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Desaprendiendo a leer (mal)

A raíz de una anotación sobre algunas cuestiones que nos atolondran a los que nos pasmos el día pegados a Internet y a los gadgets –cosas cotidiananas como depender demasiado de Google, los GPS o haber perdido la caligrafía– Alfonso hizo este sabio comentario:

Yo añadiría el «desaprender» a leer. Nos acostumbramos a buscar información pasando la vista rápidamente por las líneas de un texto buscando «palabras clave» sobre lo que necesitamos saber (…) Llega un momento en el que ya no leemos nada del modo normal. Ventajas: Me he leído El señor de los anillos en día y medio.

El Señor de los anillos, ilustrado por Alan LeeMi edición en castellano de la trilogía de Tolkien (la ilustrada por Alan Lee) tiene unas 1260 páginas; en inglés creo que son algo más de 500.000 palabras. Ciertamente me parece una aberración haberla «leído» en día y medio. Creo que poco se puede disfrutar de los infinitos detalles de esa obra maestra a esa velocidad supersónica.

En algún lugar recuerdo haber leído hace tiempo que efectivamente cuanto más rápido los textos te parecen (a) menos interesantes (b) más superfluos o (c) más complicados y «espesos». En realidad es porque en ese estado estás algo más que atolondrado: no estás leyendo, sino moviendo mucho los ojos y poco las neuronas.

Hacer esto con la avalancha de información que nos engulle cada día no es fácil, pero merece la pena: disfrutar de cada frase y cada palabra de una novela, un cómic o una película. Saborearlas con calma. Merece la pena el esfuerzo de aprender de nuevo eso que hemos desaprendido debido a la sobredosis informativa.