Por Nacho Palou — 24 de Octubre de 2016

Un vídeo de la vieja escuela, de 1936, que explica magníficamente —con subtítulos en inglés— el funcionamiento de la transmisión y de las marchas de un coche moderno (“moderno” hace 80 años) que hacen que el vehículo adquiera velocidad para moverse hacia adelante y también para moverse hacia atrás.

La explicación comienza con el principio de la palanca, la máquina simple que permite a un hombre mover un vagón de tren, y su aplicación en el automóvil. En un engranaje cada diente es una palanca y los engranajes de la transmisión transmiten, multiplican o dividen, la fuerza y el movimiento producidos por el motor. El vídeo avanza paso a paso en la construcción de una caja de cambios simple, con tres marchas hacia adelante y una marcha atrás.

La primera marcha, la marcha corta, se utiliza para superar la resistencia que ofrece un vehículo parado a comenzar a moverse. En el ejemplo esta marcha hace que la rueda del coche gire a un tercio de las revoluciones de giro del motor. Gira a un tercio de la velocidad, pero con tres veces más fuerza.

La segunda marcha aumenta la velocidad al coche, una vez que ya está en movimiento y la fuerza necesaria para mantener el movimiento es menor. En el mismo ejemplo la tercera macha conecta directamente el motor con el eje de transmisión, permitiendo acelerar el coche tanto como se quiera, o tanto como permita el motor.

También se explica cómo se sincronizan las marchas, igualando su velocidad para que el cambio entre unas y otras marchas sea suave, sin golpes bruscos entre elementos que giran a distintas velocidades.

El vídeo está dedicado a la transmisión de la fuerza del motor hacia las ruedas, por lo que, aunque se trata de una caja de cambios manual, omite todo lo referente al embrague, que es el dispositivo que desconecta la caja de cambios del motor mientras se efectúa un cambio de marcha.

Aunque se trata de una versión simplificada de una caja de cambios ya de por sí bastante simple —no hay que olvidar que se trata de un vídeo de Chevrolet de 1936— probablemente es la explicación más fácil de seguir, y también la más entrañable.

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