Por @Alvy — 28 de Septiembre de 2021

Colapsología

La sobrepoblación mundial, el excesivo consumo por parte de los ricos y las pésimas elecciones tecnológicas han colocado a nuestra civilización industrial en una trayectoria de colapso.

– Pablo Servigne y Raphaël Stevens

Conviene estar un poco mentalizado, relajado y documentado antes de enfrentarse a la lectura de Colapsología, de Pablo Servigne y Raphaël Stevens (2015). Es un libro cuyo título viene del concepto surgido para describir cómo será (o podría ser) el fin de la civilización moderna. El fin del mundo tal y como lo conocemos, vamos.

Y es que causas puede haber muchas: ambientales, económicas, pandémicas e incluso tecnológicas. O quizá todas las anteriores, convenientemente entretejidas. Por eso y porque el asunto tiene cierta enjundia y está más que razonablemente documentado es por lo que conviene acercarse al libro con algo de cautela y espíritu crítico; no hacerlo puede llevar a creer que el Apocalipsis al estilo moderno es inevitable y a poner nerviosa a mucha gente que corra a esconderse en búnkeres y aprender a cazar con arcos y flechas. Yo llegué a él tras ver la estupenda miniserie francesa El colapso (2019) que en España se emitió en 2020 y que en 8 miniepisodios de 15 minutos rodados como plano secuencia muestran un distópico colapso en la Francia actual. También había leído hace algunos años el altamente recomendable Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen (2005), un estupendo libro de Jared Diamond (autor también de Armas, gérmenes y acero, otra maravilla) que trata este mismo tema aunque en la historia pasada, no en cuanto a la actualidad. (Cuenta por ejemplo cómo desapareció la civilización de la remota Isla de Pascua cuando básicamente consumieron todos sus recursos y árboles uno por uno hasta quedarse literalmente sin nada. Fin. Adiós, pequeño mundo.)

Colapsología es básicamente un razonamiento didáctico ayudado de algunas metáforas sencillas sobre los límites del crecimiento, la escasez de recursos y cómo todo ello nos está llevando a ese colapso. También tiene algo de «meta-libro» porque es como mencionar al elefante que está en la habitación pero nadie quiere hablar de él o como la exclamación del niño que gritaba que el emperador estaba desnudo. Hay capítulos dedicados a recursos básicos como las energías fósiles y de otros tipos, el agua o a los terrenos de cultivo; explicaciones sobre cómo crecen las emisiones contaminantes, se esquilman los terrenos y se daña la biodiversidad. Todo ello lleva de un modo u otro a que crezcan las desigualdades sociales y se produzcan disturbios y guerras, causando a su vez desestabilización económica y más caos.

En su metáfora, nuestra civilización como un coche sobre el acabamos perdiendo el control. En su viaje acaba consumiendo todo el depósito de combustible, comienza a bajar un puerto de montaña y de repente empieza a fallar. Pero el colapso no significa que se detenga. Va mucho más allá: no sólo no queda combustible; además no funciona el volante, no responden los frenos, se ha salido de la carretera y acabam dando tumbos por la ladera llena de árboles sin que los ocupantes sepamos siquiera a qué vamos a enfrentarnos. Viendo las cifras y evolución de cada uno de los aspectos de nuestra sociedad (consumo de energía, crisis climática, deforestación, superpoblación, inestabilidad económica, desigualdad social) los autores explican a dónde dirigimos: a una terra incognita donde la situación no va a ser precisamente agradable para las generaciones futuras.

En su crítica de la tecnología, el libro hace referencia a nuestra «mala elección» a la hora de optar por unas tecnologías u otras: premiamos lo más barato (aunque tenga externalidades negativas, como contaminación) o lo más dependiente del pasado (como instalar puntos de recarga eléctrica en gasolineras, «porque nuestros antepasados rellenaban los depósitos de gasolina en esos lugares de las carreteras, que eran muy convenientes»). Optamos por soluciones a veces contraproducentes que no resuelven los problemas de fondo, como instalar parquímetros, cámaras de vigilancia de tráfico o ampliar los carriles de una autopista en vez de promover el transporte público o las opciones no contaminantes.

Es el momento de que cunda el pánico.

– Greta Thundberg, activista
y David Wallace-Wells, periodista
Time To Panic (The New York Times)

El libro me ha parecido razonablemente bien documentado; está lleno de notas con hiperenlaces (a veces hasta dos o tres por párrafo) para respaldar los datos y aseveraciones que hace. Puede que no todos sean cien por cien fiables o exactos, pero son buenas pistas para investigar más. Muchas proceden de los más altos organismos oficiales: la OMS, la ONU, el IPCC, la IEA y otros. También hay muchos datos de publicaciones científicas, think tanks y artículos, principalmente de publicaciones francesas.

En el libro no se atreve a dar una fecha para el colapso: podría ser 2030, 2050 o 2100, podría retrasarse hasta 2200 o vete a saber si hay alguna forma de evitarlo. Como mucho se arriesga a apuntar diversas señales que podrían anticipar el colapso de ciertos sistemas (con su consiguiente «efecto caótico» sobre otros, algo inexplorado y desconocido). Pero para nuestra desgracia algunas de estas señales las estamos viendo ya. Están por ejemplo los inesperados efectos de un trastorno económico mundial debido a un carguero atascado en un canal, el pánico por el racionamiento de combustibles en Reino Unido, o el desabastecimiento de alimentos por motivos políticos, todos ellos relacionados con los efectos de la globalización. Están los desplomes de la economía como sucedió en 2008 y podría suceder en China o los corralitos financieros –visibles o no tanto– que van y vienen y con los que viven en muchos países. Por no hablar de algo más cercano como el empeoramiento de los huracanes, olas de calor, de frío y otra meteorología extrema, que vivimos y vemos cada día en las noticias.

Es interesante que libro esté escrito en 2015 (prepandemia Covid-19) porque permite ver cómo ha ido sucediendo (o no) lo que narra en los últimos 5 ó 6 años. Por ejemplo, habla de que «una pandemia severa también podría ser la causa de un colapso generalizado, sin que tuviera que acabar con el 99% de la población, bastaría con un pequeño porcentaje.» Aunque está por ver cómo acaba el mundo post-Covid, me da la impresión de que el libro infravaloró la capacidad científica del desarrollo de soluciones (vacunas) aunque también es cierto que pocos eventos ha habido tan desestabilizadores como el de la pandemia de 2020.

Recomiendo conseguir la segunda edición del libro (2020), o la versión Kindle, que está actualizada e incluye un epílogo a modo de pequeño balance de los últimos años. Menciona cómo parece que la economía todavía no ha implosionado y lo positivo de que las energías renovables hayan sufrido un gran impulso. En la parte mala, en cambio, ha habido cada vez más alertas de los científicos sobre la crisis climática e inacción por parte de los gobiernos. Los modelos matemáticos predictivos de diversos sectores que se presentaron en la primera edición parecen bastante correctos (especialmente los climáticos).

Nadie puede afirmar con qué material estará cosido el tejido social del colapso, pero lo que está claro es que la ayuda mutua tendrá un papel importante, por no decir primordial.

– Pablo Servigne y Raphaël Stevens

El libro termina intentando ser optimista y no derrotista –lo cual resulta difícil visto lo visto, la verdad– y aboga por el altruismo, la organización social y la ayuda mutua, frente a la «naturaleza salvaje de la ley del más fuerte y el todos contra todos del mito fundador de nuestra sociedad».

Relacionado:

Compartir en Flipboard Tuitear

PUBLICIDAD



Por @Wicho — 23 de Septiembre de 2021

Vista desde la cabina del Falcon 20 de la DLR durante los vuelos de calibración – Thomas Marwick/DLR
Vista desde la cabina del Falcon 20 de la DLR durante los vuelos de calibración – Thomas Marwick/DLR

Lanzado el 23 de agosto de 2018, el satélite medioambiental Aeolus está demostrando ser un gran éxito a la hora de medir la velocidad del viento sobre toda la Tierra. E indirectamente de la presencia de partículas en la atmósfera. Y es que gracias a él ahora tenemos cobertura global para esas medidas que antes sólo tomábamos en sitios muy determinados. Pero las medidas no sirven de nada si no sabemos a ciencia cierta que son buenas. Así que durante este mes se está llevando a cabo una campaña para calibrar los instrumentos del satélite y sus medidas. Y para ello se usan láseres y aviones.

Impresión artística de Aeolus en órbita – ESA
Impresión artística de Aeolus en órbita – ESA

Se ha escogido la zona sobre las islas de Cabo Verde porque, al estar cerca de los trópicos, la atmósfera en esa zona suele incluir también una cantidad considerable de partículas arrastradas por el aire desde el continente africano y eso ayuda con la calibración. Además, cuenta con aeropuertos desde los que pueden operar el Falcon-20 de la DLR y el Falcon-20 de Safire que forman parte de la campaña, que miden parámetros a distintas alturas, siempre que pueden colocándose debajo del satélite para que las medidas sean simultáneas. Esas medidas se complementan con las que toman desde tierra dos láseres.

Claro que esto lleva a la cuestión de quién calibra a los calibradores. Y es que, por supuesto, los instrumentos que van a bordo de los dos aviones y los de los láseres tienen que estar también bien calibrados. Por ello llevamos años y años buscando definiciones cada vez más precisas de lo que es un metro, un gramo, o un segundo para, por ejemplo, a partir de ellas, poder derivar el resto de las unidades y calibrar instrumentos.

Aeolus está en Twitter como @esa_aeolus.

Relacionado,

Compartir en Flipboard Tuitear

PUBLICIDAD



Por @Alvy — 16 de Septiembre de 2021

Climate Action Tracker / World
Esta es la «nota» general que obtienen los países en cumplimiento y planes para evitar el cambio climático. En verde: nadie. En negro: Rusia, Arabia Saudí, Thailandia, Irán y Singapur / Climate Action Tracker

Según el último informe de los científicos del IPCC el cambio climático sigue expandiéndose e intensificándose de forma rápida por todo el mundo, lo que nos ha llevado a una situación de «código rojo»… que todos los países están ignorando, en especial los más desarrollados que son los que generan un mayor volumen de emisiones contaminantes. Es como el elefante en la habitación, el problema que todo el mundo sabe que está ahí pero del que nadie quiere hablar o, ni siquiera, mirar:

Ninguna de las principales economías del mundo -incluido todo el G20- tiene un plan climático que cumpla con sus obligaciones en virtud del Acuerdo de París de 2015 a pesar de la advertencia de los científicos de que es necesario reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero inmediatamente. Climate Action Tracker analizó las políticas de 36 países, así como las de la Unión Europea de 27 naciones, y descubrió que todas las principales economías no están siguiendo ningún plan para mantener el calentamiento global a 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales. Estos países suman el 80% de las emisiones mundiales. [Fuente: Climate Action Tracker + CNN; Traducción: DeepL.]

Como sabiamente apunta la activista Greta Thundberg –probablemente una de las personas mejor asesoradas del mundo en estas cuestiones en estos momentos– que los países no se dignen a tener planes hacer ver cómo pasan por alto tanto los problemas de gran parte de las emisiones ya existentes como los problemas de equidad.

Meme: El precio de la luz vs. Emergencia Climática Global

Relacionado,

Compartir en Flipboard Tuitear

PUBLICIDAD



Por @Wicho — 9 de Agosto de 2021

No hay Planeta B – Markus Spiske en unsplash
No hay Planeta B – Markus Spiske en unsplash

Ya hacía algunas semanas que se había filtrado un borrador bastante duro. Pero desde hoy ya podemos leer el texto del informe Cambio climático 2021: bases físicas (el texto completo sólo está disponible en inglés). Es el sexto informe publicado desde 1998 por del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés); la primera actualización desde 2013. Y es el informe más duro que jamás haya publicado este grupo. En palabras de Antonio Guterres, el Secretario General de las Naciones Unidas, «una alerta roja para la humanidad».

Sus cuatro puntos más importantes son:

  1. Es incuestionable que la actividad humana ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra. Se han producido cambios rápidos y generalizados en la atmósfera, el océano, la criosfera y la biosfera.
  2. La escala de los cambios recientes en el sistema climático en su conjunto y el estado actual de muchos de sus aspectos no tienen precedentes en muchos siglos o miles de años.
  3. El cambio climático inducido por la humanidad ya está afectando a muchos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del mundo. Las evidencias de los cambios observados en fenómenos extremos como olas de calor, fuertes precipitaciones, sequías y ciclones tropicales y, en particular, su atribución a la influencia humana, se han reforzado desde el Quinto Informe de Evaluación (AR5).
  4. El mejor conocimiento de los procesos climáticos, de las huellas paleoclimáticas y de la respuesta del sistema climático al aumento del forzamiento radiativo da una mejor estimación del equilibrio en la sensibilidad climática de 3°C, con un rango más estrecho en comparación con el AR5.

Es la primera vez que el IPCC, formado por 240 personas dedicadas a la ciencia de 66 países, es tan taxativo afirmando el papel incuestionable de la actividad humana en el cambio climático.

El informe afirma, también, que es prácticamente imposible que logremos el objetivo del Acuerdo de París de evitar que la temperatura global suba más de 1,5°C a menos que consigamos hacer drásticas reducciones en las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero en las próximas décadas. Y que aunque las hagamos la inercia del sistema hará que las temperaturas globales sigan subiendo durante años, probablemente hasta 2050. Y que efectos como la subida del nivel del mar, el deshielo del Ártico y el calentamiento y la acidificación de los océanos sean probablemente ya irreversibles.

Por supuesto los 1,5°C no son ideales ya que seguirán provocando un aumento de las olas de calor, tormentas más intensas y sequías e inundaciones más graves, pero representaría un riesgo mucho menor que si llegamos a los 2°C.

Algunos datos:

  • La temperatura global de la superficie fue 1,09°C más alta en la década entre 2011-2020 que entre 1850-1900.
  • Los últimos cinco años han sido los más calurosos registrados desde 1850, que es desde cuando tenemos datos.
  • La tasa reciente de aumento del nivel del mar casi se ha triplicado en comparación con 1901-1971.
  • Es «muy probable» (90%) que la influencia humana sea la principal causa del retroceso global de los glaciares desde la década de 1990 y de la disminución del hielo marino en el Ártico.
  • Es «prácticamente seguro» que las temperaturas extremas, incluidas las olas de calor, se han vuelto más frecuentes e intensas desde la década de 1950, mientras que los fenómenos de frío se han vuelto menos frecuentes y menos graves.

El Atlas Interactivo del IPCC permite cotejar información climática de regiones de todo el mundo y obtener proyecciones sobre distintos niveles de calentamiento global para conocer cómo está afectando el cambio climático a las regiones del planeta.

Algunas posibles consecuencias:

  • Las temperaturas alcanzarán 1,5°C por encima de los niveles de 1850-1900 en 2040 en todos los escenarios de emisiones.
  • Es probable que el Ártico esté prácticamente libre de hielo en septiembre al menos una vez antes de 2050 en todos los escenarios evaluados.
  • Se producirá un aumento de algunos fenómenos extremos «sin precedentes históricos» incluso con un calentamiento de 1,5°C.
  • Se prevé que fenómenos extremos en cuanto al nivel del mar que se producían una vez por siglo en el pasado reciente se produzcan al menos anualmente en más de la mitad de las ubicaciones de los mareómetros en 2100.
  • Es probable que aumenten los incendios causados por la meteorología en muchas regiones.

El informe intenta ser un toque de atención de cara a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021 (COP2)6, que se celebrará en noviembre en Glasgow. Pero ya veremos si sirve para algo.

El IPCC tiene previsto presentar dos informes más el año que viene: una segunda parte que se centrará en los impactos de la crisis climática y una tercera que detallará las posibles soluciones.

_____
{Foto: No hay Planeta B por Markus Spiske on Unsplash}

Relacionado,

Compartir en Flipboard Tuitear

PUBLICIDAD




Un libro de @Alvy y @Wicho

Se suponía que esto era el futuro | un libro de Microsiervos, por Alvy y Wicho

Se suponía que esto era el futuro
Ciencia, tecnología y mucho más
www.microsiervos.com/libro


PUBLICIDAD