Por @Wicho — 7 de Octubre de 2026

Cuando estrenaron Person of Interest (Vigilados), no recuerdo en qué canal de TV, empecé a seguirla con bastante interés (guiño guiño codazo codazo). Pero los típicos cambios de horario y de día de emisión hicieron que no tardara mucho en perderle la pista. Hasta que este verano me la volví a encontrar en Netflix y por fin pude verla entera y a mi ritmo. Y vaya serie más buena ha resultado ser.

La premisa es que el gobierno de los Estados Unidos dispone de un sistema al que llaman la Máquina que, sacando información de múltiples fuentes, ya sean abiertas o privadas, con permiso o sin él, y esto incluye cámaras de circuito cerrado y micros situados en cualquier sitio, es capaz de señalar a una persona o personas que suponen un riesgo de seguridad para el país, las personas de interés que dan título a la serie.

Con esa información la agencia que maneja la Máquina envía a sus agentes de campo a tomar cartas en el asunto. Lo que suele implicar un par de tiros o tres y listo. ¿Que qué fue de aquello de que todo el mundo tiene derecho a un juicio justo? Pues se ve que a La Máquina o a quienes la usan no se lo contaron. O les tira de un pié.

Pero resulta que mientras trabaja la Máquina también identifica personas que se van a ver involucradas en actos violentos pero no en terrorismo, personas que son descartadas por irrelevantes.

Para cuando comienza la serie nos encontramos con que el Sr. Finch está dedicando su tiempo y sus grandes recursos –es muchimillonario– precisamente a intentar ayudar a esas personas irrelevantes. Como lo suyo es el geekerío, colarse en bases de datos, hackear cerraduras electrónicas en remoto y cosas así, recluta a John Reese como su agente de campo para cuando hay que dar alguna piña o algo.

Es cierto que al principio la serie parece la típica en la que cada semana resuelven un caso –algo estilo C.S.I.– y listo. Aunque a poco que le des una oportunidad pronto empieza a haber algunos flashbacks y otras pistas que permiten ver que las cosas son mucho más complejas y complicadas de lo que parecen y que hay una historia mucho más grande que la de lo que hacen Finch y Reese cada semana.

La descripción
Finch y Root siendo vigilados y etiquetados como amenazas – Warner Bros. Television

Sin querer hacer espoilers la serie va tratando cosas como si el fin justifica los medios, como por ejemplo con las acciones de la agencia que utiliza La Máquina; o la responsabilidad individual a la hora de tomar decisiones, algo que el tío Ben comprendería perfectamente; o cómo de rígido puedes ser con tus valores si todo parece indicar que te estás equivocando al querer seguir rigiéndote por ellos.

Pero también habla de cosas como el poder de los algoritmos, la alineación –o no– de una inteligencia artificial con las necesidades de las personas que la usan y de si con esas dudas se pueden delegar en ellas según qué decisiones, o de si una IA puede tener conciencia y libre albedrío y sus propias motivaciones.

Y todo esto en una serie estrenada en 2011, dos años antes de que Edward Snowden revelara que en efecto el gobierno de los Estados Unidos sometía a su población a una vigilancia que iba mucho más allá de lo legal en aras de garantizar su seguridad. Casi quince años antes de que tuviéramos a ChatGPT y familia haciendo cosas que para algunos indican que cualquier día de estos las máquinas se van a hacer con el poder. Y eso por no hablar del uso de las IA para hacer la guerra y escoger objetivos; y si nos descuidamos, pronto para ejecutar ataques por su cuenta.

Mola mucho también que los personajes, en especial los que se supone que son los buenos, no son seres de luz sino que tienen sus taras y sus dudas y que no siempre son capaces de vencer sus prejuicios a la hora de tomar según qué decisiones.

En fin, para mí no sólo es que la serie haya envejecido muy bien; es que además en la actualidad es aún mucho más relevante que cuando fue estrenada.

Son cinco temporadas, cuatro de 22 o 23 episodios (23, 22, 23 y 22 por si quieres saberlo con exactitud) y una quinta de sólo 13 episodios cuando CBS decidió cancelar la serie porque ya no le era rentable. Aunque afortunadamente avisaron con tiempo y esa quinta temporada deja cerrado el arco principal de la historia. Que te guste o no el final ya es otra cosa porque una cosa que dejan claro los guionistas a lo largo de la serie es que no les tiembla la mano al escribir según qué cosas.

Pero se quedan en el tintero algunas ideas que seguro que habrían dado mucho juego si la cadena hubiera autorizado una sexta temporada que los responsables de la historia tenían pensada y que apenas empiezan a intuirse en la quinta.

En fin, que corras a verla. No te arrepentirás.