Mi camello de vídeos viejunos interesantes (¡gracias, Gali!) me pasó esta joyita del canal de David Hoffman sobre una tienda de gadgets de 1995, que revive por unos momentos cómo era aquella época en la que entrar en uno de estos establecimientos era casi como visitar una exposición universal en miniatura.
En esta tienda de Palo Alto (California) se pueden ver teléfonos fijos inalámbricos, ordenadores de sobremesa, portátiles que hoy parecen maletas con teclado y monitores CRT que ocupaban media mesa. Nada que ver con las límpidas y clónicas Apple Stores de hoy en día. Además, captura algo menos fácil de describir: aquellas escenas costumbristas de clientes preguntando por tecnologías que les resultaban desconocidas, empleados explicando cómo funcionaban las cosas y parejas negociando qué aparato merecía convertirse en regalo de Navidad. Era solo una tienda, sí, pero cada estantería prometía una pequeña incursión al futuro.
Entre los PCs de IBM, Compaq y Apple asomaban impresoras de agujas y de inyección de tinta, ratones, teclados, unidades de disquetes, lectores de CD-ROM y algunos aparatos más raros todavía. El software llegaba en cajas, en disquetes o en discos compactos, y en los ordenadores con Windows se usaba el Solitario a modo de «demo». Había quien se pasaba la tarde colocando cartas mientras fingía que estaba probando el equipo. (Windows 95 salió en agosto de aquel año y también popularizó el Buscaminas y el FreeCell.)
La visita no se limitaba a los ordenadores: había agendas digitales, un bloc de notas electrónico cuyo «papel» aceptaba notas y dibujos a mano, como esos juguetes en los que dibujan los niños y luego borran con una palanca, algunas enciclopedias digitales y teléfonos con memoria para números, contestador automático y hasta función de «monitor de bebés» para escuchar lo que sucedía en otras habitaciones. Cada cacharro parecía resolver un problema cotidiano… Aunque probablemente generaba otros tres.
Lo que hoy nos hace sonreír no es solo el tamaño de los aparatos, también son detalles como la solemnidad con que explica el vendedor que se necesita un adaptador de casete «falso» que «transmite las señales digitales como ondas magnéticsa» para escuchar la música de un CD en el radiocasete del coche. O ver a la gente rodeando un PC como si fueran los monos junto al monolito en 2001, una odisea del espacio.
También es bastante reconcible esa emoción de tocar algo que aún no sabíamos muy bien para qué serviría. En 1995 la informática doméstica todavía tenía mucho de descubrimiento. Verlo ahora es mirar a un pasado que ya parece prehistórico, aunque algunas escenas sigan siendo familiares… Pero nunca serán lo mismo.
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