Tal día como hoy en 1995 Telefónica anunciaba la entrada en funcionamiento de InfoVía en fase de pruebas, aunque su entrada en servicio oficial no se producía hasta el 15 de diciembre de ese mismo año.
InfoVía era un intento, que llegaba tarde ya, de Telefónica de poner en marcha un servicio similar a America OnLine o CompuServe, que en los Estados Unidos tenían millones de usuarios, y para ello ofrecía una serie de servicios –directorios– a los que los usuarios accedían usando una versión adaptada de Mosaic.
Esos directorios fueron un fracaso. Pero InfoVía fue una revolución en el acceso a Internet en España. Para mí, junto con la implantación del ADSL a precios razonables, los dos hitos básicos que la popularizaron en nuestro país.
Y es que Telefónica también ofrecía a empresas proveeedoras de acceso a Internet como Goya o Servicom la posibilidad de ofrecer conexión a Internet a sus clientes usando los nodos locales de Infovía a los que te podías conectar a un precio de 139 pesetas por hora durante el día y 106 por la noche, unos 80 y 60 céntimos de euro respectivamente.
Esto hizo que en España creciera exponencialmente el número de proveedores de acceso a Internet en muy poco tiempo, lo que a su vez contribuyó a abaratar la oferta enormemente, poniendo al alcance de prácticamente cualquiera el acceso a Internet, algo que antes distaba mucho de ser así.

Tarifas de Virtu@lInternet en 1996 vía @jmiguel
Y es que como se ve en la captura de pantalla te podían llegar a pedir 120.000 pesetas al mes –unos 720 euros– por servidor www + FTP + mail. Personalmente aún recuerdo cuando de un conocido proveedor de acceso de los de toda la vida me pedían unas 20.000 pesetas –120 euros– al mes por tener una dirección de correo electrónico, tráfico aparte.
InfoVía como tal apenas duró cuatro años porque murió de éxito y en diciembre 1999 fue sustituida por InfoVía Plus, que a su vez quedó en desuso con la ya comentada popularización de las líneas ADSL.
Recuerdo haber estado en la presentación en la sede de Telefónica en A Coruña, donde pudimos ver –o más bien intuir– lo que nos estaban contando en una videoconferencia con pixeles como sellos de correos y más interrupciones que en una película de Antena 3.
¡Cómo hemos cambiado!
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