Por @Alvy — 9 de Diciembre de 2019

Terminé de ver la segunda temporada de Marte, la serie de National Geographic (también en Netflix) que combina ficción del futuro cercano con entrevistas reales con grandes personajes del mundo de la ciencia. Al igual que la primera es una interesante historia sobre cómo podría ser la colonización marciana, aderezada con dosis de realidad y muy lejos de las películas épicas al uso. Cada temporada son 6 episodios de una hora, mitad-y-mitad entre la ficción y el documental.

La primera temporada, que ya mencionamos por aquí, trataba de las primeras misiones al planeta rojo hacia 2030: los problemas para llegar, establecer un campamento y asegurar los recursos necesario, principalmente energía y agua. Esto es «exploración espacial real» –se supone– y aquí muere gente y suceden cosas chungas por doquier. Lo interesante es escuchar a los científicos, ingenieros y expertos explicar cómo podrían ser las cosas en nuestra realidad y los retos que todo esto supone. Vale que tienen cohetes supermolones, pantallas muy chulas y rovers espectaculares, pero nada de eso está demasiado lejos de lo que podemos ver en unas (pocas) décadas.

Si la primera temporada se centra en los retos técnicos la segunda se centra en los aspectos políticos, empresariales y humanos. Marte no es propiedad de nadie, de ningún país ni corporación, pero quien llega primero marca sus reglas. Allí no hay leyes, se crean sobre la marcha. El juego político es duro y complicado. De este modo asistimos ya hacia 2040 a conflictos entre un consorcio internacional –y a varios países yendo por su cuenta– que priorizan la ciencia (y a veces el ego) frente a una empresa de «mineros espaciales» despiadados a los que les da igual todo con tal de conseguir beneficios.

En la segunda temporada también se repasa la crisis climática de la Tierra y algunas de las cosas que los activistas a lo Greta y más allá están denunciando hoy en día. Se explica la importancia de la terraformación de Marte. Y se ve lo increíblemente difícil que va a ser ponerlo en marcha.

Es una serie cuya producción es muy buena, muy al estilo de la película basada en Marte (The Martian), donde hay más detalles chungos que momentos épicos –lo cual está bien, para variar– y que aunque puede resultar un poco lenta por su peculiar formato medio-película medio-documental está muy entretenida de ver.

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Por @Alvy — 4 de Diciembre de 2019

Este cortometraje visual de Eric Whitacre se titula Deep Field: The Impossible Magnitude of our Universe y está inspirado por la famosa imagen de campo ultra profundo del telescopio espacial Hubble.

El montaje tiene mucho de ciencia y también de arte, tanto visual como musical, con la Royal Philharmonic Orchestra londinense y sus coros (además de lo cual dicen que han añadido 8.000 voces de «coro» de 120 países).

En la web del proyecto hay más explicaciones sobre las imágenes, la música, el montaje y el equipo que lo ha producido: DeepFieldFilm.com.

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Por @Alvy — 4 de Diciembre de 2019

Esta batalla de bolas de nieve cinemática titulada «Snowbrawl» está grabada con un iPhone 11 Pro; es una pieza publicitaria de esas que da a conocer Apple de vez en cuando bajo el lema Grabado con un iPhone, que permite hacerse una idea de «hasta dónde se puede llegar con el smartphone» aunque, como siempre, todo tiene su truqui.

Honestamente: aquí Apple también enseña el Detrás de las cámaras mostrando parte del proceso y la técnica. Si está grabado con un iPhone 11 no es para mí lo más relevante; incluso veo cierto problema de calidad¹ (probablemente más de la distribución del vídeo final). Es como con las pelis de bajo presupuesto de Sean Baker, que lo interesante es cómo está hecho o incluso que se pueda hacer. En cualquier caso, sabiendo que el estupendo y épico resultado no es algo que cualquiera vaya a conseguir subiéndose un día a la Sierra con la familia, es interesante entender el porqué.

Una de las claves es que la peliculita de apenas 90 segundos está dirigida ni más ni menos que David Leitch, más conocido por Deadpool, John Wick y Jupiter Ascending. Además de dirigir cine también ha sido especialista de acción; cuentan que gran parte del trabajo fue entrenar a la muchachada para coreografiar sus movimientos de kung-fu como auténticos especialistas. La ventaja al usar un smartphone en vez de una cámara de cine «de verdad» es que permite grabar más cosas «raras» en menos tiempo: primeros planos más rápidos, atarla a un carrito o un «escudo» que da vueltas o hacerla saltar sin problemas.

Ninguna producción es barata ni sencilla y en esta también se ve mucha gente y equipo: además de los iPhone hay cardanes para estabilizar las imágenes, colchonetas para aliviar los saltos y caídas, carritos… Y equipo de iluminación, sonido, maquillaje, vestuario, fotografía, todo lo habitual y un poco más. A toda esa gente además hay que llevarla y traerla (con los equipos), alimentarla, calentarla… Por no hablar de contar con una buena idea, sencilla, apta para todos los públicos y comprimible a 90 segundos, que requiere hasta un miniguión.

No sé si Snowbrawl realmente pudo rodarse todo en un solo día (la luz diurna es escasa y cruel cuando se hace cine); de hecho parece más probable que necesitarían varios, así que suma y sigue… Y en la post-producción hay que añadir algunos efectos aunque sean sencillos, correcciones de color, el sonido y efectos sonoros, el montaje general, etcétera. Muchos detalles para una historia cortita pero emocionante, digna de secuencia de largometraje de acción.

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La calidad de imagen del vídeo original en YouTube no me ha parecido especialmente buena. No sé si será por la compresión de YouTube, la complicación de «comprimir bien» personas, nieve y árboles a la vez, el exceso de movimiento o qué pero al principio al menos tiene unos píxeles como puños, apreciables sobre todo el los rostros. Me ha extrañado no encontrar otra versión de más calidad; el máximo al que reproduce es Full-HD 1080 a 30 fps, también en televisores 4K, aunque dicen que está grabado en 4K. Ni en Vimeo ni en la web de Apple he encontrado otra versión, lo cual también me parece un poco raro.

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Por @Alvy — 30 de Noviembre de 2019

{Anotación libre de spoilers; los vídeos no tanto, así que si todavía no has pasado de los tres o cuatro primeros episodios de la serie… Mejor espera un poco.}

Watchmen (2019) es una serie de Damon Lindelof con el mismo título que la mítica novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons publicada en 1986. Como es sabido la serie se sitúa después de Watchmen: transcurre en la era actual, pero en el universo alternativo que ya dejó entrever la novela: los americanos ganaron en Vietnam, hay héroes y superhéroes de diverso origen y otras rarezas. Es también sabido que el final del cómic y la película diferían (aunque con similar resultado e intención); la serie de hecho continúa con lo establecido en el cómic y no en el final de la película, así que nada mejor que repasarlo.

Este primer vídeo de The Art of Film de Insider se recrea en explicar Qué es lo que hace que Watchmen sea genial, concentrándose en la obra que «elevó el arte del cómic a otro nivel». Explica que Watchmen prácticamente inventó el concepto novela gráfica para elevar a los cómics de «nivel» en la cultura de los 80. Es un análisis preciso y precioso, con imágenes del cómic, y voy a estar furiosamente de acuerdo en todo lo que se dice.

Como unas cosas llevan a otras –especialmente en YouTube– y Watchmen está de moda porque la serie gotea un nuevo capítulo cada semana, llegué también a este otro vídeo de Looper sobre La historia no contada de Watchmen que incluye imágenes de la película, la series y algunas entrevistas de Wired. (Aquí se habla más de detalles de la serie y cómo encajan con la historia original, de modo que es mejor haber visto los 3-4 primeros episodios antes de verlo.) Repasa algunos de los temas de la obra, como la violencia y el lado (cuestionablemente) fascista de los personajes; algunas curiosidades sobre los orígenes de los superhéroes y los crossovers y detalles compartidos por cómic, película y serie. Y para quien no lo sepa: también hay varios cómics de precuela titulados, apropiadamente, Before Watchmen (aunque de eso no se habla).

Watchmen / portadas originales

Un hilo interesante que encontré en Twitter al respecto también recientemente fue este de Nacho Vigalondo sobre Watchmen, donde habla sobre algunos de los motivos visuales del cómic; parece toda una obra de ingeniería y numerología, pero es genial.

La propia novela gráfica era una obra, como aquí se recuerda, digna de ser leída y releída para apreciar todos los matices. A veces parece un puzzle en el que cada detalle encaja y cuando se repasa se entiende por qué encaja. En la serie de HBO se ha puesto tanto cuidado en preservar y amplificar esto que el resultado es absolutamente genial.

El resultado es que si se suman la novela gráfica, la película, la serie e incluso diría que el Before Watchmen se puede ver cómo todos los puzzles encajan en un gigantesco megapuzzle más fascinante todavía. Esa, y no otra, es la razón de la grandeza de una obra atemporal, que bien podría recibir ese título de «mejor obra de todos los tiempos»… Al menos de los tiempos modernos.

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