Por @Wicho — 10 de Septiembre de 2021

Stinker, la mascota de los Ig NobelOtro año más, y con esta van 31 ediciones, ya tenemos los ganadores de los Premios Ig Nobel. Ya sabéis, los que premian aquellas investigaciones con títulos y descripciones hilarantes pero no por ello menos ciertas. Y a menudo, si las piensas un poco, tampoco tan descabelladas. Así que sin más rollos, aquí va la lista de los Premios Ig Nobel 2021:

  • Biología: Susanne Schötz por el análisis de las variaciones en el ronroneo, el gorjeo, el parloteo, el trino, el murmullo, el maullido, el chillido, el siseo, el aullido, el gruñido y otros modos de comunicación entre gatos y humanos.
  • Ecología: Leila Satari, Alba Guillén, Àngela Vidal-Verdú y Manuel Porcar, por utilizar el análisis genético para identificar las diferentes especies de bacterias que residen en los restos de chicles desechados y pegados en las aceras de varios países.
  • Química: Jörg Wicker, Nicolas Krauter, Bettina Derstroff, Christof Stönner, Efstratios Bourtsoukidis, Achim Edtbauer, Jochen Wulf, Thomas Klüpfel, Stefan Kramer y Jonathan Williams, por analizar químicamente el aire del interior de las salas de cine para comprobar si los olores producidos por el público indican de forma fiable los niveles de violencia, sexo, comportamiento antisocial, consumo de drogas y lenguaje inapropiado de la película que está viendo el público.
  • Economía: Pavlo Blavatskyy, por descubrir que la obesidad de los políticos de un país puede ser un buen indicador de la corrupción de ese país.
  • Medicina: Olcay Cem Bulut, Dare Oladokun, Burkard Lippert y Ralph Hohenberger, por demostrar que los orgasmos pueden ser tan eficaces como los medicamentos descongestionantes para mejorar la respiración nasal.
  • Paz: Ethan Beseris, Steven Naleway y David Carrier, por someter a prueba la hipótesis de que los humanos evolucionaron la barba para protegerse de los golpes en la cara.
  • Física: Alessandro Corbetta, Jasper Meeusen, Chung-min Lee, Roberto Benzi y Federico Toschi, por realizar experimentos para saber por qué los peatones no chocan constantemente con otros peatones.
  • Cinética: Hisashi Murakami, Claudio Feliciani, Yuta Nishiyama y Katsuhiro Nishinari, por realizar experimentos para saber por qué los peatones chocan a veces con otros peatones.
  • Entomología: John Mulrennan, Jr., Roger Grothaus, Charles Hammond y Jay Lamdin, por su estudio «Un nuevo método de control de cucarachas en submarinos».
  • Transporte: Robin Radcliffe, Mark Jago, Peter Morkel, Estelle Morkel, Pierre du Preez, Piet Beytell, Birgit Kotting, Bakker Manuel, Jan Hendrik du Preez, Michele Miller, Julia Felippe, Stephen Parry y Robin Gleed, por determinar mediante un experimento si es más seguro transportar un rinoceronte por el aire boca abajo.

Apropiadísimos, sin duda, para la época en la que vivimos, los de física y cinética. Muy perspicaz el de economía. Y el de los orgasmos tampoco no está nada mal, pues propone un remedio natural frente a los medicamentos.

Y por si quieres echarte unas risas más, lo que nunca viene mal, aquí están las listas de los Ig Nobel que llevamos publicando año tras año sin falta desde que Microsiervos existe: 2003, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016, 2017, 2018, 2019, y 2020

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Por @Alvy — 11 de Agosto de 2021

El meme de Teseo

A mí me resulta hilarante, aunque entiendo que haya gente a la que no. El caso es que lleva tiempo circulando por ahí el meme del captcha del Barco de Teseo, algo que puede resultar muy gracioso si conoces la historia y te interesan algo las paradojas y las cuestiones acerca de la identidad y los «reemplazos».

Esto incluye desde los transportadores de materia de Star Trek al agua de los ríos (Heráclito), los calcetines remendados (Locke) o el hacha del abuelo (una expresión coloquial sobre un hacha al que se le han cambiado tres veces la hoja y cuatro veces el mango).

El barco de Teseo es una de las primeras encarnaciones de esta paradoja; para superar la prueba captcha de humanidad hay que decidir qué partes de la imagen son el barco de Teseo, pero como sabemos que las tablas y remos eran reemplazadas continuamente, la respuesta correcta no sería tan clara como parece:

El barco en el cual volvieron (desde Creta) Teseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y los atenienses lo conservaban desde la época de Demetrio de Falero, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes. Este barco se había convertido en un ejemplo entre los filósofos sobre la identidad de las cosas que crecen; un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era. Esto se puede traducir en la siguiente pregunta: ¿estaríamos en presencia del mismo barco si se hubieran reemplazado cada una de las partes del barco una a una? Existe además una pregunta adicional: si las partes reemplazadas se almacenasen, y luego se usasen para reconstruir el barco ¿cuál de ellos, si acaso fuera alguno, sería el barco original de Teseo?

Hoy en día podríamos aplicar la misma paradoja a los objetos y seres vivos, compuestos de átomos y partículas subatómicas que cambian continuamente, a los edificios «totalmente reformados» o las líneas de código de un programa que crece y crece y en algún momento ya no tiene ninguna de las líneas originales. En los seres humanos, excepto las células del corazón, del cerebro y el cristalino de los ojos, el resto se cambian completamente cada diez años, unas antes, otras después.

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Por @Alvy — 5 de Agosto de 2021

SewingAndEmbroideryWarehouse.com

La gente de Archive.org recuperó el divertido contenido una antiquísima página llamada SewingAndEmbroideryWarehouse.com que ya no existe, aunque puede consultarse la versión guardada de 2014. ¿Notas algo peculiar a medida que avanzas en la página?

Resulta que quién creó la página original no cerró correctamente los tags H2, H3 y TH (cabeceras en HTML) y esto provoca un curioso efecto sobre la página cuando se dibuja en los navegadores web: los textos van creciendo sin fin, hasta alcanzar tamaños desproporcionados.

Como decía alguien en Twitter que lo encuentra hilarante: «A medida que avanzas es como si el texto de la página estuviera cada vez más y más cabreado, gritando a quien lo lee».

No parece que nadie se diera cuenta, y no sólo porque el HTML funcionara distinto hace algunos años. Dicen que en Internet Explorer 5 este efecto no se notaba porque aunque faltaran los tags de cierre todo se dibujaba correctamente (se consideraban los finales de línea o los nuevos H como cierres de lo anterior). Por desgracia IE5 hace siglos que no se usa y en otros navegadores fallaba estrepitosamente, así que seguramente de ahí proviene el problema original.

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Por @Alvy — 2 de Julio de 2021

Este divertido clip que vuelve a hacer las rondas estos días fue una idea de Josh Darnit. El «reto» consiste en escribir las instrucciones exactas para hacer un sandwich. Y muestra cómo algo supuestamente sencillo puede convertirse en algo tan complicado como hilarante. El vídeo lo protagoniza el mismo Darnit con sus hijos; la idea se la dio un amigo cuyo profesor de ciencias lo utilizaba como práctica en los experimentos de clase.

Hay quien lo ve como metáfora de la informática y los algoritmos, de las interminables guías e instrucciones que a pesar de ser sumamente detalladas no consiguen que los usuarios hagan las cosas bien. El problema, en ese caso, no son los usuarios –a quienes no hay que suponerles ningún tipo de conocimiento, sino más bien lo contrario– sino de cómo se explica la tarea a llevar a cabo. Como bien apunta Fernand0, es un poco como darle instrucciones a un monstruo de Frankenstein que no entiende nada de nada y todo lo interpreta literalmente.

Hay quien también lo ve como una metáfora de la ciencia, donde damos muchas cosas por supuestas aunque en realidad no lo sean tanto: a veces incluso para las cuestiones más triviales como «meter el cuchillo en el bote» hay que especificar muchos más detalles. Y si no, que se lo pregunten a los ingenieros.

Crear un sandwich desde la nada tiene un poco de ambas cosas: algo de ciencia y algo de algoritmo, pero también mucho de sentido común, cultura de lo cotidiano y uso del lenguaje. Algo que por cierto tendemos que enseñar a las máquinas si queremos que hagan bien todo lo que les pedimos.

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