Por Nacho Palou — 29 de Octubre de 2015

Ethical Cars
A, B o C. En cualquier caso el ocupante y dueño del coche autónomo muere.

En MIT Technology Review, Why Self-Driving Cars Must Be Programmed to Kill,

Aquí surge el dilema. Imagina que en un futuro eres el propietario de un coche autónomo. Un día, mientras circulas y debido a una serie de desafortunados sucesos el coche acaba dirigiéndose hacia una multitud de diez personas situadas en medio de la carretera. El coche no puede detenerse a tiempo, pero puede evitar arrollar a esas diez personas dando un volantazo hacia una pared. Esta colisión te mataría a ti, el ocupante del vehículo y su propietario. ¿Qué debería hacer entonces el coche?

La respuesta no es tan sencilla como considerar que es mejor perder una vida que diez. No hay una respuesta correcta y otra incorrecta. Según el estudio, de entrada el público estaría de acuerdo en minimizar los daños, siempre y cuando no sean ellos —o su familia o un hijo— quienes viajan en ese coche, de modo que la respuesta cambia con cada escenario y caso particular.

Por otro lado en el caso de que los coches autónomos estuvieran programados para matar a su dueño y a sus ocupantes en un momento dado aunque fuera sólo bajo esa premisa —provocar el menor número de bajas— supondría que buena parte del público no compraría esos coches; habría menos o ningún coche autónomo circulando y por tanto no habría una reducción en el número de víctimas por accidentes de tráfico (que es la gran promesa de la conducción autónoma, pero mientras tanto el proceso de sacarse el carnet de conducir todavía tiene mucho margen de mejora para la formación de los conductores humanos.)

El asunto no es nuevo, pero ahora empiezan a circulas coches con piloto automático y diversos niveles de autonomía, «desarrollar una moralidad algorítmica se ha vuelto urgente», según los investigadores.

La opción que se baraja consiste en programar los coches autónomos para que los accidentes sean accidentes añadiendo aleatoria a las decisiones que pueda tomar un coche autónomo en caso de accidente inminente, de modo que ocurran cosas.

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Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar un botón que encaminará al tranvía por una vía diferente, por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón?

Esta es la definición del dilema del tranvía, un conocido experimento mental de ética aplicable en este caso.

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Aunque no se puede ver ni comprobar, el autor de este vídeo asegura que fue el piloto automático de su coche Tesla el que evitó la colisión.

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