Por @Wicho — 19 de Agosto de 2019

El cohete Electrón bautizado Look Ma, No Hands ha cumplido a la perfección con su misión a pesar de que su nombre recuerda mucho a aquel chiste de «mamá, mamá, sin manos…» y ha colocado en órbita los cuatro satélites que componían su carga útil.

Se trataba del BRO-1, el primero de la constelación de satélites e vigilancia marítima que quiere construir UnseenLabs; el satélite de observación terrestre BlackSky Global-4; y los dos satélites Pearl White, una misión diseñada para probar nuevas tecnologías para el Comando Espacial de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

Con este lanzamiento van siete con éxito de ocho para el Electrón. Y lo cierto es que el primero hubo que destruirlo por un fallo de configuración de un equipo de tierra, no por ningún problema con el cohete. Su total de cargas útiles puestas en órbita es de 39.

Este lanzamiento ha servido además a Rocket Lab para ir avanzando en su idea de hacer recuperables y reutilizables las primeras etapas de los Electrón. Para ello llevaba una serie de instrumentos a bordo que han ido transmitiendo datos al control de la misión acerca de la reentrada en la atmósfera de la primera etapa.

El lanzamiento del Look Ma, No hands es el cuarto lanzamiento del año para Rocket Lab, así que van bastante por detrás de su objetivo de hacer un lanzamiento al mes; ya no digamos del de lanzar una vez cada dos semanas que se plantean para 2020.

En cualquier caso sl próximo lanzamiento está previsto para octubre y su carga útil será el satélite McNair, diseñado para probar un tipo concreto de transmisor de radio. Aunque si el Complejo de lanzamiento 2 que la empresa está construyendo en Virginia está listo a tiempo podríamos ver un lanzamiento desde ahí en septiembre.

Make It Rain en la plataforma
El Make It Rain en la plataforma durante las pruebas previas a su lanzamiento – Rocket Lab

El Electrón, con 17 metros de alto, 1,2 de diámetro, y un peso al lanzamiento de 12.250 kilos, es un cohete de tres etapas construido íntegramente en fibra de carbono. Su motor, impreso en 3D, utiliza bombas eléctricas para mover el combustible en lugar de las turbobombas a gas de los cohetes más grandes, lo que lo hace más sencillo, barato y en principio más fiable. Está pensado para colocar cargas de entre 150 y 255 kilos en órbita sincrónica al sol, un segmento de mercado con gran demanda, aunque puede alcanzar otras órbitas si el cliente así lo necesita.

Su gran ventaja es que no hay que esperar turno como carga secundaria en un lanzamiento de un cohete más grande. El precio, de unos 4 millones de dólares por lanzamiento, también es atractivo, aunque no mucho más barato por kilo que otras opciones… y habrá que ver cómo le afecta el reciente anuncio de SpaceX de que reservará lanzamientos específicos para cargar útiles múltiples a órbita sincrónica al Sol.

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