Por @Wicho — 28 de Mayo de 2021

De una forma un tanto sorprendente Iván Redondo, director del Gabinete del presidente del Gobierno, anunciaba ayer la creación de la Agencia Espacial Española (AEE, suponemos). Aunque no sabemos a ciencia cierta si ese sería el nombre. Pero digo lo de forma un tanto sorprendente porque teniendo a Pedro Duque, un Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades que además es astronauta, lo lógico parece que hiciera un anuncio así él. Pero lo que ha hecho hoy es tuitear que es hora de estudiar la creación de esa agencia. Lo que viene siendo un globo sonda, vaya.

Choteos aparte lo cierto es que la industria aeroespacial española, que es pujante, lleva años pidiendo algo así. Aunque hasta ahora ningún gobierno ha querido coger el toro por los cuernos y meterse con ello, aunque sólo sea por la contribución que ya hace España a la Agencia Espacial Europea (ESA). Una contribución nada desdeñable –es el quinto país que más contribuye– y que además hace un par de años fue aumentada. Pero también es cierto que otros países miembros de la ESA tienen además sus propias agencias espaciales.

Pero por ahora este anuncio –ya sea el de la creación de la AEA o el del estudio de su creación– se enmarca dentro del anuncio de la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional de 2021 que el Gobierno pretende aprobar en los próximos meses.

Así que mientras no sepamos más detalles es complicado valorar si sí o si no. Yo, personalmente, soy más de la opinión de que es mejor afianzar esa contribución a la ESA y afianzar el funcionamiento del INTA, el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial. Pero igual me sorprenden con los detalles. Y ya se sabe que el diablo está en los detalles.

Aunque no hay que olvidar que esto ya nos lo prometieron en 2015.

Compartir en Flipboard Compartir en Facebook Tuitear

PUBLICIDAD



Por @Wicho — 12 de Abril de 2021

Poyéjali!

– Yuri Gagarin
al despegar la Vostok 1

Hoy se cumplen 60 años desde que Yuri Gagarin se convirtiera en la primera persona en salir al espacio a bordo de la Vostok 1. Por una curiosa carambola cósmica se cumplen también 40 años desde el primer lanzamiento de un transbordador espacial de la NASA. Y a punto estuvo de coincidir también hoy el primer vuelo de una aeronave con motor en otro planeta. Entre el lanzamiento de Gagarin y el de Columbia habíamos conseguido llegar a la Luna

Pero cuando se cumplieron 50 años del vuelo de Gagarin escribí un artículo para la web de Radio Televisión Española que titulé ¿Qué ha sido del espíritu de Yuri Gagarin? En él me quejaba de que el «se puede hacer» de los primeros tiempos de la época espacial parecía haberse perdido; de la falta de voluntad de asumir riesgos a pesar de que estamos hablando de, como dicen en Star Trek, la frontera final.

Gagarin se subió a su cápsula Vostok sin que estuviera garantizado en absoluto el éxito de la misión. De hecho las autoridades soviéticas tenían preparados varios discursos en función de cómo terminara la cosa. John Young y Bob Crippen se subieron al Columbia en el que iba a ser su primer lanzamiento; nunca antes la NASA había estrenado una nave tripulada con un lanzamiento en el que fuera alguien a bordo. Y aunque en aquel entonces el Columbia llevaba asientos eyectables en realidad apenas eran útiles durante unos momentos muy concretos durante el lanzamiento y el aterrizaje.

Pero años más tarde asumir esos riesgos era impensable; de hecho la última misión de mantenimiento del telescopio espacial Hubble estuvo cancelada durante algún tiempo porque la dirección de la NASA la consideraba demasiado arriesgada.

Sin embargo en los diez años que han pasado desde aquel artículo hay algo que ha cambiado: el impulso que las empresas privadas le están dando al acceso al espacio; lo que se ha venido en llamar new space. Empresas como Rocket Lab con su sorprendente Electrón y cacharrada asociada y SpaceX –aunque a veces exploten las cosas– que están consiguiendo resultados sorprendentes a un ritmo yo diría que nunca visto antes; la miríada de empresas chinas que están dispuestas a diseñar cohetes par a hacer lanzamientos baratos; Relativity Space y sus cohetes impresos en 3D que quizás veamos volar pronto…

Desde luego para quienes somos del ramo del espaciotrastorno estos últimos años están volviendo a ser realmente emocionantes. Algo que, personalmente, me llena de orgullo y satisfacción por lo que dice de nuestra especie cuando se propone ir más allá.

Relacionado,

Compartir en Flipboard Compartir en Facebook Tuitear

PUBLICIDAD



Por @Wicho — 6 de Abril de 2021

Llevo un tiempo siguiendo con curiosidad el asunto de los NFT. Pero desde la subasta por el equivalente a unos 65 millones de euros de Todos los días: los primeros 5.000 días de Beeple lo sigo más bien con una mezcla de fascinación y terror. Un poco como cuando ves que va a ocurrir un accidente pero no puedes dejar de mirar. Y es que creo que alguien va a acabar haciéndose daño. Aunque al mismo tiempo creo que los NFT bien usados tienen un enorme potencial para que las personas que crean obras de cualquier tipo puedan ganar dinero con ello. Eso sí, como digo siempre, cuando Apple sacó el iPod original crfeí que se habían equivocado de cabo a rabo e iban a terminar con la empresa. Así que no me hagáis mucho caso. O sí. Caveat emptor y tal. Aunque yo no os quiera vender nada.

Empecemos por el principio: ¿qué es un NFT? Viene de las siglas en inglés de token no fungible. Que para entendernos es como una especie de certificado digital de originalidad que se puede asociar a cualquier ítem digital. No tiene por qué ser una imagen, que es lo que más se ve últimamente. Puede ser un vídeo, música, un texto… en general cualquier cosa que esté en formato digital; incluso puede ser una foto o un escaneo de una obra que ha sido creada en el MundoReal™. Está basado en tecnología blockchain, por lo general en la de Ethereum, aunque hay otras opciones más minoritarias. Pero a diferencia de las criptomonedas cada NFT es único, de ahí que pueda servir como prueba de autenticidad. Es como si en el MundoReal™ tienes un Banksy que además de firmado por él va acompañado por un certificado de Pest Control que lo autentifica. Un NFT tiene además la ventaja de permite seguir su historial de transacciones asociado ya que estas quedan guardadas automáticamente.

Creo que es muy importante tener muy claro que los NFT, por limitaciones técnicas, normalmente no pueden contener las obras digitales que certifican. Así que lo que hacen es una ñapa: contienen un enlace a una copia de esa obra que está en algún servidor accesible a través de Internet. Lo cuenta Anil Dash, uno de los creadores de los NFT en NFTs Weren’t Supposed to End Like This.

NFTs que desaparecen

Los NFT apuntan a una copia que está disponible en Internet… o que debería estarlo. Porque… ¿qué pasa si ese servidor se cae? ¿O si la empresa a la que has comprado el NFT desaparece y con ella toda su presencia en línea? Aunque para esto se tiende a usar el IFS (Interplanetary File System), que se supone funciona aunque no haya un servidor concreto, como en las redes P2P. También hay un cierto lío de formatos a la hora de almacenar y representar los NFT que puede hacer que no se vean en según qué cartera electrónica.

Y también puede suceder que la copia de la obra a la que apunta el NFT sea borrada porque quien la ha subido no tenía los derechos; es algo que ya está pasando. Aunque es un poco del género bobo vender un NFT sobre el que no tienes derechos porque al estar basado en blockchain tirando hacia atrás se pueden seguir todas las transacciones asociadas. Claro que es de poco consuelo para quien lo hay comprado, que necesariamente va a tener fácil recuperar su dinero, ya sea virtual o «de verdad».

En ¿Qué adquiero cuando compro un NFT? hay una explicación muy detallada de los aspectos de propiedad intelectual que rodean todo esto.

«Originales» en un mundo perfectamente copiable

Dicho todo esto mi primer problema con los NFT, o al menos con los precios que están alcanzando algunos de ellos asociados a determinadas obras, es si me aporta algo como admirador de la obra de alguien tener una copia de una de sus obras asociada a uno de ellos. Y más cuando, por definición, las obras en soporte digital son infinitamente copiables sin pérdida de calidad. Es más, ¿quién me asegura que no se van a producir millones y millones de NFT con la misma obra que yo he pagado si el contrato de compra no lo dice específicamente? A fin de cuentas son mucho más sencillos de producir que una edición limitada de grabados, por ejemplo. Salvo el coste ecológico de producirlos, claro. Más sobre esto más abajo.

Y por mucho que me puedan asegurar que no se va a hacer ningún NFT más basado en una obra determinada es imposible saber si alguien ha hecho una captura de pantalla –o se ha bajado el archivo que se mostraba en línea– mientras estaba a la venta o en subasta. Que igual no tiene la misma resolución que el original pero igual tampoco importa tanto. O en absoluto. En el caso de la obra de Beeple, por ejemplo, el «original» NFTeado es un jpeg de 21.069×21.069 pixeles. Pero es fácil encontrar copias por ahí. De hecho en la misma web de Christie's, que fue dónde se subastó, hay una copia a algo más de 6.000×6.000 pixeles que para ver en la inmensa mayoría de dispositivos digitales es más que suficiente. En fin que por 65 millones de euros que, en cualquier caso no tengo, tengo muy claro que no hay NFT que valga.

NFT de la imagen de una columna de Kevin Rose – New York Times
Un NFT de esta imagen de una columna de Kevin Rose en el New York Times se vendió por 560.000 dólares

Sin embargo, creo que a precios razonables podrían ser una forma de mostrarle mi reconocimiento y darle mi apoyo a aquellas personas que crean obras que me gustan. Pueden ser también una forma relativamente sencilla de que estas personas cobren por creaciones suyas que se vendan, por ejemplo, dentro de un juego –skins, accesorios, etc–, o incluso que estén expuestas en un museo digital. Otra cosa será convencer a alguien de que entre en ese museo cuando lo más seguro es que pueda encontrar copias de esa obra en mil sitios más sin tener que pagar por ellas. Aunque yo siempre he sido de pagar; creo que los creadores tienen todo el derecho de intentar vivir de su obra. Pero también es cierto que hay formas de cobrar que no tienen el coste ecológico de los NFT: una tarjeta de crédito, PayPal, Patreon, etc, por citar algunos ejemplos.

Los NFT, además, pueden llevar asociados cláusulas que aseguren que en una primera venta cobre todo –o todo menos las correspondientes comisiones la persona que lo haya creado– y que en ventas sucesivas cobren un porcentaje determinado de cada una de esas transacciones.

NFT de Overly Attached Girlfriend
Un NFT de Overly Attached Girlfriend se vendió por casi 420.000 dólares

Otros riesgos

Otra cosa es la volatilidad asociada al valor de las criptomonedas y que las personas que hayan creado la obra original vean como buena parte de lo que han ganado se esfuma. O no, pero no deja de ser un riesgo añadido si no convierten pronto ese criptodinero en dinero «de verdad» o en bienes. No es que sea dinero del Monopoly, como he visto afirmar en algunos sitios, porque, al menos hoy por hoy, te lo cambian sin mayor problema. Pero es un riesgo añadido.

Los NFT, como decía antes, llevan además asociado un coste ecológico nada despreciable relacionado con el enorme consumo de electricidad y recursos necesario para generar los NFT propiamente dichos y para, más tarde, gestionar su compra y venta, ya sea directa o mediante subasta, así como posibles subastas posteriores.

En fin, que estoy seguro de que se me escapan mil cosas y matices, pero me parece que la burbuja que se está formando alrededor de los NFT tiene que estallar más bien pronto que tarde. Al estilo de la de los tulipanes en los Países Bajos en el siglo XVII, como adelantaba Alvy hace unos días. Y que sólo los que hayan especulado al principio –dudo que se pueda calificar de otra forma lo que está pasando– serán las únicas personas beneficiadas. ¿Un pixel rojo por 900.000 dólares? ¡Amos, anda!

Os dejo con unos cuantos enlaces sobre el tema que he ido recopilando además de los que ya he usado en el texto:

Compartir en Flipboard Compartir en Facebook Tuitear

PUBLICIDAD



Por @Wicho — 12 de Marzo de 2021

Una vacuna contra la covid 19Llevo unas semanas esperando con impaciencia a que llamen a mi madre para vacunarse contra la covid 19. Y justo esta semana ha empezado en nuestra comunidad autónoma el proceso de vacunación para mi grupo de edad. Por la edad de mi madre le pondrán la vacuna de Pfizer. A mí, sin embargo, me tocará la de Astra Zeneca. Y no tengo ningún problema con ello; de hecho me sorprende y entristece oír referirse a ella como la vacuna «mala» a gente que creo que debería saber mucho mejor lo que dice. No hay vacunas malas ni vacunas buenas contra la covid 19.

De hecho no hay vacunas malas contra ninguna enfermedad; todo lo más algunas son más eficaces que otras. En general las vacunas son uno de los medicamentos más regulados, vigilados y seguros que existen. Y en concreto las vacunas contra la covid de hecho tienen una eficacia muy superior a algunas vacunas que hace años que se vienen usando sin problemas.

Sobre esto me ha gustado lo que le he leído a Zeynep Gunbay en Is Choice Always Worth the Anxiety? No se mete demasiado en tecnicismos. Pero además creo que lo explica muy bien en estos párrafos sin ningún tecnicismo en absoluto:

Cuando estoy comparando algo para comprar, si, después de investigarlo un poco, ninguna de las opciones es obviamente superior, dejo de investigar porque, llegados a un punto, la ansiedad que produce y el tiempo invertido en ello no valen lo que la investigación está produciendo la hora de ayudar a tomar la decisión. Eso no significa que esté segura de que no hay nada que no sepa, o que esté garantizado que sean iguales si tuviera un conocimiento perfecto. Pero decidir ante la incertidumbre no siempre puede hacerse con certeza, y a veces, las diferencias no son lo suficientemente grandes o conocidas como para seguir preocupándose por ellas.

A veces, la respuesta es admitir la incertidumbre y elegir, especialmente cuando todas las opciones tienen grandes ventajas. Tirar una moneda al aire, elegir la primera que se ofrezca, seguir el instinto, lo que sea. Esto está perfectamente bien, especialmente cuando parece que no hay una respuesta incorrecta, y parece que no hay una respuesta incorrecta entre las vacunas que tenemos en Estados Unidos y la mayor parte de Europa.

Esto no es lo mismo que decir que las otras preguntas sobre estas vacunas no importan, o que todo resultará ser igual. Pero parece que no hay una manera segura y basada en datos de distinguir entre las tres de una manera obvia que responda a todas las preocupaciones y alivie todas las ansiedades. Francamente, tampoco parece haber necesidad, al menos no que yo pueda notar, todavía.

Creo que podemos decir con confianza a la gente que las tres vacunas son excelentes, que tienen la misma probabilidad de evitar la hospitalización y la muerte, de eliminar casi por completo la posibilidad de esos destinos, y que tiene sentido ponerse la primera disponible.

En España no podemos elegir qué vacuna ponernos de las tres disponibles –y pronto tendremos cuatro– pero la idea es esa: son todas más que buenas como para que no haya lugar a esa duda. O a que no la hubiera de poder escoger. Hay que recordar que, justo hace un año, cuando estábamos a punto de ser confinados, no teníamos nada claro si ni cuándo dispondríamos de vacunas. El que menos de un año después haya cuatro ya aprobadas para su uso en nuestro país –y más en camino– no es sólo una proeza científica si no, como decía Juan Ignacio Pérez hace unas semanas, muy probablemente la mayor proeza científica de la historia. Hace un año nos habríamos inyectado casi cualquier cosa. Aunque tuviera un «chis». Ahora algunos se permiten dudar. Es como para hacérnoslo mirar.

En Eficacia y efectos secundarios de las cuatro vacunas aprobadas contra la COVID-19 hay información acerca de cómo están funcionando las vacunas por si quieres más información.

***

Con lo que no estoy tan satisfecho es con la estrategia que se está siguiendo en Galicia a la hora de administrar las vacunas. Entiendo perfectamente que haya sido necesario priorizar la vacunación por grupos ante la reducida disponibilidad de dosis. Pero lo que no entiendo es que el criterio que se esté siguiendo aquí sea el de la letra por la que comienza el primer apellido.

No ya porque eso sea una flagrante muestra de anumerismo sino porque en este caso hay un criterio absolutamente objetivo: la edad. Se podría –debería, creo– haber empezado a vacunar por edades, según la disponibilidad de dosis, de mayor a menor y listo. En lugar de eso mi madre, con casi 88 años, tiene que esperar a que dé la vuelta el abecedario de la vacunación porque su primer apellido es García. Yo, con 53, igual hasta voy antes que ella por ser un Pedreira.

Sobre la disponibilidad de vacunas os recomiendo este hilo de Belén Tarrafeta:

Aunque si queréis la versión TL;DR Joaquín Sevilla lo ha clavado: «No todo se arregla con pasta en el último minuto. 9 mujeres no paren un niño en un mes.»

En fin, que no lo dudéis: id a vacunaros en cuanto podáis. Tenemos la inmensa fortuna de vivir en una época en la que la ciencia sabe afrontar el problema; ya quisieran haber sabido en la Edad Media lo que sabemos ahora. Cursillos de epidemiología mediante o no.

(El artículo de Zeynep Gunbay vía un RT de Josu Mezo a Jerusalem Demsas; la foto es de Daniel Schludi en Unsplash)

Relacionado,

Compartir en Flipboard Compartir en Facebook Tuitear

PUBLICIDAD




Un libro de @Alvy y @Wicho

Se suponía que esto era el futuro | un libro de Microsiervos, por Alvy y Wicho

Se suponía que esto era el futuro
Ciencia, tecnología y mucho más
www.microsiervos.com/libro


PUBLICIDAD