Por @Alvy — 10 de Febrero de 2020

En busca de Philip K. DickEn busca de Philip K. Dick (Anne R. Dick, 1995, 2010). Traducción de Lluís Delgado. Editado por Gigamesh. 454 páginas, tapa dura. Versión electrónica en Lektu.

Esta biografía del conocido y premiado escritor de ciencia-ficción Philip K. Dick (PKD; 1928-1982) está escrita por Anne Dick, una de sus cinco esposas. Escribió el libro en 1995 (revisándolo en 2010) recopilando información de sus años junto a él –desde que le conoció hasta su muerte– e incluso antes, mediante cartas y entrevistas. Es por tanto un trabajo medio personal, medio de investigación sobre la figura del autor de Ubik, El hombre en el castillo, Una mirada a la oscuridad y la no menos famosa ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? que fue adaptada –bastante– y llevada al cine como Blade Runner.

La vida de PKD fue sin duda peculiar y en el libro queda descrita con todo detalle. Un hombre cultivado, alteraba sus momentos de lucidez y de trabajo intenso y frenético escribiendo novelas con épocas de deterioro mental notable. Lo que sucede es que en aquella época (años 40, 50 y 60, principalmente) el cómo se diagnosticaban y trataban era radicalmente distinto de ahora. Además, en plena época de las drogas recreativas y experimentales de todo tipo, los alucines debían ser el pan nuestro de cada día. Ideales quizá para «inspirarse» en mundos de ficción, pero más que dañinos para las neuronas en otros aspectos; hay pasajes del libro que incluso asustan un poco. Hoy en día hablaríamos de alguien –y no sólo él, muchos de los que le rodeaban– con adicción, trastornos bipolares, psicosis, delirios persecutorios y alucinaciones, combinadas con cosas raras como el misticismo, los ovnis y una extraña y cambiante religiosidad. Para hacerse una idea, nada mejor que el trabajo del gran Robert Crumb La experiencia religiosa de Philip K. Dick en ocho estupendas páginas, que fue el primer sitio en el que yo tuve noticia de esto. (Ahí se cuenta sólo una mínima parte, claro).

El caso es que entre novela y novela PKD cambió muchas veces de pareja –en rupturas que incluían dos y tres reconciliaciones semanales– y también de casa y de cuchitril de trabajo. Hay relatos de discusiones con cuchillos volando, drogas y armas de fuego; también del paso de Anne por el psiquiátrico y luego del propio PKD. Parte de su vida fue como que retrata A Scanner Darkly: un frenesí de pirulas y drogas variadas, casas en las que gente semidesconocida va y viene y todo el mundo en un «estado alterado» casi perpetuo por el uso de substancias. En el libro también hay accidentes de coches, intentos de suicidios y hasta aparece Hacienda reclamando dinero.

Respecto a Blade Runner (Sueñan los androides…) hay en el libro una foto de PKD con una oveja cabecinegra del rebaño que tenía en su casa/granja. También dice que recibió 28.000 dólares por los derechos de la novela para la película y que le parecieron una barbaridad para la época; con ellos se compró un bocadillo de jamón (con el resto, como solía hacer porque era una persona «descontroladamente generosa», no supo bien qué hacer y lo repartió entre amigos y familiares).

Por lo que cuenta la autora, en las novelas personalizaba a quienes conocía, pero cambiando nombres, sexos y mezclando características. Los androides Pris y Roy de Blade Runner, por ejemplo, eran Kirsten y Ray Nelson, unos amigos de origen noruego. Curiosamente Ray resultó ser muy parecido físicamente a Rutger Hauer, el actor que lo interpretó en la película.

PKD pasó de una vida más bien humilde a otra con cierto reconocimiento, aunque la fama le ha llegado en época más moderna con todas las adaptaciones al cine de sus novelas –que no son pocas– entre ellas: Blade Runner, Desafío Total (dos veces), Minority Report (película y serie), Paycheck, A Scanner Darkly, The Adjustment Bureau, y El hombre en el castillo.

El libro es un curioso relato biográfico que es casi una novela en algunos momentos. También deja una cosa clara: que había muchos PKD diferentes, no está claro si porque además los diversos trastornos también tenía personalidades múltiples en su cabeza o porque debido a su peculiar sentido del humor le encantaba engañar y presentar una faceta a cada persona con la que trataba. ¿Era el propio PKD un personaje de su propia mente? ¿Fue consumido por su propia genialidad? ¿Será cierta la revelación que le sobrevino de que podríamos estar viviendo en una realidad simulada? Desde luego dejó un legado como para analizar y entretenerse en sus infinitos niveles.

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