Por @Wicho — 9 de Marzo de 2020

Los estepicursores son aquellas especies de plantas que una vez fecundadas circulan de lado a lado para esparcir sus semillas. Son las típicas bolas rodantes que asociamos con las películas del oeste.

Pero por lo visto son unas plantas la mar de chungas. No sólo absorben un montón de agua y nutrientes mientras están creciendo sino que además cuando mueren y su «esqueleto» empieza a circular por ahí para esparcir las semillas pueden causar el caos. Son capaces, por ejemplo, de engancharse unas con otras hasta cubrir casas y pueblos. Hasta el punto de tener que utilizar medios mecánicos para retirarlas. Son también altamente inflamables y en el caso de un incendio pueden ayudar a expandirlo porque la corriente de aire ascendente que genera puede hacerlas saltarse cualquier tipo de cortafuegos.

Luchando contra una invasión de bolas rodantes en Clovis, Nuevo México
Luchando contra una invasión de bolas rodantes en Clovis, Nuevo México – U.S. Air Force photo/Senior Airman Ericka Engblom


De hecho los Estados Unidos, Canadá y México llevan más de cien años luchando contra ellas –allí son una especie invasora que se cree que llegó de Rusia en medio de otras semillas– sin éxito a la vista.

Quién lo diría. Con lo monas que parecen en las pelis.

(Gracias, Javier).

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Por @Alvy — 1 de Marzo de 2020

NASA / ESA - China Mean Tropospheric NO2 Density

Según cuenta el Earth Observatory de la NASA y la ESA los niveles de dióxido de nitrógeno NO₂) han disminuido drásticamente en las últimas semanas coincidiendo con el cierre de las fábricas debido al coronavirus COVID-19. Además de las fábricas que suelen operar con combustibles fósiles en muchas ciudades como Wuhan también se ha suspendido el tráfico rodado.

La comparación de la imagen muestra los valores de NO₂ del 1 al 20 de enero (antes de la cuarentena) y del 10 al 25 de febrero (durante la cuarentena). En algunos casos parecen pasar de 500 µmol/m² a alrededor de 25-50 µmol/m², una disminución notable.

Los datos se han comparado con los del año pasado, y con las celebraciones del Año Nuevo Chino (12 de febrero) y la disminución es asombrosa, según los científicos de la NASA. Tan sólo se conoce un efecto similar cuando comenzó la crisis económica de 2008, aunque en aquel caso fue más gradual y no tan repentina como ahora.

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Por @Alvy — 6 de Febrero de 2020

Con este vídeo de presentación comienza Polar Lab, un juego educativo interactivo de la PBS (la cadena de televisión pública estadounidense) creado por sus Nova Labs y esponsorizado por la Fundación Nacional para la Ciencia. Se trata de una forma entretenida y muy atractiva de enseñar ciencia a los más jóvenes, en este caso sobre el clima de la Tierra y en especial sobre los efectos del cambio climático en los climas polares.

Está presentado por Caitlin Saks y basado en parte en el documental Polar Extremes y los científicos allí mencionados, que aparecen en forma de «videollamadas». También se utilizan imágenes obtenidas en las expediciones y en especial vídeos 360° que hacen que moverse con el ratón sea fácil y a base de clics para descubrir nuevos lugares objetos. Los resultados se van guardado en un libro de campo a forma de indicador de progreso. (Hay que registrarse con cualquier cuenta de Google, Facebook o similar.)

El juego se divide en tres partes, una en Ellesmere Island, a unos 1.300 km del Polo Norte, en donde hay que buscar fósiles de plantas y animales; otra que consiste en explorar un cilindro de hielo extraído del subsuelo en busca de burbuja y seres congelados y una tercera entre Groenlandia y la Antártida, donde se puede comprobar el –desalentador– avance del deshielo de la capa de permafrost y el continente helado.

Un interactivo muy recomendable porque es apto para todas las edades, tiene subtítulos que acompañan a los vídeos en inglés –así que además se practica el idioma– y la calidad es digna de las mejores producciones televisivas de este estilo.

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Por @Wicho — 24 de Enero de 2020

Viviendo en el futuro por Enrique Dans

Viviendo en el futuro: Claves sobre cómo la tecnología está cambiando nuestro mundo. Enrique Dans. Deusto, 2019.

Hace diez años Enrique afirmaba en su primer libro que Todo va a cambiar. Pero en Viviendo en el futuro su argumento es que el futuro ya está aquí. Aunque el argumento principal del libro igual no es el que cabría pensar de alguien tan pegado a la tecnología como él.

Y es que aunque en efecto en los capítulos centrales del libro habla de como los avances tecnológicos están poniendo patas arriba todo, empezando por nuestras casas y terminando por la política pero pasando por la salud, las finanzas, la educación o la forma en la que entendemos el trabajo, por citar algunos ejemplos, ese no es el mensaje principal del libro.

De hecho Enrique dice que todo esto en realidad importa poco porque a causa de la emergencia climática quizás a nuestra civilización le quede muy poco tiempo. Argumenta, gracias a la tecnología la especie humana ha sido capaz de provocar drásticas modificaciones en su entorno y

[…] esas modificaciones en el entorno y ese ecosistema de continua competencia nos ha abocado a un escenario insostenible, que amenaza con provocar en muy poco tiempo el fin de la civilización humana […] el futuro ya está aquí para quien quiera experimentarlo y se lo pueda permitir, pero en este momento lo más complicado es asegurar que realmente podemos disfrutar de un futuro. Y a este dilema deben dirigirse todas nuestras prioridades.

He de decir que aunque lo menciona en la introducción Enrique a veces parece olvidar que él vive del lado bueno de la brecha digital. Y no sólo eso sino que a menudo va muy por delante incluso de quienes nos consideramos unos apasionados por la tecnología. Así que tengo mis reservas acerca de esa afirmación de que «el futuro ya está aquí para quien quiera experimentarlo y se lo pueda permitir». Porque no puedo olvidar que ya no en países del tercer mundo o en países en desarrollo sino en el nuestro –y especialmente en nuestra provincia– aún hay una parte no desdeñable de la población que no tiene acceso en condiciones a Internet. De hecho según datos de la Secretaría de Estado para el Avance Digital en 2019 había unos 13 millones de personas en España «que no disponen de cobertura de redes de banda ancha de nueva generación, ni previsiones para su dotación por algún operador en el plazo de 3 años, en base a planes de inversión creíbles».

Y es que como lleva años diciendo William Gibson «el futuro ya está aquí, sólo que desigualmente repartido».

Tengo también mis reservas respecto a algunas de las afirmaciones que hace en las que creo que peca de un excesivo optimismo tecnológico como por ejemplo cuando dice que dispositivos de distintos fabricantes se podrán integrar en arquitecturas en las que compartirán datos de tal forma que los algoritmos podrán monitorizar nuestra salud con un nivel de detalle impensable hasta ahora; la experiencia por ahora es más bien la contraria.

Pero en cualquier caso el libro está lleno de referencias en línea que seguir para obtener más información acerca de lo que dice Enrique y que cada uno nos formemos nuestra propia opinión. Que para eso leemos, ¿no? Precisamente por la gran cantidad de referencias recomiendo comprarlo en digital, por cierto.

Y me encanta esta reflexión que hace, que como sociedad deberíamos tener muy en cuenta:

De hecho, los problemas actuales de las sociedades humanas no se derivan del desarrollo de la tecnología ni de los tecnólogos, que en general están haciendo su trabajo de manera muy eficiente, sino de la escasez, cuando no ausencia, de personas de otras ramas, tales como filósofos, educadores, historiadores o, en general, profesionales de las Humanidades capaces de añadir a esos procesos de adopción sensibilidades y elementos no precisamente tecnológicos, sino de otros tipos, planteados en muchas ocasiones desde perspectivas humanísticas.

Si sobrevivimos el tiempo suficiente, claro.

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