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Kepler-37b, el planeta más pequeño que conocemos, al menos por ahora

Kepler 37-B
Impresión artística de Kepler 37-B - ESO/L. Calçada

Las observaciones del Kepler han permitido confirmar la existencia de Kepler-37b, un planeta extrasolar en órbita alrededor de una estrella en la constelación de Lyra situada a unos 210 años luz de la Tierra.

Lo que hace especial a Kepler-37b entre los cerca de 900 exoplanetas cuya existencia se ha confirmado hasta la fecha es que es apenas más grande que la Luna, y considerablemente más pequeño que Mercurio, lo que lo hace, simplemente, el planeta más pequeño que conocemos: NASA's Kepler Mission Discovers Tiny Planet System.

Comparativa de tamaños
De izquierda a derecha: Mercurio, Kepler-37b y la Luna, todos ellos a la misma escala; la Tierra ocuparía todo el ancho de la imagen a esta escala (vía Phil Plait) - Mercurio: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington; Kepler-37b: NASA/JPL-Caltech/T. Pyle; Luna: NASA/Goddard Space Flight Center Scientific Visualization Studio

Eso sí, los científicos creen que Kepler-37b no tiene atmósfera y saben que orbita su estrella cada trece días a unos 15 millones de kilómetros, menos de un tercio de la distancia de lo que lo hace Mercurio, con una temperatura en su superficie estimada en poco más de 400 grados, por lo que es obvio que queda muy fuera de la zona habitable de su estrella.

Kepler-37b está acompañado por otros dos planetas, Kepler-37c, que es algo más pequeño que Venus, con un tamaño de unos tres cuartos el de la Tierra, y Kepler 37-d, con el doble de tamaño que la Tierra. Sus órbitas son de 21 y 40 días respectivamente, y sus órbitas están a unos 20 y 30 millones de kilómetros de Kepler 37, con lo que también estarán bastante «recociditos».

Comparados con los primeros planetas extrasolares que éramos capaces de detectar, todos ellos en la categoría de los super Júpiteres, Kepler-37b y sus colegas son un gran avance.

Esto es porque cada vez somos capaces de detectar variaciones más ligeras en la luz que nos llega de sus estrellas provocada por sus tránsitos, lo que cada vez nos permite ir afinando más la caza de planetas extrasolares, y por lo que quizás Kepler-37b no mantenga durante mucho tiempo su récord.

Otra curiosidad del descubrimiento de Kepler-37b es que parte del trabajo de análisis necesario para terminar de determinar su tamaño fue financiado mediante crowdfunding a través del proyecto Pale Blue Dot.