
La tripulación de Artemisa II justo antes de entrar en cuarentena frente a un simulador de la cápsula Orión en la que irán a la Luna. De izquierda a derecha Reid Wieman, Christina Koch, Jeremy Hansen y Victor Glover – NASA/Robert Markowitz
Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch de la NASA, junto con el astronauta de la CSA (Agencia Espacial Canadiense) Jeremy Hansen están en cuarentena desde ayer de cara a su posible lanzamiento hacia la Luna en la misión Artemisa II el próximo 6 de febrero. Es la primera vez en 53 años que sucede esto; la anterior en someterse al mismo proceso fue la del Apolo 17, lanzada el 7 de diciembre de 1972.
Aunque a diferencia de la tripulación del Apolo 17 la de Artemisa II no bajará a la superficie de la Luna sino que la circunvalarán, sin tan siquiera llegar a entrar en órbita alrededor de ella. Es como una versión light del Apolo 8, que sí entró en órbita alrededor de la Luna.
El objetivo de la cuarentena es evitar que pillen ninguna enfermedad infecciosa que pueda terminar de incubarse y mostrar sus síntomas durante la misión. Lo de las dos semanas es porque la mayoría de las enfermedades que nos afectan se necesitan entre 10 y 14 días para transmitirse de una persona a otra.
Durante ese tiempo se minimiza el contacto con otras personas y reciben vacunas contra la gripe y la covid, por ejemplo. También son sometidas a una última revisión médica.
La cuarentena pueden pasarla en casa, aunque si no hay unas instalaciones de cuarentena en el Centro Johnson de la NASA, que es dónde tiene su base el cuerpo de astronautas de la agencia. Pero hagan lo que hagan una semana antes del lanzamiento se van al Centro espacial Kennedy, donde quedan internados en otra instalación de cuarentena.
Aunque, como es de suponer, no sólo la tripulación de la misión tiene que hacer cuarentena. El personal de soporte de todo tipo que tiene que trabajar en contacto con ella también ha de someterse al proceso. Igual que ha de hacerlo la tripulación de reserva. En el caso de Artemisa II Jenni Gibbons es la suplente de Hansen, y Andre Douglas el de los tres astronautas de la NASA.
Con todo esto la NASA ha conseguido que en toda su historia apenas se hayan dado caso de tripulantes que hayan enfermado durante las misiones a causa de una enfermedad infecciosa. Y los casos que ha habido fueron lo suficientemente leves como para no afectar su desarrollo. El más sonado quizás haya sido el de Jack Swigert, que durante la misión Apolo 13 desarrolló un ligero catarro, aunque no afectó a su desempeño.
Si alguna de las personas que forman la tripulación se pone enferma durante la cuarentena y no es algo demasiado serio lo normal es que el lanzamiento siga adelante. Pero si es algo más preocupante habría que valorar si posponer el lanzamiento o incluso si activar la tripulación de reserva.
Lo que sí ha pasado con cierta frecuencia es que se retrase el lanzamiento por problemas con el cohete o la nave. En ese caso si el retraso previsto es de unos días simplemente se alarga la cuarentena. Sólo si se prevé un retraso de semanas se interrumpe y vuelve a arrancar dos semanas antes de la nueva fecha de lanzamiento prevista.

El SLS que lanzará la misión en la plataforma de lanzamiento – NASA/Joel Kowsky
En el caso de Artemisa II, con el cohete ya en la plataforma de lanzamiento, la NASA está preparando todo para hacer una prueba de carga de propelentes para darle el visto bueno para el lanzamiento, algo que quiere hacer como muy tarde para el dos de febrero.
Pero hay que recordar que para Artemisa I hubo que hacer cinco intentos antes de que todo saliera bien. Y que entre el tercero y cuarto el cohete tuvo que ser devuelto al Edificio de ensamblado de vehículos, lo que provocó meses de retraso en su lanzamiento.
Así que a ver.
Mientras, en las Instalaciones de ensamblado Michoud, la NASA sigue trabajando en montar el cohete SLS que lanzará la misión Artemisa III. La idea es que el cohete esté listo para ser enviado a Florida antes de que termine este año.

Acoplamiento de la primera y la segunda etapa del SLS de Artemisa III – NASA
Artemisa III es la misión que, al menos sobre el papel, está destinada a marcar el regreso de la humanidad a la superficie de la Luna a mediados de 2027. Pero no sólo tienen que tener listo el cohete que la lanzará, lo que parece progresar adecuadamente, sino que además necesitan un aterrizador y unos trajes espaciales para poder pisar su superficie.
Y ninguna de las dos cosas está lista, en especial el aterrizador, que está basado en el Starship de SpaceX que, hay que recordar, aún no ha conseguido entrar en órbita.
Los trajes, por lo menos, ya están pasando pruebas térmicas y de vacío para comprobar que en efecto soportarían las condiciones ambientales reinantes en el polo sur de la Luna, zona en la que aterrizará la misión.
Así que otra vez a ver. Pero en negritas y con énfasis: a ver.


