El Skylab fue la primera estación espacial estadounidense, un laboratorio que la NASA lanzó al espacio en 1973 para estudiar el Sol, observar la Tierra y comprobar cómo se desenvolvían los humanos en estancias prolongadas en órbita. Durante 171 días trabajaron allí tres tripulaciones, hasta 1974. Luego permaneció en órbita hasta los seis años, 1979.
IBM suministró los ordenadores que controlaban su orientación y la de sus instrumentos, los llamados ATMDC (Apollo Telescope Mount Digital Computer). Su historia aparece en The Skylab Computer System, un capítulo de Computers in Spaceflight: The NASA Experience, de James E. Tomayko y tiene algunas anécdotas muy buenas.
Un ordenador potente para la época
El sistema llevaba dos ATMDC, basados en el procesador TC-1 de la familia IBM 4Pi. Eran máquinas de 16 bits con 32 KB de memoria cada una (menos que un Commodore C-64, vamos). Una trabajaba y la otra permanecía apagada como reserva. Lo de tener un ordenador de repuesto ya era buena idea antes de que existieran las «actualizaciones automáticas». Hay que tener en cuenta el estado de la informática en aquella época; por situarnos, podrían haber elegido un PDP-8, un PDP-11 o quizá un HP 2116A, que eran lo más de lo más.
El estreno del Skylab fue bastante más emocionante de lo recomendable, para susto de todos. Durante el lanzamiento se perdió un panel solar, otro se quedó atascado y la estación sufrió daños en su protección térmica. Los controladores tuvieron que utilizar el ordenador durante dos semanas para mantener un equilibrio entre generar electricidad y evitar que el laboratorio se recalentara mientras preparaban las reparaciones que llevaría la primera tripulación. ¿Cómo se resolvió todo aquello?
Como siempre en la NASA, había un plan informático de emergencia: una cinta magnética con una versión reducida del programa (en singular, porque era sólo uno) que permitía conservar funciones esenciales aunque fallaran tres de los cuatro módulos de memoria del sistema. Cargarla llevaba como máximo once segundos. El teclado, por su parte, sólo tenía diez teclas: los dígitos del 0 al 7, borrar y aceptar. Los astronautas introducían los comandos en octal. El 8 y el 9 se habían quedado en tierra.
Cuatro años que pasaron en un instante
Pero la mejor anécdota llegó cuando cuatro años después se intentó evitar la reentrada del Skylab y su desintegración cambiando su orientación, para que un transbordador espacial lo rescatara. El 11 de marzo de 1978 enviaron desde el control de misión órdenes por señales de radio para recibir la telemetría y comprobar que aquello todavía funcionaba. El ordenador se encendió de nuevo y el programa continuó donde se había detenido cuatro años y 30 días antes. La memoria de núcleos magnéticos había conservado el contenido incluso sin electricidad. Para el ordenador, la interrupción había sido como un pestañeo.
Pero la cosa era algo más complicada. En tierra, por algún error o imprevisión, habían borrado la última copia del código fuente apenas unas semanas antes y las herramientas de desarrollo andaban desperdigadas por ahí. IBM tuvo que encargar que se volvieran a perforar 2.516 tarjetas a partir de un listado impreso. La copia en papel acabó siendo la que salvó el culo a los informáticos.
Otro pequeño desastre es que tampoco quedaban suficientes piezas para reconstruir los simuladores originales del Skylab y el que había disponible funcionaba 20 veces más despacio que el tiempo real. Aun así, los ingenieros prepararon las modificaciones, las enviaron a una zona reservada de la memoria del ordenador y las recuperaron por radio para verificarlas antes de activarlas. No se fuera a quedar colgado al arrancarlo.
Esa «misión de reactivación» duró 393 días bajo control informático… eso sí que es tener paciencia «a que el ordenador arranque». Así que sumando el tiempo que los ATMDC estuvieron activos entre 1973 y 1974 y el periodo desde que se reactivaron en 1978 hasta que se desintegraron, estuvieron funcionando más de 600 días, con el pequeño detalle de ese «pestañeo» de cuatro años entre medias.
Por desgracia, aunque reorientaron el Skylab para retrasar su reentrada, eso no sirvió para salvarlo, porque el transbordador espacial que se pensaba que podía ir a «recuperarlo» no estuvo listo a tiempo. Así que el 11 de julio de 1979 efectuó su reentrada y se desintegró. Todavía recuerdo cómo la gente andaba preocupada por que le cayera un trozo de estación espacial en la cabeza. También recuerdo haberme puesto, con más ingenuidad que conocimientos (¡estaba en EGB!) a hacer cálculos de servilleta, para ver si caería en tierra o en el mar. Y, bueno, finalmente cayó sobre el océano Índico y el oeste de Australia sin más complicaciones (incluso algunos tuvieron premio).
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Fotos: Alan Bean con el ATMDC + El Skylab fotografiado por su última tripulación antes de regresar a la Tierra, el 8 de febrero de 1974 / NASA.
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