Por @Alvy — 27 de Octubre de 2026

Un ordenador de cartón de 1969: sin chips, sin electricidad y con programas de papel

En 1969, mientras el ser humano llegaba a la Luna y Arpanet estaba en pañales, Alexander Stüler publicaba un librito titulado Wir bauen einen Computer (Construyamos un ordenador), que incluía instrucciones para fabricar una «máquina pensante» utilizando únicamente cartón, papel, tijeras y pegamento. No hacía gran cosa y tenía más truco que el almendruco, pero parece que le encantó a los niños de la época. [La traducción automática de Google es legible, para quienes no sepan alemán.]

La descripción de aquella máquina está en el blog del Museo Heinz Nixdorf, donde explican esta curiosidad de la historia de la informática. El libro, publicado por Aulis Verlag, tenía 92 páginas, tamaño postal y permitía construir un ordenador de 30 × 17 cm con un pequeño panel de cinco centímetros de altura. Fue uno de los precursores de los ordenadores de cartón modernos… si aceptamos cartón como tecnología de compañía.

Más simple que un cubo (…de cartón)

El invento, bautizado retrospectivamente como Pappcomputer (ordenador de cartón), funcionaba mediante láminas de cartón deslizantes. Tenía una especie de «memoria» con seis posiciones (no se podía hablar ni de bytes), dos selectores con dos posiciones cada uno y unas ventanitas a modo de displays o «pantallas» que mostraban los resultados. Un poco de imaginación había que echarle al asunto, eso sí.

Su funcionamiento era muy rudimentario: se colocaban dos tiras de entrada y salida con las opciones correspondientes. Por ejemplo, para predecir el tiempo se seleccionaba verano o invierno, si la presión atmosférica subía o bajaba y si la temperatura aumentaba o descendía. ¡Tachán! El resultado aparecía instantáneamente, bueno, malo o variable. No es que aquello «calculara» mucho… El truco era que no calculaba realmente nada: las respuestas estaban precodificadas en las plantillas, como es obvio. Era como una especie de tabla de consulta mecánica, con un número relativamente limitado de opciones, que no necesitaba procesador, electricidad ni necesidad de instalar actualizaciones.

La idea era heredera de otro dispositivo clave de la informática: la máquina de Turing de 1936, que podía simularse hasta con lápiz y papel. Pero para entender algunos conceptos y entretenerse un rato montándolo y cambiando fichas tenía su pase, especialmente entre los más jóvenes.

De este estilo en 1968 aparecieron más adelante el CARDIAC estadounidense, también de cartón, y el LOGIKUS alemán, en plástico. Stüler desarrolló más de 50 páginas de programas para su peculiar invento de cartón e incluso añadió una cuarta plantilla para ampliar sus posibilidades. En 1972 publicó una continuación del libro, titulada Eine kluge Box (Una caja inteligente).

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