Por @Wicho — 10 de Octubre de 2026

Sin despreciar los otros cada vez me gustan más los museos pequeños y manejables y especializados en temas muy concretos. Mi más reciente descubrimiento en este campo ha sido el Museo del Neón de Varsovia. O quizás mejor el Museo de los letreros de neón de Varsovia;.

Letreros de neón al estilo del archiconocido, al menos en España, letrero de Schweppes en la plaza de Callao en Madrid. Aunque con una vuelta comunista, lo que los hace especialmente peculiares.

Como te cuentan nada más entrar el neón fue descubierto en 1898 por los químicos británicos William Ramsay y Morris Travers. Y aunque intentaron utilizarlo para iluminación doméstica nunca fue realmente práctico para eso. Sin embargo el ingeniero francés Georges Claude vendió un letrero de este tipo en 1913 a una peluquería en París y en pocos años terminaron extendiéndose por todo el mundo.

Varsovia fue una de las ciudades en las que más lo petaron y entre las décadas de los 20 y los 30 del siglo XX llegó a haber decenas de letreros de neón de todos los tipos. Letreros que resultaron arrasados en su práctica totalidad, igual que la ciudad, en la Segunda Guerra Mundial.

Pero –y aquí viene el giro de guión inesperado de este museo y de esta historia– las autoridades soviéticas del país decidieron a finales de la década de los 50 que querían recuperarlos como forma de dar luz y color a las ciudades. Aunque no a lo loco, por supuesto, no fuera a ser que se colara el capitalismo o algo parecido a través de ellos. Así que crearon la empresa estatal Reklama para gestionar su diseño, empresa en la que trabajaron algunos de los mejores diseñadores polacos.

Poco a poco Varsovia volvió a verse poblada por letreros de neón, hasta pasar de los cien. Aunque la caída del comunismo hizo no sólo que dejaran de crearse letreros nuevos sino que además muchos de ellos fueron estropeándose y no pocos terminaron en el chatarrero.

Hay un documental de la televisión polaca, adecuadamente titulado Neon, que cuenta toda esta historia.

Hasta que en 2006 la fotógrafa polcaco-británica Ilona Karwińska comenzó a fotografiar los que quedaban a modo de proyecto personal. El primero que quiso fotografiar fue uno en el que se leía Berlín y resultó que cuando llegó a hacerlo el letrero ya no estaba. Descubrió entonces que lo iba a tirar. Y dice que en ese momento ella y su pareja, el diseñador británico David S. Hill, decidieron que iban a empezar a coleccionarlos.

Además, cuando las fotos empezaron a ser vistas en exposiciones se encontró con que personas de toda la ciudad se ponían en contacto con ella para ofrecerle letreros. Primero los metían en una nave para evitar que acabaran en la basura. Pero al final en 2012 abrieron al público el museo.

Foto de una de las salas del museo con letreros de varios tipos

Aún más letreros
Algunos de los letreros del museo – Wicho/Microsiervos

En él se pueden ver decenas de ellos en funcionamiento junto con unos carteles que explican dónde estaban y qué tipo de establecimiento era el que anunciaban. Aunque no sólo hay letreros de Varsovia; también se pueden ver algunos de otras ciudades del bloque soviético. Al tiempo en los almacenes del museo hay aún letreros que esperan su turno para ser restaurados y devueltos a la vida.

Cabeza de una vaca con un trébol en la boca asomándose detrás de una botella y un vaso
Letrero del «bar de leche» Bambino – Wicho/Microsiervos

Pero el museo no se limita a restaurar letreros para su sede, que por cierto está en el cuarto piso del más que muy soviético y mucho soviético Palacio de la Cultura y la Ciencia, sino que en los últimos años están también devolviendo algunos a sus lugares originales. O, si el edificio ha sido demolido o resulta imposible colocarlos en el mismo sitio, lo más cerca posible.

Además, no sé si por influencia del museo o qué, también en los últimos años en Varsovia se está produciendo un renacer del interés por este tipo de letreros; basta con darse un paseo por la noche por sus calles para ver decenas y decenas de nuevos letreros de neón. Que ojalá sigan ahí por muchos años.

Así que si vas por Varsovia, hazle un hueco a sus neones. Merecen mucho la pena.