Por @Wicho — 19 de Abril de 2026

La descripción
Una de las Voyager fotografiada por la NASA antes de su lanzamiento. Los RTG están montados en el brazo que se extiende hacia izquierda; el detector de partículas cargadas de baja energía (LECP) es el más cercano al cuerpo de la sonda en la parte inferior del brazo de instrumentos que se extiende hacia la derecha – NASA

Dentro de su plan para prolongar la misión de las sondas Voyager, que fueron lanzadas a finales del verano de 1977 para una misión de cinco años, la NASA acaba de enviar los comandos para apagar el detector de partículas cargadas de baja energía (LECP) de la Voyager 1.

El LECP lleva en funcionamiento prácticamente desde el lanzamiento de la sonda hace casi 49 años. Mide partículas cargadas de baja energía, como iones, electrones y rayos cósmicos, tanto las que proceden de nuestro sistema solar como las que proceden de nuestra galaxia. Y con eso ha dado datos fundamentales sobre la estructura del medio interestelar al haber podido tomar medidas más allá de la heliosfera. De hecho las Voyager son las únicas naves espaciales que se encuentran lo suficientemente lejos de la Tierra como para proporcionar esta información.

El problema es que los generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG por sus siglas en inglés) que montan ambas sondas cada año van produciendo unos 4 vatios menos de energía.

Esto es así porque usan la desintegración de unas esferas de plutonio-238 para generar calor que a su vez es convertido en electricidad para hacer funcionar las sondas. Pero según se van desintegrando esas esferas la producción de calor y por ende de electricidad baja.

Foto de un pellet de plutonio similar a los que llevan las Voyager resplandeciendo en rojo sobre una mesa
Un pellet de plutonio-238 de los RTG de las sondas Cassini y Galileo sin ningún tipo de envoltura – Laboratorio Nacional de Los Álamos

Exprimiendo hasta el último vatio

Por eso hace tiempo que la NASA tiene en marcha un programa de apagado selectivo de sistemas e instrumentos a bordo de las dos Voyager según van fallando o según ya no tienen utilidad.

Así que ahora es el turno del LECP de la Voyager 1; el de la Voyager 2 fue apagado en marzo del año pasado. Aunque el motor que hace girar el sensor del LECP en círculo para escanear en todas las direcciones seguirá encendido, igual que el del LECP de la Voyager 2. Esto es así porque consume muy poca energía y al mantenerlos en funcionamiento el equipo de la misión tiene más probabilidades de poder volver a encender los LECP algún día si averiguan de dónde sacar la electricidad necesaria.

Y es que están terminando los detalles de un plan al que han bautizado como «el Big Bang» que está diseñado para prolongar aún más el funcionamiento de las Voyager. La idea consiste en sustituir de una sola vez un conjunto de dispositivos eléctricos —de ahí el nombre—, apagando algunos de ellos y sustituyéndolos por alternativas de menor consumo energético para mantener las nave espaciales lo suficientemente calientes como para seguir recopilando datos científicos.

«Big Bang» se va a implementar primero en la Voyager 2, que dispone de algo más de potencia de reserva y se encuentra más cerca de la Tierra, lo que la convierte en el sujeto de prueba más seguro. Las pruebas están previstas para mayo y junio de este año. Y si salen bien, el equipo intentará aplicar la misma solución a la Voyager 1 no antes de julio.

Nada mal para unas sondas que, como decía arriba, llevan ya casi 50 años en lo que iba a ser una misión de cinco años.

Esto deja en funcionamiento el magnetómetro y el subsistema de ondas de plasma en la Voyager 1, mientras que en la Voyager 2 siguen en funcionamiento su megnetómetro, el detector de ondas de plasma, y el detector de rayos cósmicos.

Si quieres saber más sobre estas incansables viajeras recomiendo como siempre el libro Viajes interestelares de Pedro León, en el que está todo lo que querías saber y algunas cosas que no sabías que querías saber de ellas.

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