Por @Wicho — 18 de Mayo de 2026

La descripción

Me ha encantado que por fin la Agencia Espacial Europea parezca haber decidido dejar de ser el pagafantas en su relación con la NASA¹ y que Josef Aschbacher, su director general, haya publicado el artículo titulado ¿Somos pilotos o pasajeros?

Este es su texto completo:

Los recientes cambios introducidos por Estados Unidos en la arquitectura del programa Artemisa indican que el panorama de la exploración espacial tripulada está cambiando rápidamente. Las decisiones de suspender temporalmente el proyecto Gateway y cancelar la misión de retorno de muestras de Marte trastocan los planes de exploración lunar de Europa, lo que pone de relieve una realidad más amplia: Europa se ha vuelto demasiado vulnerable a decisiones que escapan a su control.

Europa debe decidir si prefiere depender de otros para enviar a sus exploradores al espacio o asumir su papel como potencia espacial plenamente capaz. Como director de la Agencia Espacial Europea (ESA), estoy convencido de que los vuelos espaciales tripulados autónomos no son un lujo. Son un pilar necesario para que Europa garantice su libertad a la hora de aprovechar los beneficios científicos, económicos, estratégicos y geopolíticos del espacio, y para inspirar a una nueva generación a dar forma al futuro de Europa.

A través de la iniciativa Explore2040 de la ESA, los Estados miembros ya han acordado una estrategia de exploración coherente, sentando las bases para que Europa cuente con su propia capacidad de vuelos espaciales tripulados y robóticos. Sin embargo, las decisiones políticas nunca han ido lo suficientemente lejos como para alcanzar la plena autonomía en la exploración tripulada, una vacilación que ha tenido consecuencias duraderas. Para subsanar esta situación, necesitamos ahora la voluntad política necesaria para ajustar y acelerar la hoja de ruta.

A lo largo de décadas, la ESA ha desarrollado misiones y sistemas de primer orden en los ámbitos de la observación de la Tierra, la navegación, la ciencia y la tecnología, que pocos actores a nivel mundial pueden igualar. Desde la creación del sistema de observación de la Tierra más completo del mundo con Copérnico, hasta la puesta en marcha de Galileo como referencia mundial en navegación por satélite; desde el liderazgo de misiones científicas emblemáticas que redefinen nuestra comprensión del universo, hasta el desarrollo de las tecnologías que impulsan la exploración robótica, la ESA ha traducido sistemáticamente la ambición europea en realidad operativa. Esta experiencia acumulada no es casual: es precisamente lo que da a Europa la credibilidad para ser artífice de su propio futuro en materia de exploración.

Las alianzas y la cooperación internacional son pilares fundamentales del enfoque espacial de Europa, y esto no va a cambiar. La reputación de fiabilidad de la ESA se ha forjado gracias al cumplimiento puntual de sus compromisos y al más alto nivel de rendimiento. Por eso los socios eligen sistemáticamente trabajar con la ESA. Sin embargo, debemos tener cuidado de no permitir que la cooperación derive en dependencia. El entorno actual exige tanto asociaciones internacionales diversificadas como capacidades autónomas reforzadas para evitar puntos únicos de fallo, ya sean políticos, técnicos o estratégicos. Solo en estas condiciones puede Europa decidir cuándo actuar de forma independiente y cuándo cooperar a nivel mundial, protegiendo nuestras inversiones y nuestra base industrial en medio de la incertidumbre geopolítica.

Nuestros ingenieros y científicos se encuentran entre los mejores, nuestra industria es del máximo nivel y nuestro modelo institucional de unir a múltiples naciones en torno a objetivos comunes, al tiempo que se da prioridad a la seguridad, la legitimidad y la ciencia, es estable y ha demostrado su eficacia. La fuerza colectiva de 23 Estados miembros dista mucho de ser una limitación. Esta diversidad es nuestro mayor activo —desde el punto de vista financiero, político, industrial e intelectual— y confiere a nuestras decisiones comunes una continuidad y una resiliencia que perduran más allá de los cambios en la política nacional.

Pero esta fortaleza solo existe si actuamos juntos. La fragmentación nos debilita; la unidad nos fortalece. Las naciones europeas deben resistir la tentación de encerrarse en sí mismas, trazando caminos en solitario hacia la Luna y más allá. A largo plazo, ningún Estado miembro puede lograr por sí solo lo que podemos lograr juntos. Dentro de su marco multilateral de confianza, la ESA vela por los intereses de sus Estados miembros garantizando que las decisiones se tomen de forma colectiva y que las prioridades nacionales se traduzcan en logros comunes.

El panorama cambiante que estamos presenciando no comenzó ayer. Cuando Europa tomó la difícil pero necesaria decisión de poner fin a la cooperación con Rusia en ExoMars o en el envío de nuestros astronautas al espacio, comprendimos que estábamos reduciendo nuestras opciones. El contexto actual no es una sorpresa, sino un impulso para actuar con decisión en respuesta a un panorama geopolítico en constante transformación. Debemos aprovechar este momento desafiante y convertirlo en una oportunidad para redefinir nuestra posición.

No hay tiempo que perder. Ya se ha fijado una conjunción excepcional de decisiones políticas y hitos de financiación: el Consejo de la ESA en junio, la Cumbre Espacial Internacional en septiembre, el Consejo Ministerial Intermedio de la ESA sobre exploración en diciembre y el Consejo Ministerial pleno en 2028. Paralelamente, la Unión Europea está ultimando su Marco Financiero Plurianual para el periodo 2028-2034. Nunca ha habido un mejor momento. Si empezáramos hoy, aún nos llevaría muchos años desarrollar la capacidad autónoma; debemos actuar con rapidez. El coste de la inacción superaría con creces la inversión necesaria.

Si no es ahora, ¿cuándo? Si no es la ESA, ¿quién?

La historia no esperará a que Europa se sienta cómoda y preparada; seguirá adelante con o sin nosotros. La elección que se le plantea a Europa es clara: ¿llevamos el timón o somos meros pasajeros? Tenemos todo lo que necesitamos. Lo que falta es la confianza y la voluntad política para actuar.

[Traducido con ayuda de la versión gratuita de DeepL.com]

_____
¹ Esta es mi interpretación del texto, que sin duda Aschbacher no ha publicado por libre sino con el permiso y consenso de los estados miembros²; pero también se aplica a lo que pasó con Roscosmos tras la invasión de Ucrania, aunque ahí la decisión de cortar relaciones fuera por nuestra parte.

² O de la mayoría de ellos, porque lo la fragmentación, de nuevo desde mi punto de vista, es una llamada de atención a países como Alemania, Francia o Italia, que no siempre reman a favor de corriente.

A través de la iniciativa Explore2040 de la ESA, los Estados miembros ya han acordado una estrategia de exploración coherente, sentando las bases para que Europa cuente con su propia capacidad de vuelos espaciales tripulados y robóticos. Sin embargo, las decisiones políticas nunca han ido lo suficientemente lejos como para alcanzar la plena autonomía en la exploración tripulada, una vacilación que ha tenido consecuencias duraderas. Para subsanar esta situación, necesitamos ahora la voluntad política necesaria para ajustar y acelerar la hoja de ruta.

A lo largo de décadas, la ESA ha desarrollado misiones y sistemas de primer orden en los ámbitos de la observación de la Tierra, la navegación, la ciencia y la tecnología, que pocos actores a nivel mundial pueden igualar. Desde la creación del sistema de observación de la Tierra más completo del mundo con Copérnico, hasta la puesta en marcha de Galileo como referencia mundial en navegación por satélite; desde el liderazgo de misiones científicas emblemáticas que redefinen nuestra comprensión del universo, hasta el desarrollo de las tecnologías que impulsan la exploración robótica, la ESA ha traducido sistemáticamente la ambición europea en realidad operativa. Esta experiencia acumulada no es casual: es precisamente lo que da a Europa la credibilidad para ser artífice de su propio futuro en materia de exploración.

Las alianzas y la cooperación internacional son pilares fundamentales del enfoque espacial de Europa, y esto no va a cambiar. La reputación de fiabilidad de la ESA se ha forjado gracias al cumplimiento puntual de sus compromisos y al más alto nivel de rendimiento. Por eso los socios eligen sistemáticamente trabajar con la ESA. Sin embargo, debemos tener cuidado de no permitir que la cooperación derive en dependencia. El entorno actual exige tanto asociaciones internacionales diversificadas como capacidades autónomas reforzadas para evitar puntos únicos de fallo, ya sean políticos, técnicos o estratégicos. Solo en estas condiciones puede Europa decidir cuándo actuar de forma independiente y cuándo cooperar a nivel mundial, protegiendo nuestras inversiones y nuestra base industrial en medio de la incertidumbre geopolítica.

Nuestros ingenieros y científicos se encuentran entre los mejores, nuestra industria es del máximo nivel y nuestro modelo institucional de unir a múltiples naciones en torno a objetivos comunes, al tiempo que se da prioridad a la seguridad, la legitimidad y la ciencia, es estable y ha demostrado su eficacia. La fuerza colectiva de 23 Estados miembros dista mucho de ser una limitación. Esta diversidad es nuestro mayor activo —desde el punto de vista financiero, político, industrial e intelectual— y confiere a nuestras decisiones comunes una continuidad y una resiliencia que perduran más allá de los cambios en la política nacional.

Pero esta fortaleza solo existe si actuamos juntos. La fragmentación nos debilita; la unidad nos fortalece. Las naciones europeas deben resistir la tentación de encerrarse en sí mismas, trazando caminos en solitario hacia la Luna y más allá. A largo plazo, ningún Estado miembro puede lograr por sí solo lo que podemos lograr juntos. Dentro de su marco multilateral de confianza, la ESA vela por los intereses de sus Estados miembros garantizando que las decisiones se tomen de forma colectiva y que las prioridades nacionales se traduzcan en logros comunes.

El panorama cambiante que estamos presenciando no comenzó ayer. Cuando Europa tomó la difícil pero necesaria decisión de poner fin a la cooperación con Rusia en ExoMars o en el envío de nuestros astronautas al espacio, comprendimos que estábamos reduciendo nuestras opciones. El contexto actual no es una sorpresa, sino un impulso para actuar con decisión en respuesta a un panorama geopolítico en constante transformación. Debemos aprovechar este momento desafiante y convertirlo en una oportunidad para redefinir nuestra posición.

No hay tiempo que perder. Ya se ha fijado una conjunción excepcional de decisiones políticas y hitos de financiación: el Consejo de la ESA en junio, la Cumbre Espacial Internacional en septiembre, el Consejo Ministerial Intermedio de la ESA sobre exploración en diciembre y el Consejo Ministerial pleno en 2028. Paralelamente, la Unión Europea está ultimando su Marco Financiero Plurianual para el periodo 2028-2034. Nunca ha habido un mejor momento. Si empezáramos hoy, aún nos llevaría muchos años desarrollar la capacidad autónoma; debemos actuar con rapidez. El coste de la inacción superaría con creces la inversión necesaria.

Si no es ahora, ¿cuándo? Si no es la ESA, ¿quién?

La historia no esperará a que Europa se sienta cómoda y preparada; seguirá adelante con o sin nosotros. La elección que se le plantea a Europa es clara: ¿llevamos el timón o somos meros pasajeros? Tenemos todo lo que necesitamos. Lo que falta es la confianza y la voluntad política para actuar.

[Traducido con ayuda de la versión gratuita de DeepL.com]

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¹ Esta es mi interpretación del texto, que sin duda Aschbacher no ha publicado por libre sino con el permiso y consenso de los estados miembros²; pero también se aplica a lo que pasó con Roscosmos tras la invasión de Ucrania, aunque ahí la decisión de cortar relaciones fuera por nuestra parte.

² O de la mayoría de ellos, porque lo la fragmentación, de nuevo desde mi punto de vista, es una llamada de atención a países como Alemania, Francia o Italia, que no siempre reman a favor de corriente.

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