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Banderas de nuestros padres

Banderas de nuestros padres por Clint Eastwood

4 estrellas: dura pero recomendable Banderas de nuestros padres (2006). Dirigida por Clint Eastwood.

De los seis hombres que salen en la famosísima fotografía de Joe Rosenthal del izado de la bandera en Iwo Jima sólo tres salieron con vida de la isla, ya que aunque por lo general esta imagen se asocia con la victoria de los Estados Unidos en aquella batalla en realidad la fotografía está tomada al quinto día de una encarnizada lucha que duraría 35 días.

Esos tres hombres, llevados de vuelta a los Estados Unidos al acabar la batalla por orden del presidente Franklin D. Roosevelt, serían utilizados por el gobierno de los Estados Unidos para hacer una gira por todo el país con el objetivo de recaudar fondos para la guerra, una gira que fue un rotundo éxito y que recaudó más del doble del dinero que tenía como objetivo.

Pero aquellos tres hombres, vistos por prácticamente todo el mundo como héroes, en realidad quedaron marcados para todas sus vidas por lo que vivieron en aquella isla, como la inmensa mayoría de sus compañeros de armas, y esa es la historia que cuenta esta película, mezclando escenas del presente, del campo de entrenamiento en el que estuvieron antes de Iwo Jima, de la batalla en sí, de la gira y algunas de justo después de la guerra.

De hecho, esta película está basada en el libro del mismo título escrito por James Bradley, quien es hijo de John Bradley, uno de aquellos tres supervivivientes, que a la muerte de su padre se entrevistó con otros veteranos de Iwo Jima para intentar entender cómo aquella experiencia había marcado a su padre de tal modo que durante toda su vida se negó a hablar de ello.

Así, la película tiene un poderoso aire desmitificador que intenta reflejar la guerra como una enorme barbaridad, aunque se tratara de una guerra que hubiera que librar y vencer, a la vez que pretende ser una reflexión sobre los motivos que llevaron a aquellos hombres a sacrificar tanto.

Me recordó muchísimo lo que una vez nos dijo un estadounidense veterano de la segunda guerra mundial con el que unos amigos y yo tuvimos la oportunidad de charlar unas horas una tarde ya hace años:

Never, ever, fancy war.

«Nunca, jamás, penséis que la guerra mola».

El único pero que le pondría a la película, y me parece un fallo garrafal, es que en los primeros minutos, mientras se ve cómo por todo el país se van repartiendo periódicos con la fotografía en cuestión, se oye de fondo una locución de radio en la que se habla del bombardeo atómico sobre Hiroshima… ¡Cuando aún faltaban meses para que este se produjera!

A pesar de eso, es una película que sin duda merece la pena ser vista.

Ahora me queda pendiente de ver Cartas desde Iwo Jima, la otra película dirigida por Clint Eastwood sobre esta batalla, pero en este caso desde el punto de vista de las tropas japonesas.