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No es país para viejos

No es país para viejos

2 estrellas: decepcionante No es país para viejos de Ethan y Joel Coen (2007). Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Josh Brolin.

Llewelyn Moss (Josh Brolin) está un día de caza en el desierto de Texas cuando mientras sigue el rastro de un antílope al que ha disparado se encuentra con un perro herido que va dejando su propio rastro de sangre. Intrigado, deja de seguir a su pieza y sigue el rastro que deja el perro para ver de dónde viene, encontrándose con la escena de un intercambio de drogas por dinero que se ha convertido en una auténtica escabechina, con un montón de muertos rodeando varias furgonetas en medio del desierto.

Moss tarda poco en dar con un maletín que contiene casi dos millones y medio de dólares, y aunque no sea la mejor idea del mundo, decide llevárselo a casa, para cometer otra torpeza más esa misma noche cuando su conciencia le remuerde.

Los dueños del maletín, por supuesto, tardan también poco en enterarse de lo que ha pasado y ponen a Anton Chigurh (Javier Bardem), un asesino a sueldo y psicópata «peor que la peste bubónica» como lo describe otro de los personajes de la película, a la caza del dinero, pero pronto se darán cuenta de que Chigurh va por su cuenta aunque eso sí, siguiendo su propio y retorcido código de conducta, por lo que tendrán que enviar a otra persona a intentar frenarlo.

Como es de suponer, los mejicanos dueños de la droga que se iba a vender tampoco se quedarán quietos, lo que liará todo un poco más.

Con Chigurh y los mejicanos sueltos nadie ni nada está a salvo, y el contrapunto a su actuación viene de parte de Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones), un viejo sheriff a punto de jubilarse que recuerda los tiempos en los que personas como su padre, que también fue sheriff, podían andar desarmados, y que no acaba de comprender ni adaptarse los tiempos modernos -de ahí el nombre de la película- pero que no por ello dejará de intentar ayudar a Moss y su mujer a salir del lío en el que se han metido por todos los medios a su alcance.

Con violencia y diálogos surrealistas y a menudo hilarantes a dosis prácticamente iguales esta película es en este sentido muy propia de los hermanos Coen, pero, al menos para mi, la comparación con Fargo es inevitable, y mi impresión es que No es país… deja bastante que desear respecto a Fargo, en especial por los bruscos cambios de ritmo con los que nos cuentan la historia y una cierta falta de pegada o de espíritu, a falta de una palabra para describirlo mejor, que hacen que al final las dos horas que dura se hagan un poco largas, y eso que aún así el final se me antoja precipitado y brusco, como un poco en plan «hey, hay que acabar ya la película».

De todos modos, tanto en la propia IMDB con un 8,6 como en RottenTomatoes con un 94% la inmensa mayoría de las críticas son buenas, así que a lo mejor es cosa mía, aunque las otras tres personas con la que fui a verla opinan más o menos lo mismo, especialmente en lo que se refiere a como acaba la película, igual que una chica que se sentaba en la fila de atrás a la nuestra que fue bastante vehemente con su opinión al acabar la película calificándola repetidamente como «una m…».

La película, por cierto, está basada en el libro homónimo de Cormac Mccarty.