Por @Alvy — 8 de Octubre de 2026

La radiación de las antenas de telefonía comparadas con una bombilla del salón (CC0) Alvy

En la charleta de bar del otro día salió el tema de las antenas de telefonía del barrio, que son muy llamativas por su ubicación en un edificio de viviendas, justo enfrente precisamente de la terraza del bar (no son nuevas, pero deben ser 5G+4G). Tuve que oír cosas <dramatización> como: ¿Son peligrosas? ¿Nos dañarán el ADN? ¿Nos darán cáncer, nos saldrán antenas y tentáculos? En fin, cosas que surgen cuando no hay nada mejor de lo que hablar, supongo.

Ya hemos explicado por aquí más de una vez que este tipo de antenas no son peligrosas y que aunque moriremos todos tarde o temprano, no será por las antenas. ¿Permitiría el ayuntamiento que hubiera equipos peligrosísimos para la salud de los ciudadanos por toda la ciudad? ¿Rayos de la muerte cruzando de un lado a otro de la calle? Pues, hombre… va a ser que no.

Cuestión de radiaciones

Este tipo de antenas tan comunes emiten lo que se llama radiación no ionizante, como la luz visible de una bombilla o los infrarrojos de un mando a distancia. «Radiación» significa que la energía viaja mediante ondas; no implica radiactividad. Y «no ionizante» significa que cada fotón (que son como paquetes de energía), carece de energía suficiente como para llegar a arrancar los electrones de los átomos cuando choca con ellos. Por comparar, los rayos X sí que pueden hacerlo; por eso se tiene mucho cuidado con exponerse demasiado a ellos. Pero las ondas de telefonía no son rayos x y, simplemente, no pueden dañar el ADN.

Si queremos una comparación cotidiana la tenemos en el salón: encender una bombilla también nos expone a radiación no ionizante. Sus fotones tienen más energía que los de telefonía, aunque eso no determina por sí solo el riesgo. Importan la intensidad y cuánto absorbe el cuerpo. Una lámpara infrarroja (como las de broncearse o las que se usan en algunos terrarios) puede calentar; una radiofrecuencia suficientemente intensa también. Por eso hay límites de exposición. Pero «no ionizante» significa precisamente que es inocua a cualquier potencia.

Según la ICNIRP (la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante), las investigaciones sobre cómo afecta a las personas la exposición normal a las estaciones base de telefonía no aportan pruebas concluyentes de que haya efectos perjudiciales. Y la OMS (Organización Mundial de la Salud) explica que el calentamiento es insignificante.

Así que queda claro: se puede vivir rodeado de antenas base sin mayores problemas. Las conspiranoias sobre antenas que fríen cerebros, o reprograman la mente en algunas versiones más extremas, necesitarían algo más que flechas rojas sobre una foto de baja calidad reenviada cien veces. Ojalá el 5G controlase nuestras mentes… Así podría usarse para conseguir que recordásemos las contraseñas.

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