Por Nacho Palou — 27 de Noviembre de 2015

Desde el vídeo sobre el moldeo de plástico por inyección llegué hasta The Post-Billiards Age en 99% Invisible que cuenta un poco la historia del billar, un juego que fue muy popular hace más de cien años: «entonces en Chicago —por ejemplo— había 830 salas de billar. Hoy hay diez.»

El asunto es que en el Siglo XIX hacer bolas de billar no era un asunto trivial. «Las bolas debían cumplir ciertas propiedades físicas — ser convenientemente redondas y tener una densidad uniforme. Si mesas y bolas de billar diferían demasiado de una sala a otra entonces básicamente en cada sitio al que ibas practicabas un juego distinto.»

Para desgracia de los elefantes resultó que entonces se consideró que el marfil era un material más o menos adecuado para hacer bolas de billar - y para mayor desgracia ni siquiera era el material ideal por su densidad variable y porosidad que absorbía la humedad. Pero era el menos malo.

Para colmo, a razón de un promedio de tres bolas por colmillo de elefante hacía falta matar tres o cuatro elefantes para fabricar un juego completo de bolas de billar, lo que en poco tiempo —tras la muerte de miles de elefantes— encareció enormemente el precio de las bolas de billar y obligó al fabricante Phelan & Collarde a encontrar un sustituto para el marfil.

National Museum of American History
Fotografía: Museo Nacional de Historia Americana

Tanto despropósito —y la afición por el billar— llevó al desarrollo del plástico, el material que contribuiría de forma definitiva al desarrollo del mundo moderno. O visto de otro modo, el material que distribuyó la desgracia de los elefantes a otros entornos y a otros animales.

Y cien años después se busca un sustituto para el plástico que esté basado totalmente en materiales orgánicos.

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