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«Pilotless Drone!» El lector furioso que se quejaba de una redundancia

Nacho y yo nos acordamos y reimos a menudo de la grabación del Pilotless Drone, hoy la pusimos de nuevo un rato. Es una historia hilarante que surgió hace algún tiempo en el periódico San Francisco Chronicle: al parecer ese periódico tiene una sección de audio podcast donde reproducen las llamadas telefónicas que les hacen los lectores a un contestador automático (como en la radio) para sugerir temas, comentar noticias o incluso matizar o corregir datos, algo bastante necesario a veces y que a los medios les viene bien. La historia de la llamada del lector enfurecido está en Correct Me If I'm Wrong… «Pilotless Drone» y es más o menos así, tal y como contó Malaprensa (sabiendo algo de inglés el audio se entiende perfectamente):

Lector furioso – (…) La primera grabación [MP3, 2 min.] es de un lector que llama para corregir una redundancia, ya que han escrito en un texto la expresión pilotless drone (algo así como «avión teledirigido sin piloto»), cuando la palabra drone, de por sí, significa precisamente «vehículo aéreo no tripulado». Lo gracioso es que el tipo está completamente enfurecido y les llama de todo a los redactores. Repite como un loco, «Drone, drone! Not pilotless drone!!!». Es cómico, y ya ha generado imitadores, videos en Youtube, y otras variaciones, como se ve en la propia página del Chronicle.
Como sucede en este tipo de situaciones, uno no puede dejar de preguntarse qué hay dentro de la mente de un tipo que se enerva y grita de ese modo para «corregir» un pequeño matiz, incluso aunque fuera un error, gritándole a un contestador automático. Muchas veces lo que se dice o cómo se dice puede entenderse de muchas maneras, como sabiamente le responde otro lector en una de las siguientes llamadas al Chronicle :
Aunque ciertamente un drone es un avión sin piloto y de algún modo «pilotless drone» es una redundancia y oxímoron, también es cierto que esos drones sí que tienen un piloto, aunque no viaja dentro del propio avión, sino que está en un lugar remoto… «pilotando» el aparato a distancia.
La historia continuó con toda una saga de apuntes al respecto, incluyendo nuevos mensajes del iracundo protagonista, que se negaba a pedir disculpas. Acabó teniendo sus parodias y vídeos musicales y hasta un grupo de fans en YouTube.

En cierto modo a veces nos sentimos un poco identificados con esta historia porque en el blog recibimos muchísimos correos de lectores con correcciones y matices sobre cada detalle acerca de lo que escribimos, a pesar de que solemos recordar que esto no es el New York Times. Por suerte la mayor parte suelen ser más amables que ese lector del Chronicle.