Por @Wicho — 13 de Mayo de 2013

Marsone-2025

Por aquí ya mostrado nuestro escepticismo cuando se empezó a hablar de Mars One calificándolo de irrealizable; tampoco nos convenció mucho lo de que la cosa se plantee como una especie de reality.

De hecho tampoco nos creemos los planes de Dennis Tito para enviar a dos personas en una misión de circunnavegación a Marte en el proyecto Inspiration Mars, y eso que son mucho más comedidos.

Por eso no deja de sorprenderme el tiempo y espacio que se le dedica en distintos medios al hecho de que Mars One cuente con 78.000 candidatos para ir a Marte teniendo en cuenta que hay miles de razones por las que el proyecto nunca llegará a ningún sitio salvo, quizás, a llenar de dinero el bolsillo de sus promotores.

Merchandising de Mars One
Merchandising de Mars One

Esos miles de razones son por un lado económicas, pues las estimaciones de 6.000 millones de dólares para el primer lanzamiento y de 4.000 para los consecutivos son ridículas si tenemos en cuenta que enviar a Curiosity a Marte costó unos 2.500 millones de dólares, y eso que Curiosity ni come ni respira.

Y por otro, aunque pudiéramos obviar el asunto de la financiación, que como ya decía Alvy no se arregla con un Kickstarter, resulta que simple y llanamente no tenemos la tecnología para llevar a cabo una misión como esta.

Nuestros lanzadores no tienen la capacidad suficiente, y menos cuando hablamos de lanzamientos hacia Marte, los sistemas de soporte vital de las naves tripuladas no tienen ni de lejos la autonomía necesaria para un viaje tan largo, por no hablar del asunto de la protección contra las radiaciones de sus tripulantes, y por no tener no tenemos ni un traje espacial que les pudiera permitir a los voluntarios de Mars One moverse por la superficie de Marte, etc.

En fin, un enorme despropósito que Daniel Marín y Javier «Irreductible» Peláez se han encargado de desmontar concienzudamente en Esa gran tomadura de pelo llamada Mars One.

De lectura obligatoria, en especial para los que deciden darle espacio en los medios de comunicación sin aplicarle ni un mínimo de pensamiento critico al asunto.

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