Por @Wicho — 16 de Septiembre de 2026

Ilusstración del Roman
Impresión artística del Roman en el espacio con todos sus paneles solares, parasol y antenas desplegados – NASA

Aunque está en sus primeros días la misión del telescopio espacial Nancy Grace Roman se está desarrollando hasta ahora a la perfección. Lo que era de esperar pero siempre es bueno que se vea confirmado. Aunque la NASA acaba de comunicar que estima que la misión se va a poder prorrogar en doce años más de lo estimado, para un total de 22 años, al menos en lo que se refiere al combustible que lleva a bordo el telescopio.

Esto es así gracias a varios factores.

El primero es que el telescopio en sí pesa casi 1.800 kilos menos de lo estimado al principio, lo que permitió cargar más combustible en sus depósitos sin que el lanzamiento se viera afectado. Eso, dice la NASA, han sido como cuatro años más de combustible.

El segundo es la precisión en el lanzamiento por parte del Falcon Heavy de SpaceX, que ha permitido que la primera maniobra de corrección de trayectoria hacia el punto de Lagrange L2, desde el que trabajará el telescopio, fuera mucho más pequeña de lo estimado inicialmente.

Lo que unido a que el telescopio sea más ligero de lo previsto, lo que requiere menos impulso por parte de sus motores para cambiar su trayectoria, ha permitido que esa maniobra sólo utilizara un 10 por ciento del combustible previsto. Y eso han sido otros cuatro años de combustible para maniobrar.

En el caso del Telescopio Espacial James Webb, también lanzado hacia el punto de Lagrange L2, sucedió algo parecido: el Ariane 5 que lo puso de camino lo hizo con tal precisión que también añadió años de combustible a la misión.

En el caso del Roman queda aún una segunda maniobra de corrección de trayectoria. Pero visto lo visto la agencia estima que será tan pequeña se ahorrarán otros cuatro años de combustible.

Así que 4 + 4 + 4 son los doce años extra que hay que sumar a los cinco años nominales de la misión y a los otros cinco de misión extendida con los que todo el mundo contaba para un total de 22.

El combustible es el principal consumible de la misión además de la electricidad. Pero la electricidad en principio no será un problema mientras los paneles solares no se degraden demasiado; se acabará mucho antes el combustible.

Y eso que el Roman en principio sólo tiene que consumir un poco cada 28 días para mantener su órbita tipo halo en el punto de Lagrange L2. De ahí que esos ahorros de combustible que se han ido produciendo hayan permitido cada uno añadir cuatro años a la misión.

No hay que olvidar, además, que el telescopio está diseñado para ser repostado allí a un millón y medio de kilómetros de la Tierra. Así que no es descabellado pensar en que se pueda diseñar una misión robótica que le lleve combustible y prolongue aún más la misión. Pero ahora ya no hay tanta prisa para eso.

Mosaico de los 16 sensores del instrumento con detalles ampliados de la imagen captada por alguno de ellos
Primera imagen obtenida por el instrumento principal del telescopio, aún sin terminar de calibrar – NASA’s Goddard Space Flight Center, Tyler Desjardins (STScI)

Además, el Roman ha desplegado sin problemas su antena de radio de alta velocidad y el parasol que protege el telescopio propiamente dicho; ha activado el coronógrafo, el instrumento que le permitirá localizar planetas extrasolares; y también ha activado el Wide-Field Instrument, su instrumento principal.

Queda calibrarlos y, por ejemplo, que se enfríen hasta su temperatura de trabajo de unos -180 Celsius, algo que irá sucediendo mientras el Roman sigue camino a su destino, a dónde debería llegar tras 90 días de viaje.

Pero desde luego hasta ahora todo son buenas noticias para esta misión.