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El Kepler, pendiente de un giroscopio

Kepler en órbita - NASA
Impresión artística del Kepler en órbita - NASA

El telescopio espacial Kepler, cuya misión es cazar planetas extrasolares, hace esto «mirando» fijamente a una zona de la Vía Láctea situada entre las constelaciones del Cisne y Lyra, midiendo variaciones en la intensidad de la luz que nos llega de las estrellas que ve.

Para poder llevar a cabo su misión es muy importante que permanezca absolutamente estable, para lo que contaba con cuatro volantes de reacción, que son como una especie de giroscopios.

Los volantes de reacción son muy útiles en las naves espaciales porque no consumen combustible, ya que utilizan un motor eléctrico que se puede alimentar con paneles solares.

Los volantes de reacción del Kepler - Ball Aerospace
Los volantes de reacción del Kepler van montados en la parte inferior de la sonda - Ball Aerospace

Pero uno de las cuatro ruedas de reacción del Kepler, en concreto la número 2, falló en enero de 2012, dejando al Kepler al límite, pues con menos de tres en funcionamiento es imposible mantenerlo lo suficientemente estable.

Y a principios de enero de 2013 los datos de mantenimiento recibidos del Kepler indicaron que la número 4 estaba empezando también a mostrar demasiada fricción, por lo que se tomó la decisión de parar tanto la 4 como la 1 y la 3.

En estas condiciones el Kepler no puede seguir haciendo observaciones, pero el parar las ruedas de reacción es una de las posibles estrategias de mantenimiento, ya que el mantenerlas parada puede permitir que el lubricante se redistribuya.

Afortunadamente según se puede leer en Kepler Mission Manager Update: Kepler Returns to Science Mode tras volver a ponerlas en marcha el 28 de enero los datos de mantenimiento indican que todo vuelve a funcionar correctamente, con lo que Kepler podrá seguir recogiendo datos, aunque no deja de ser un recordatorio de que la garantía hace tiempo que terminó y que está en tiempo de descuento.

Claro que hoy en día es cada vez más normal que las sondas espaciales duren mucho más de lo previsto, y si no que se lo cuenten a Opportunity, que acaba de comenzar su décimo año en funcionamiento en Marte cuando el objetivo inicial era que durara 90 días.