Por @Alvy — 14 de Septiembre de 2026

Listado Basic / (CC)-by Alvy

Pues resulta que me crucé con una peculiar y oscura entrada en la Wikipedia dedicada a los listados de programas para teclear. Estaba en inglés, así que la traduje, porque me trajo muy buenos recuerdos de otras épocas. A partir de aquí…

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Esta forma de distribuir software fue típica desde finales de los 70 hasta principios de los 90. En los 80, época donde se popularizó la informática con los ordenadores familiares (Spectrum, Commodore, Amstrad, MSX, Atari…) era una forma de, al mismo tiempo: a) enseñar Basic y otros lenguajes, b) distribuir software y c) «hacer comunidad» usando las revistas, normalmente mensuales, como punto de «reunión» en una época en la que casi nadie tenía acceso a internet, módems y como mucho, había un «club de Basic» en el barrio.

Listados infinitos

Los listados se publicaban en las míticas revistas de la época: El ordenador personal (la primera que yo compré), MicroHobby, Mi Computer, Amstrad User, MAX Club, Commodore World, Input (de la que había versiones para Sinclair, Commodore y MSX) y muchas otras. Yo trabajé en Commodore World, Amiga World, PC World y otras que acababan en -World; en los primeros años casi todo era teclear listados (¡se aprendían cosas!)

Normalmente ese software eran listados de programas, utilidades o juegos relativamente sencillos, habitualmente en Basic, que era el lenguaje más popular. (Recordatorio: hablamos sobre todo de ordenadores con 16, 48 o 64 KB, 128 KB como mucho.) También se publicaban programas en ensamblador, código máquina, Pascal, Fortran o C que entonces eran más especializados y menos conocidos. Si conseguías teclear todo el listado sin errores, ya tenías el software en tu ordenador. Entonces podías guardarlo permanentemente, en cintas de casete, usando un radiocasete normal y corriente, o el que se usaba especialmente para cada ordenador particular.

No era habitual en aquella época encontrar cintas ni disquetes acompañando las revistas (los CD-ROM apenas existían), así que en la primera época teclear era casi la única opción. Aunque había quien vendía cintas por correo con ese software, generalmente las propias revistas. También existía la opción de recibir los programas que se emitían por radio FM, algo más bizarro todavía. (A mí nunca me funcionó muy bien). Todo esto fue desapareciendo a principios de los 90, cuando se hizo habitual incluir disquetes en las revistas y la gente empezó a acceder a comunidades online (como las BBS, CompuServe, AOL, BIX u otros).

Teclear listados requería de paciencia y dedicación; te dejabas los ojos en ello. También hacían falta ciertos conocimientos para corregir los inevitables bugs producto de los errores de tecleo. Para colmo, muchos ordenadores necesitaban «códigos de control» tales como movimientos del cursor, semigráficos y teclas/comandos especiales. Estos se solían sustituir por códigos como [ARRIBA] [ABAJO] [F2] [SHIFT-/] y similares, pero no siempre eran fáciles de entender. Cada revista publicaba su página de «instrucciones para teclear programas».

Las utilidades de comprobación

Listado_Basic_Commodore_World.webp / (CC)-by Alvy

Otra curiosidad de la época era que para solucionar el problema de los bugs y garantizar que lo tecleado fuera correcto se inventaron las utilidades de comprobación. Eran programas muy pequeños, «residentes» (funcionaban de fondo) y respondían con un valor numérico de 0 a 255 cada vez que se completaba una línea de programa. En la revista se publicaban esos números, de modo que bastaba con asegurarse de que tras teclear un chorro de comandos y textos medio ininteligibles si la revista decía «42» la comprobación era también 42. (Aunque no era 100% perfecto, pero casi).

Ese valor solía ser una suma de control creada con un algoritmo muy sencillo, creo que haciendo un XOR byte a byte de los valores de cada línea. Cualquier pequeño fallo hacía variar el checksum. Sólo tenías que ser capaz de teclear esa utilidad, que era de unas pocas líneas, y listo. Algunos programas también incluían al principio su propia verificación o checksum de los grandes bloques de datos, con el mismo objetivo.

Una realidad tan dura como larga y tediosa

Lo que no se podía evitar era que la revista publicara a veces un listado incorrecto, bien por errores, bien porque en la imprenta se cortara alguna línea, o algo parecido. En esos casos la única solución era echarle ingenio o, normalmente, esperarse a la «fe de erratas» que se publicaba al mes siguiente.

Los programas en código máquina, o con gráficos de bitmaps eran especialmente aburridos: solían consistir en líneas y líneas de datos decimales o hexadecimales, que una pequeña rutina leía y copiaba en algún lugar de la RAM antes de ejecutarlo. Algunos podían ocupar varias páginas de revista, o incluso tener varias partes, que luego se cargaban desde la cinta de casete o disquete.

En aquella época las imprentas solían utilizar fotomecánica y fotocomposición para crear las planchas de impresión. Las editoriales teníamos que poner mucho cuidado para que los listados (impresos en papel) fueran lo más nítidos posible, porque básicamente eran fotografiados para su reproducción. En aquella época casi todas las impresoras eran matriciales, así que nos asegurábamos de cambiar las cintas de tinta muy a menudo. A medida que mejoró la calidad de impresión se evitaron problemas de listados apenas visibles por falta de contraste y resolución.

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