
Impresión artística del Swift en órbita – NASA’s Goddard Space Flight Center Conceptual Image Lab
Lanzado el 20 de noviembre de 2004 a las 18:16, hora peninsular española (UTC +1), el telescopio espacial Swift ha terminado hoy su carrera con una reentrada descontrolada en la atmósfera a las 13:39. Eso han sido prácticamente 22 años en una misión que iba para una duración prevista de dos. No está nada mal.
En principio Swift, más correctamente el Observatorio Espacial Neil Gehrels, estaba dedicado a la medición de brotes de rayos gamma, aunque con el tiempo pasó a ser utilizado para hacer observaciones en múltiples longitudes de onda, especialmente para el seguimiento rápido y la caracterización de fenómenos astrofísicos transitorios de todo tipo. Así, cuando otro observatorio, ya sea espacial o terrestre, detectaba un fenómeno nuevo, podía pedir a Swift que lo observara para complementar los resultados.
Cuando fue lanzado el cohete que se encargó de ello lo dejó en una órbita de 585 kilómetros de altitud. Pero aunque a esa altitud la atmósfera prácticamente no existe aún quedan los suficientes restos como para que haya rozamiento contra ella.
Y eso hace que cada día cualquier nave espacial o satélite que esté en órbita allí arriba vaya perdiendo algo de altitud. Es un proceso que, además, se va a acelerando porque cuanta menos altitud, más atmósfera, y por ende más rozamiento. Es un proceso, además, bastante impredecible, ya que la actividad solar afecta directamente a la densidad de la atmósfera a esas altitudes.
Por eso la Estación Espacial Internacional, por ejemplo, utiliza periódicamente sus motores o, más frecuentemente, los de alguna cápsula de carga acoplada a ella como las Cygnus, las Dragon o las Progress para recuperar esa altitud perdida. Si no hace años que se habría desintegrado en la atmósfera.
Pero el Swift no tenía motores para hacer tal cosa. Por eso ha ido perdiendo continuamente altitud a lo largo de estos casi 22 años. Y aunque la NASA lanzó un poco a la desesperada una misión en la que otro satélite iba a capturarlo para devolverlo a su altitud original al final no pudo ser porque el rescatador nunca fue capaz de controlar su propia actitud en el espacio y hubo que dar por fracasada la misión de rescate.
La NASA estimaba entonces que eso ocurriría en octubre. Pero el Swift, hasta el final, desafió las expectativas y aguantó un poquito más.
Hasta luego y gracias por todos esos datos.

