Me encanta el arte urbano. Pero me desagrada mucho que se guarreen paredes porque sí. Ghost Pitùr es el apodo por el que se conoce a un ciudadano anónimo italiano que en su trabajo de día pinta fachadas pero que dedica algunas noches a recuperar muros guarreados.
Dice:
No soy un héroe.
Soy un ciudadano. actúo por amor, no por gloria.
Lo mío es un acto de amor urbano.
Limpio muros pintados ilegalmente, elimino el deterioro. Lo hago porque la belleza es un bien de todos.
Creo en la belleza.
La belleza no es un lujo, sino parte de cómo vivimos juntos.
Cuidarla es un gesto sencillo que puede cambiar la forma en que vemos la ciudad —y a nosotros mismos—.
Y de hecho suele dejar una nota manuscrita cuando hace sus intervenciones en la que se puede leer «esto es un acto de amor urbano.»
Aunque al mismo tiempo cuenta que «cuando veo una obra bien hecha, con un mensaje, un propósito, un color [deliberadamente] elegido, una verdadera intención artística, me detengo. Me gusta. Nunca la tocaría», ya que su idea es proteger el arte urbano a la vez que lucha contra el abandono.
Mola.

