Por @Alvy — 18 de Noviembre de 2020

Si te gusta Blade Runner o te gusta Vangelis estás de suerte: alguien de la interminable lista de fans con el nick Greendragon861 decidió crear una especie de remasterización de la banda sonora de modo que tuviera la misma longitud de la película, casi dos horas. En otras palabras: el resultado de Vangelis - Blade Runner Soundtrack (Remastered 2017) no es exactamente lo que se oye en la película, sino algo diferente pero sincronizado, definitivamente bladerunneriano. Tan agradable de escuchar a modo de sonido ambiental como la propia película.

En cierto modo, está lleno de versiones «ampliadas» de los fragmentos de canciones y música que se oye a lo largo del propio largometraje: la tonadilla del puesto de Sushi, del baile de Zhora, la de los ciclistas callejeros, la del club nocturno… Y por supuesto el Memories of Green, One More Kiss Dear y otras que son perfectamente reconocibles. En algunos fragmentos hay hasta parte de los míticos diálogos. Y también están todos efectos como los de los Spinners, semáforos y demás.[En el enlace de YouTube uno de los pluses es que está la lista completa de temas con enlaces a las marcas de tiempo en que comienza cada una de ellas.]

La verdad es que me ha parecido un trabajo de primera; me extraña no haberlo descubierto antes (tiene tres años al menos) pero más vale tarde que nunca.

(Vía Open Culture.)

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Por @Alvy — 14 de Noviembre de 2020

Considerada una de las maravillas del cine de animación de todos los tiempos, lo que la mayor parte de la gente recuerda de Akira (1988) de Katsuhiro Otomo, es la famosa secuencia de las motos de los pandilleros en las calles del Neotokio post-nuclear. En el canal Certain Starting Places también son muy fans de la película, y realizaron una meticulosa disección de los cuatro minutos de esa secuencia, fotograma a fotograma, explicando todas las técnicas de animación utilizadas. «Animación a lo difícil», lo han llamado. Y con toda la razón.

El análisis son ni más ni menos que 40 minutos para poco más de 4 minutos de secuencia (3:20 según el reloj), literalmente fotograma a fotograma. El vídeo divide la secuencia en 85 «escenas» cada una de las cuales corresponde a un fragmento de animación; algunas luego se cortan e intercalan en el montaje final, aunque son las menos. Una marca de tiempo arriba a la derecha indica el fotograma exacto; durante la narración se recorre cada secuencia varias veces, para explicar diferentes detalles.

La descripción de esta pequeña obra de arte dentro de otra obra de arte incluye comentarios artísticos, pero sobre todo técnicos: la dificultad de los dibujos, los estilos de los personajes, objetos y fondos, curiosidades como las sombras y el tratamiento de la luz… Se explica por qué a veces se utiliza la animación «de a dos» en vez de la «de a uno» para reducir a la mitad el número de fotogramas que hay que dibujar, cómo funcionan el parallax (paralelaje) y la cámara multiplano o por qué ciertos planos son muy difíciles de recrear en animación, como ciertos ángulos o los personajes acercándose a la cámara.

Entre los detalles más interesantes están ciertos efectos visuales como las «explosiones en blanco» para destacar que algo invisible ha sucedido, o hacer transparentes las motos durante un par de fotogramas para que el cerebro no vea –sino que simplemente intuya– lo que ha sucedido cuando se han cruzado. Naturalmente, al revisar fotograma a fotograma también se revelan los errores: colores incorrectos u objetos que desaparecen misteriosamente de un fotograma al siguiente.

También llama la atención sobre los detalles más costosos –el tiempo de trabajo aquí es mucho dinero– como son las piedras, farolas, reflejos y sus sombras, que es algo que marca toda una diferencia de unas películas a otras. La lista de animadores de Akira es –para su época– tan increíblemente larga que involucra a cientos de personas y decenas de estudios que apoyaron en la superproducción, todo eso sin contar con el resto del equipo artístico para crear la historia y el distópico entorno.

Una de las conclusiones es que la secuencia de las motos incluye una cantidad ingente de información para los espectadores en tan sólo cuatro minutos, más de la que probablemente puede procesar nuestra mente consciente, pero que indefectiblemente queda ahí plasmado como poso. Es lo que marca la diferencia con otras escenas y otras películas y lo que deja esa sensación de ¡wow! nada más experimentarla.

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Por @Alvy — 4 de Noviembre de 2020

Gambito de dama es una preciosa y relajante miniserie que narra la historia de Beth, una niña prodigio del ajedrez, que en los años 60 sale del orfanato en el que ha aprendido a jugar a escondidas de la mano de un conserje para aterrizar en una familia disfuncional donde las cosas tampoco van muy bien. Al integrarse en la escuela y la sociedad del «mundo exterior» comienza su explosión de talento.

Sin hacer muchos más spoilers simplemente decir que el letrero de aviso de los episodios sólo lleva un rótulo: drogas, algo que se adivina en los primeros minutos de la serie. Y es que cuando se combinan «sustancias vitamínicas» con obsesiones y personalidades un tanto peculiares el resultado puede ser… impredecible. (En ocasiones estás viendo la serie y da la sensación de que está alentando a tomar drogas porque eso proporciona «superpoderes» (!) El guión no hace mucho por evitar esto, aunque el desarrollo final aclara un poco las cosas. Moraleja: niñas, no toméis drogas.)

La ambientación de los años 60 y 70 es simplemente genial y cada escenario, situación y vestuario está sumamente cuidado. Además de eso algo que me llamó la atención es el milimétrico realismo de casi todas las partidas. Ya estuviera jugando en el instituto, los abiertos o el campeonato del mundo, cada partida de la joven Beth es una pequeña joya con meditadas aperturas, celadas, técnicas y profundos análisis. Luego descubrí que el GM Kaspárov y el entrenador Bruce Pandolfini trabajaron como asesores para la serie. (Pandolfini es el mítico entrenador de Joshua Waitzkin, el niño cuya historia se cuenta en En busca de Bobby Fischer, mi película sobre ajedrez favorita.)

Se puede criticar que la serie es un poco predecible y casi todas las partidas son demasiado «decisivas», así como que casi ninguna acaba en tablas, algo bastante distinto de la realidad (y además los ofrecimientos de tablas resultan un poco «raros»). A mi también se me hizo un poco extraña la forma de capturar las piezas: moviendo la pieza que captura para luego retirar la capturada, cuando a mi me enseñaron que era al revés: primero has de retirar la pieza que capturas; luego aquella con la que capturas. Pero creo que ambas formas son válidas, o al menos lo eran en los 60.

A @MiniPetite parece que también le ha gustado y gracias a uno de sus tuits llegué a este otro estupendo vídeo donde se analiza la «imaginaria» partida final entre Beth Harmon y el ruso Vasily Borgov, toda una alegoría del ajedrez de aquella época con Bobby Fischer y los grandes maestros europeos compitiendo contra el bloque soviético torneo a torneo como quien lucha por su vida. La partida es impresionante, brutal y agotadora. Lo más impactante es que en el vídeo se explica que es una partida real prácticamente en su totalidad: fue Ivanchuck contra Wolff (1993). Digamos que es real hasta el momento en que en la serie se pide el aplazamiento; a partir de ahí difiere y como dice el título del vídeo «es mejor incluso que la original».

Para la colección de curiosidades queda además ver cómo en aquella época era imposible el análisis por ordenador y sólo los grandes jugadores podían permitirse entrenadores y analistas (a los que llaman «números 2») en los torneos. Si la partida se aplazaba al día siguiente las únicas opciones eran o pasarse la noche analizando o confiar en los consejos del «equipo». Otra curiosidad es que Anya Taylor‑Joy, la actriz protagonista, no tenía ni idea de ajedrez ni sabía mover las piezas: tuvo que aprender a jugar un poco y memorizar muchos movimientos con cierta soltura para que las escenas largas fueran correctas y realistas.

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Por @Alvy — 17 de Octubre de 2020

IMDb

Este archivo inmenso, detallado y precioso sobre películas de cine y series de televisión que conocemos como IMDb, la sempiterna Internet Movie Database, nació tal y día como hoy hace 30 años. Su creador Col Needham arrancó el proyecto en el grupo rec.arts.movies de Usenet (la Web no existía todavía) y años después pasaría a cambiar a su nombre definitivo y su ubicación en la web. Miles de voluntarios ayudaron a rellenar sus contenidos por amor al arte.

Aquel archivo que originalmente sólo listaba películas se amplió para incluir series de televisión, datos de producción e incluso ha llegado a tener una versión de pago (IMDbPro) con el paso de los tiempos, muy apreciada por los profesionales del cine. Es poco conocido que Amazon adquirió el proyecto en 1998 por unos 55 millones de dólares, manteniéndola independiente.
A día de hoy sus datos son arrolladores:

  • 6,5 millones de títulos (incluyendo episodios)
  • 10,4 millones de personalidades
  • 83 millones de usuarios registrados

De sus secciones como Trivia (curiosidades) y Goofs (fallos) se han extraído contenidos para publicar innumerables hilos de Twitter. Prácticamente cualquier detalle relacionado con una película, su producción, efectos especiales, orígenes y anécdotas acaba figurando ahí.

¡Y que cumpla muchos más!

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