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Tecnología para vigilar al Sol desde el espacio y que este no afecte a la tecnología

Como el enormemente complejo sistema que es, la producción de energía del Sol no es constante, y cambia a lo largo del tiempo de forma periódica.

Probablemente el ciclo solar de 11 años descubierto por Samuel Heinrich Schwabe y cuyos mínimos y máximos de actividad se corresponden también con mínimos y máximos en la aparición de manchas solares sea el más conocido de los cambios que se producen en el Sol.

Estos ciclos comenzaron a medirse en 1755 y en la actualidad estamos en el ciclo solar 24, que está mostrando hasta un 50 por ciento menos de actividad de la prevista, lo que sigue a una transición entre el ciclo anterior y este de con un total acumulado de 806 días sin manchas solares, uno de los máximos -o mínimos según se mire- históricos.

Pero aún así la actividad del Sol está aumentando, y hace apenas unas horas el Solar Dynamics Observatory detectó la erupción solar más potente de lo que va de ciclo:

Region activa 1158
Enormous Flare in Progress in AR 1158: Prominencia de categoría X2,2 en la region activa 1158 a las 01:53 UTC del 15 de febrero de 2011

Las erupciones solares son explosiones en la atmósfera solar que tienen lugar precisamente en las manchas solares -aunque no todas las manchas solares van asociadas a erupciones- que liberan enormes cantidades de energía y de partículas aún más energéticas de lo normal en el viento solar.

Estas erupciones, de vez en cuando, apuntan además hacia la Tierra, y aunque la atmósfera y el campo magnético de la Tierra nos protegen de los efectos de las radiaciones como los rayos gamma y los rayos x, los satélites y astronautas que están en el espacio no gozan de esta protección y pueden verse afectados de forma temporal o incluso permanente

El problema de los rayos gamma es que viajan a la velocidad de la luz, con lo que cuando vienen hacia aquí a menudo no hay mucho que hacer salvo cruzar los dedos para que no causen muchos daños, y ya no es la primera vez que unos astronautas tienen que meterse deprisa y corriendo en la zona más protegida de su nave para resguardarse de una tormenta solar.

En cuanto a las partículas subatómicas, se mueven más lentamente y tardan horas en llegar, y aunque la magnetosfera nos protege de lo peor ellas, permitiéndonos además disfrutar de las auroras, si la erupción es muy fuerte -se clasifican como A, B, C, M o X según la intensidad de los rayos X que emitan- se pueden producir hasta apagones. De nuevo, astronautas y satélites están desprotegidos.

Así que además de para saber más sobre el Sol por el mero hecho de que la vida en la Tierra depende de él, con la dependencia que tenemos en la actualidad de los satélites espaciales y nuestras redes eléctricas y con la presencia permanente de astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional es fundamental disponer de herramientas para poder estar al tanto de lo que allí «se cuece».

Además del ya mencionado SDO en la actualidad están observando el Sol desde el espacio entre otros el Advanced Composition Explorer, el telescopio espacial TRACE, el SOHO, y las dos sondas de la misión Estereo, que tras haber sido lanzadas en octubre de 2006 hace unos días al fin alcanzaban los 180 grados de separación en sus órbitas (una va 90 grados por delante de la Tierra, la otra 90 por detrás).

Esto nos va a permitir obtener, por primera vez, imágenes de toda la superficie del Sol a la vez, algo imposible de hacer desde la Tierra, que ayudarán a analizar mejor lo que pasa allí, pues igual que sucede en las atmósferas de los planetas, la del Sol funciona como un todo interconectado.

(Se me ocurrió todo esto investigando la que, hasta ayer, era la mayor erupción solar de este ciclo, vista en Universe Today).