Por @Wicho — 26 de Mayo de 2015

Mola que en la Agencia Espacial Europea se tomen las cosas con sentido del humor.

Esta es Samantha Cristoforetti celebrando el Día de la toalla desde la EEI:

De la Guía del Autoestopista Galáctico de Douglas Adams:

Esta es la historia de un libro, titulado Guía del autoestopista galáctico; no se trata de un libro terrestre, pues nunca se publicó en la Tierra y, hasta que ocurrió la terrible catástrofe, ningún terrestre lo vio ni oyó hablar de él.

No obstante, es un libro absolutamente notable.

En realidad, probablemente se trate del libro más notable que jamás publicaran las grandes compañías editoras de la Osa Menor, de las cuales tampoco ha oído hablar terrestre alguno.

Y no sólo es un libro absolutamente notable, sino que también ha tenido un éxito enorme: es más famoso que las Obras escogidas sobre el cuidado del hogar espacial, más vendido que las Otras cincuenta y tres cosas que hacer en gravedad cero, y más polémico que famosísima trilogía de devastadora de Oolon Colluphid En qué se equivocó Dios, Otros grandes errores de Dios y Pero ¿quién es ese tal Dios?

En muchas de las civilizaciones más tranquilas del margen oriental exterior de la galaxia, la Guía del autoestopista ya ha sustituido a la gran Enciclopedia galáctica como la fuente reconocida de todo el conocimiento y la sabiduría, porque si bien incurre en muchas omisiones y contiene abundantes hechos de autenticidad dudosa, supera a la segunda obra, más antigua y prosaica, en dos aspectos importantes.

En primer lugar, es un poco más barata; y luego, grabada en la portada con simpáticas letras grandes, ostenta la leyenda:
NO SE ASUSTE.

[…]

La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas.

Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de Jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal, un animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz; se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún parece estar lo suficientemente limpia.

Y lo que es más importante: una toalla tiene un enorme valor psicológico. Por alguna razón, si un estraj (estraj: no autoestopista) descubre que un autoestopista lleva su toalla consigo, automáticamente supondrá que también está en posesión de cepillo de dientes, toallita para lavarse la cara, jabón, lata de galletas, frasca, brújula, mapa, rollo de cordel, rociador contra los mosquitos, ropa de lluvia, traje espacial, etc. Además, el estraj prestará con mucho gusto al autoestopista cualquiera de dichos artículos o una docena más que el autoestopista haya «perdido» por accidente. Lo que el estraj pensará, es que cualquier hombre que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta.

Y para todos los froods del fundamentalmente inofensivo planeta Tierra, ¡feliz día de la toalla!

En la cuenta de Twitter de Sam hay además unas cuantas perlas de sabiduría acerca del uso de toallas en la Estación Espacial Itnernacional: para hacer ejercicio, para recuperar agua para el sistema de reciclado de esta, para demostrar como se comporta esta en caída libre, para capturar gotas de zumo prófugas

El póster de la Expedición 42 a la EEI, de la que Sam es miembro, ya era todo un homenaje a Douglas Adams y su obra; si no has leído la Guía, te la recomiendo encarecidamente, aunque no seas lector habitual de ciencia ficción.

Póster de la Expedición 42

Sam tiene compañía en este vídeo, por cierto: el muñequito verde con antenas que sale a la derecha de la imagen es Paxi, la mascota de la Oficina de Educación de la ESA.

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