Por Nacho Palou — 5 de Marzo de 2008

Un par de lecturas recientemente coincidentes en el tiempo me hicieron recordar la fenomenal anotación de Kirai Predicción de terremotos mirando las nubes que trata sobre la fascinante, aunque aún poco aceptada, teoría de las “nubes sísmicas”. Desarrollada por Zhonghao Shou, la teoría de las nubes sísmicas establece que ciertos tipos de nubes indicarían la proximidad de un terremoto a corto plazo, unos treinta días de promedio.

Una de las lecturas referidas fue un capítulo del libro Guía del Observador de nubes, de Gavin Pretor-Pinney, donde cuenta como Shou, químico jubilado de origen Chino, comezó a relacionar ciertos tipos de nubes con terremotos, partiendo de imágenes públicas procedentes de satélites meteorológicos.

El característico aspecto de las nubes sísmicas, en forma línea o de pluma, servirían para indicar la posición y el punto de origen de la falla, y su tamaño tendría relación con la intensidad sísmica y por tanto con la magnitud del terremoto.

El origen de la nube está en el vapor de agua procedente del interior de la tierra que se escapa por las grietas del terreno que anteceden a la falla. Al entrar en contacto con el aire frío, las partículas de agua caliente en ascensión forman nubes de aspecto concreto.

La teoría de Shou llamó la atención de los sismólogos cuando anticipó el terremoto que asoló Irán el 26 de diciembre de 2003. Unos días antes, el 21 de diciembre, Shou predijo un terremoto de intensidad 5,5 en su página web, Earthquake Clouds and Short Term Prediction.

Imagen satélite nube sísmica
Utilizando esta imagen del satélite Meteosat, Shou situó el epicentro en la punta superior de la nube alargada (cerca de la A, en la imagen); ése fue el punto de origen de un terremoto de 6,5 en la escala Richter que cinco días después costó la vida a 26.000 personas.

Según Shou, su sistema funciona en el setenta por ciento de los casos trabajando con imágenes públicas de baja resolución, lo que podría mejorar si tuviese acceso a datos de mayor exactitud.

Curioso es que hay antecedentes de este tipo de observaciones tan antiguas como la realizada por Aristóteles en el año 77 y que recogió Plinio el Viejo en el Libro II de su Historia Natural.

... Hay también un indicio en los cielos, pues cuando se acerca una sacudida en el cielo despejado se extiende una nube como una línea fina y larga.

Además de otros registros en los siglos siguientes recogidas en el mencionado libro.

La otra lectura en parte relacionada, por si te interesa, se refiere a la posibilidad de que fuertes lluvias puedan inducir temblores o terremotos: Heavy rain can trigger earthquakes.

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