Por @Wicho — 17 de Septiembre de 2009

La radiación cósmica de microondas es una forma de radicación electromagnética que llena todo el universo y que sólo es visible mediante radiotelescopios.

Su estudio es extremadamente importante, ya que cualquier modelo que pretenda explicar el origen de nuestro universo tiene que tenerla en cuenta y explicar su presencia, algo que por ejemplo la teoría del Big Bang hace sin mayores problemas, lo que de hecho hace que muchos científicos la consideren una de las principales pruebas de la validez de este modelo.

Aunque es muy similar se mire a donde se mire, esta radiación presenta pequeñas variaciones, conocidas como anisotropías, que entre otras cosas podrían explicar la creación de las estructuras actuales del universo pues expandidas al tamaño actual de este se corresponden con este, por lo que su medición y estudio es un campo en el que se investiga activamente.

Anisotropías WMAP
Mapa de anisotropías de la sonda WMAP de la NASA

El mayor problema para estudiarla es que esta radiación sería, por decirlo de una forma muy simplificada, y que me perdonen los astrofísicos que nos leen, el resto de la enorme energía liberada con el Big Bang que se habría ido enfriando conforme pasaron los años, con lo que hoy en día su temperatura está en los 2,725 kelvin, por lo que hacen falta instrumentos muy sensibles y enfriados casi al cero absoluto para poder detectar las más pequeñas variaciones en ella, pues estas son del orden de una millonésima de grado.

El observatorio Planck de la Agencia Espacial Europea, lanzado el pasado mes de mayo, tiene precisamente la misión de realizar mediciones extremadamente detalladas de la radiación de fondo, y la ESA ha hecho hoy públicas las imágenes de la primera observación contínua de dos semanas realizada por este observatorio, llevada a cabo entre el 13 y el 27 de agosto pasados.

Primera luz del Plack
Primera luz del Planck

Durante estas dos semanas los instrumentos del Planck, que gira continuamente sobre su eje, han producido una tira de unos 15 grados de ancho por cada una de las nueve frecuencias que cubren con el objetivo de comprobar la estabilidad de estos y la capacidad de mantenerlos calibrados durante largos periodos de funcionamiento, objetivo que para la agencia ha quedado demostrado según se puede leer en La primera luz de Planck adelanta resultados prometedores.

Es por esto que el Planck se considera ya en pleno funcionamiento y ahora está previsto que durante los próximos quince meses, que es la duración inicialmente programada de su misión, no pare ni un solo instante.

Se calcula que en este tiempo será capaz de producir dos mapas completos del cielo, el primero de los cuales estaría listo en unos seis meses.

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