Por @Alvy — 6 de Octubre de 2026

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Ayer tuvimos un minidebate de bar sobre las técnicas para quitar el hipo; alguien en la mesa estaba hiposa y acabó resolviéndolo «bebiendo agua pero al revés» (haciendo un poco de contorsionismo y dándole la vuelta a la botella, de atrás adelante). El caso es que a mi me sonaba que todos esos remedios de la abuela son tan inútiles como el placebo, y tras leer confirmarlo leyendo poco al respecto más o menos parece que es así.

La ciencia no tiene muy claro qué causa esas contracciones involuntarias y los «hip, hip, hip…», pero suele suceder por la distensión del estómago tras comer o beber. Normalmente el hipo desaparece solo al cabo de un rato, pero si perdura puede ser molesto. (Doy fe: una vez me pasé un día entero con hipo y acabé hasta las narices.) Así que el remedio más natural es olvidarlo y simplemente… esperar.

Abuelas que todo lo saben

Lo interesante del asunto es que, al ser un problema poco importante, la ciencia tampoco parece haber explorado mucho acerca de cómo solucionar los ataques de hipo; hay pocos estudios y nada concluyentes. De modo que los remedios de la abuela y los que circulan como leyendas urbanas han tomado su lugar. Algunos tienen una explicación fisiológica digamos que razonable, pero no hay pruebas de que realmente funcionen. O funcionan a veces, o solo en algunas personas y no en otras… Poca ciencia, vamos.

Si se prueban tres de estos trucos seguidos a lo mejor el último se lleva el mérito (¡a mi me funciona!) por pura coincidencia. El caso es que como en el hipo participan circuitos nerviosos relacionados con la respiración, muchos remedios intentan modificar la respiración o esos reflejos automáticos que lo producen. Los ejemplos serían:

  • Beber con una pajita, o a pequeños tragos de agua fría. El estímulo en la boca podría interrumpir el reflejo, pero no está claro cuál sería el mecanismo si acaso funcionara siempre. (Que no lo hace.)
  • Dar un susto. ¡Buuuh! Si está bien dado, podría cambiar bruscamente la respiración y la actividad nerviosa. Es tal vez el más famoso, pero también es altamente especulativo; de hecho las emociones fuertes también pueden producir hipo, así que…
  • Aguantar la respiración (un poco). Esto eleva el CO₂ de la sangre y modifica la actividad respiratoria, lo que podría inhibir el hipo. Es plausible, pero tampoco hay pruebas clínicas y ni mucho menos grupos de control y esas cosas.
  • Tomar una cucharadita de azúcar, morder un limón o probar vinagre. Fórmulas muy abueliles: los granos de azúcar o los ácidos podrían estimular las terminaciones nerviosas de la boca y la faringe, pero tampoco hay una demostración científica de que funcionen.
  • Beber por el borde opuesto del vaso, inclinado. Al cambiar la postura se obliga a modificar cómo se respira y se traga. Tampoco está demostrado que funcione, pero acrobáticamente queda muy divertido.
  • Contar, distraerse o recordar qué comiste ayer. Estos no los había oído en mi vida, pero dicen que podrían cambiar indirectamente el patrón respiratorio. Sin pruebas tampoco, claro.

El colmo de los colmos me parece la versión tecnológica del remedio del agua: HiccAway, que se vende como una «pajita con resistencia» que obliga a succionar con fuerza y después tragar. Lo venden diciendo que funciona en el 92% de los casos… según sus propios estudios y sin grupo de control. Así que me parece un poco cactus antirradiaciones, la verdad. Tampoco parece que sea muy diferente de una pajita normal, todo sea dicho.

¿Qué mal podría hacer?

Lo cierto es que, aparte de perder el tiempo, por su propia naturaleza estos trucos de la abuela tampoco hacen mal si lo que tienes es un ataque de hipo corriente. (No es como la homeopatía; no vas a abandonar un tratamiento médico que funcione, porque ni lo hay ni el tema es importante.) Puedes probar a aguantar un poco la respiración (sin forzar ni ponerte azul); beber agua fría a pequeños sorbos, e incluso hacer acrobacias. A lo mejor suena la flauta, más porque pase el tiempo que por otra cosa, porque ningún método garantiza el resultado. Basta con tener eso en mente.

Eso sí: si el hipo dura más de 48 horas, o te produce dificultades para comer, dormir o respirar, mejor acercarse al médico a ver si es algo más importante que un mero trastorno temporal.

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Foto (CC) Adolfo Félix @ Unsplash.

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