
Stargazer despegando para el lanzamiento; se ve el cohete colgado de su panza – Northrop Grumman
Tras varios retrasos causados por meteorología adversa y algún que otro problema técnico la NASA utiliza ha podido por fin lanzar la misión de rescate del observatorio espacial Swift.
Para ello un cohete Pegasus XL lanzado desde su avión nodriza Stargazer, un Lockheed L-1011 TriStar convenientemente modificado para la tarea allá por 1994, puso en órbita el satélite LINK, cuyo nombre en este caso no es una sigla sino que significa enlace, de la empresa Katalyst, que será el que lleve a cabo la misión.
Desde el control de la misión están en contacto con él para comprobar el correcto funcionamiento de todos sus sistemas antes de intentar la misión de rescate propiamente dicha. Para llevarla a cabo LINK se agarrará a la parte trasera del observatorio con tres brazos robot y, utilizando sus tres propulsores de xenón de efecto Hall, subirá su órbita hasta los 600 kilómetros originales.
Swift –ahora Observatorio Neil Gehrels Swift en honor al que fuera su investigador principal hasta su muerte en 2017– fue lanzado en 2004 para una misión de dos años, así que no está nada mal que casi un cuarto se siglo después siga funcionando y que la NASA haya decidido intentar prolongar su misión.
De hecho, en el ambiente de recortes generalizados a la ciencia de la segunda administración Trump es poco menos que un milagro que no haya sido cancelada. Aunque también es cierto que está valorada en «sólo» 30 millones de dólares, lo que es el chocolate del loro comparado con el presupuesto de la agencia.
En principio Swift estaba dedicado a la medición de brotes de rayos gamma, aunque con el tiempo pasó a ser utilizado para hacer observaciones en múltiples longitudes de onda, especialmente para el seguimiento rápido y la caracterización de fenómenos astrofísicos transitorios de todo tipo.
Así, cuando otro observatorio, ya sea espacial o terrestre, detecta un fenómeno nuevo, puede pedir a Swift que lo observe para complementar los resultados.
El problema es que Swift no tiene motores de maniobra para mantener su órbita, que ha ido decayendo con los años, en especial en los dos últimos debido a la actividad del Sol, que ha sido bastante fuerte. Eso hace que la atmósfera «se hinche», aumentando el rozamiento con el observatorio, lo que a su vez hace que pierda velocidad y por ende vaya bajando la altitud de la órbita.
Ahora mismo está en unos 360 kilómetros, y se estima que entre octubre de este año y enero de 2027 bajará de los 300, lo que haría ya totalmente irrecuperable el Swift.
Por ello en 2024 la NASA, viendo que el observatorio seguía funcionando perfectamente, solicitó propuestas para salvarlo. Y en septiembre de 2025 escogió a Katalyst. Sí, hace unos nueve meses. Con lo que debe ser un récord la velocidad a la que ha sido lanzada la misión.
A ver si todo va bien y le da otros cuantos años de vida al observatorio. En el blog del observatorio -¡yay!– se pueden seguir las novedades de la misión.

