Estos días se han cumplido 25 años de la publicación del artículo de apenas seis páginas Digital Natives, Digital Immigrants, en español Nativos digitales, inmigrantes digitales.
En él su autor, Marc Prensky, decía que «Nuestros alumnos han cambiado radicalmente. Los alumnos de hoy en día ya no son las personas para las que se diseñó nuestro sistema educativo.»
Y basaba esa afirmación en la diferencia que ya entonces apreciaba entre los alumnos, acostumbrados de toda la vida a vivir rodeados de tecnología digital, los nativos digitales, y los inmigramtes digitales, el profesorado, o las personas de más edad en general, que para nada había crecido rodeado de esa tecnología y que en el mejor de los casos estaba intentando adaptarse a esa tecnología digital.
Él defendía, además de que los profesores tuvieran que adaptarse, la necesidad de que esa adaptación en cuanto a metodología y contenidos.
Y más o menos este es el resumen del artículo.
Pero al poco de la publicación del artículo la expresión nativo digital empezó a ser aplicada a todas esas personas que en efecto habían crecido rodeadas de tecnología pero con la connotación de que precisamente por eso no hace falta educarlas en ello; es como que ya vienen enseñadas de serie.
Sólo por esto ya se les supone unas habilidades poco menos que innatas a la hora de manejar la tecnología, y lo cierto es que por lo general solían ser los únicos capaces de programar el vídeo en casa o de poner en hora el microondas. También se les supone capaces de moverse con total soltura en Internet y que esta no tiene secretos para ellos.
A esto ayuda que los teléfonos móviles, tablets y ordenadores cada vez son más fáciles de utilizar, así que tienen una soltura al manejarlos que parece innata. Pero yo me pregunto si el chimpancé Sugriva también es un nativo digital:
Aunque yo llevo años diciendo que basta con rascar un poco por debajo de la superficie para ver que en realidad no todos los jóvenes son esos supuestos «nativos digitales», ni mucho menos; que si los sacas de la red social de moda del momento hay muchas habilidades de las que carecen. Y eso por no hablar de una preocupante falta de criterio a la hora de filtrar la información con la que se topan en Internet, que suelen dar por buena sin un mínimo de pensamiento crítico.
Suelo poner como ejemplo los armarios. Todos los supuestos nativos digitales han crecido en casas en las que hay armarios y no por ello son nativos armarícolas; hay que enseñarles a usarlos (e insistirles en que lo hagan). Los coches también me sirven como ejemplo, pues por mucho que los supuestos nativos digitales hayan crecido en casas en los que hay uno o dos, aún tienen que sacar el carnet de conducir.
En realidad, creo que sería adecuado decir que todos somos inmigrantes digitales, aunque unos vengamos de más lejos que de otros.
Por eso llevo años diciendo que los nativos digitales no existen, no al menos en los términos en los que habitualmente se habla de ellos. Y tan convencido estoy de ello que hace unos años, junto con Susana Lluna, coordiné la edición de un libro que se titula exactamente así.
La idea siempre fue que Los nativos digitales no existen sirviera como guía para padres, profesores, orientadores, etc., muchos de ellos desesperados porque creen que sus hijos han perdido el norte con las redes sociales cuando lo que pasa es que en realidad están mucho más verdes en el uso de las TIC de lo que se suele pensar.
Y como éramos conscientes de que muchos padres de estos hijos supuestamente desnortados no se encuentran cómodos frente al libro electrónico desde el principio buscamos que el libro estuviera disponible en formato árbol muerto, tanto en librerías de toda la vida como en librerías en línea, no sólo como libro electrónico.
Sin embargo teníamos claro que queríamos publicarlo bajo una licencia Creative Commons para facilitar su difusión, lo que temíamos que nos complicara encontrar editorial, aunque en ese sentido hemos de decir que tuvimos la enorme suerte de que Deusto aceptara publicarlo bajo esta licencia desde el mismo momento en el que empezamos a hablarles del proyecto.
Todos estos años después –el libro salió a principios de 2017– el libro aún está disponible en papel. Pero si alguien lo quiere en formato epub no tiene más que ponerse en contacto conmigo.
