado algunos metros antes de tocar suelo o atravesar limpiamente un edificio alto.

En cuanto a aviones, la H-182 Strutwing, por ejemplo, que es el modelo de avioneta por defecto, tiene una velocidad de 128 nudos (237 km/h), un motor de 230 HP, entra en pérdida a 49 nudos y tiene un techo de 13.500 pies (4.115 metros de altitud). Los hay más potentes.

Además del vuelo libre hay otros modos de juego: escuela de vuelo, desafíos, y carreras, en el las que se acumulan horas, destinos y logros. Ir avanzando permite desbloquear aviones y hasta hay un modo Ring Runs: circuitos de anillos por los que pasar la avioneta, sobre escenarios reales, en los que hay que intentar mejorar los tiempos.

Lo que más engancha, a mi parecer, es que una vez comienzas a explorar una zona conocida, por ejemplo tu barrio, es imposible no ir siguiendo las calles para redescubrir nuevos sitios. Yo acabé yendo al centro de la ciudad, esquivando rascacielos, llegando al río Manzanares y siguiéndolo hasta una de las presas cercanas a la capital, para ver cómo era el camino exacto, que se puede hacer prácticamente andando si tienes aguante y te gusta hacer senderismo. Una vez has captado la idea y te manejas bien… a explorar el resto del mundo.

(Vía Nico, que también nos puso sobre la pista del estupendo WenWare.)


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