Por Nacho Palou — 13 de Enero de 2015

Leo Hidalgo I Love Traveling
I love traveling (cc) Leo Hidalgo

En The New Yorker, Why Airlines Want to Make You Suffer, vía The Loop.

Para que las tasas adicionales funcionen necesitan aplicarse a algo por lo que merezca la pena pagar. Esa necesidad lleva a una estrategia que se puede describir como «miseria calculada». El servicio básico, sin tasas, debe degradarse lo suficiente como para que la gente desee pagar para escapar de él. Y ahí es donde comienza el sufrimiento.

El modelo de tasas lleva a que la mayoría de la gente dedique mucho tiempo y energía a calcular, angustiarse y a pensar en cómo hacer el equipaje con la esperanza de evitar pagar más. Las diferentes tasas hacen que sea más difícil comparar los precios de los billetes, dado que su precio ahora representa sólo una parte del precio total.

Para la mayoría de la gente “los precios de los billetes” es el principal argumento a la hora de decidirse por un vuelo o por otro, de modo que la culpa de que los vuelos se hayan vuelto miserables e incómodos en realidad se puede atribuir a los viajeros.

Esta es la tesis que defiende el artículo en respuesta al anterior Hate Flying? It's Your Fault,

Los vuelos no están cada vez más llenos de gente ni las tasas no son cada vez más altas porque esa sea una buena manera de conseguir más dinero. Más bien la única manera de ganar algo de dinero es programar más vuelos, meter más asientos en los aviones y gestionar a los pasajeros de tal modo que los vuelos vayan completos. El resultado tiene un desagradable parecido con el manejo del ganado que va camino del matadero.

Y en eso tenemos parte de culpa: las aerolíneas nos confinan en asientos diminutos y nos cobran por cualquier cosa porque compramos los billetes con una única premisa: el precio.

Gastar lo menos posible suele ser sinónimo de gastar mal el dinero. La mediocridad creciente de los productos y servicios se debe sobre todo a la transigencia y al conformismo de los consumidores.

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