Por @Wicho — 16 de Noviembre de 2014

Bienvenido a un cometa
Welcome to a comet: una de las patas de Philae sobre la superficie del núcleo de 67P - ESA/Rosetta/Philae/CIVA

Pedro Simón en El Mundo, escribe en La parábola de Leonov sobre Philae, Rosetta, y alguna que otra misión espacial más:

Obviemos que la lavadora espacial rebotó dos veces como un balón medicinal. Dejemos a un lado que los ganchos para anclarla no se desplegaron. No hagamos sangre con que Philae cayó en la parte oscura del cometa, vaya, y entonces no recibe luz para cargar las pilas. Corramos un tupido velo sobre la defunción inminente de la sonda anunciada ya por los científicos. Pero no pasemos por alto lo que cayó el miércoles, con lo que está cayendo. Esto es: 1.300 millones de euros gastados exactamente para qué.

Daniel Marín, en El impacto de Philae en los medios o el periodismo acientífico, le da merecida réplica. Con datos y tal:

[…] es prácticamente imposible hacer una sonda más barata que Philae con su nivel de instrumentación científica. Y es que Philae no es una ‘simple lavadora’ cuyo objetivo es posarse en el cometa para plantar una bandera, no señor. Philae es un auténtico laboratorio en miniatura (98 kg) con diez instrumentos altamente sofisticados que van desde cámaras hasta espectrómetros de masas, pasando por sensores de temperatura para el subsuelo o cromatógrafos.

Philae era la guinda del pastel de la misión Rosetta, una misión que incluso sin la participación de Philae ya se puede considerar un gran éxito (todavía no un éxito total, pero sí un éxito rotundo). La inversión en la exploración del espacio no solamente es útil, es necesaria. Desde un punto de vista material, el dinero destinado al espacio a través de la ESA se invierte en empresas y organizaciones europeas que crean trabajo y nuevas tecnologías, tecnologías que aumentan la competitividad de la iniciativa privada y que pueden ser aplicadas en múltiples ámbitos de la «vida diaria».

Pero más allá del vil metal, tenemos que tener en cuenta que no vivimos en una burbuja aislada de la realidad, sino en un planeta frágil que forma parte del sistema solar. Explorar nuevos mundos demuestra lo mejor de lo que somos capaces como especie, pero también nos ayuda a entender un universo que a veces es hostil y que en cualquier momento puede volverse en contra nuestra. Philae y Rosetta son los emisarios de la humanidad ahí fuera, auténticos pioneros que se adentran en lo desconocido. Y los hemos construido en Europa. Es algo de lo que deberíamos estar orgullosos.

Las negritas son mías y las suscribo al cien por cien; en realidad suscribo todo lo que dice Daniel.

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