Por @Wicho — 30 de Julio de 2018

No en LaCoru, nenoHace unos días se hacía pública la Declaración sobre la pseudociencia [PDF] del Comité de ética de la investigación y la docencia de la Universidade da Coruña, declaración aprobada por el Consejo de gobierno de la universidad.

En ella la UDC deja bien claro que ni libertad de cátedra ni nada justifican que ningún tipo de pseudociencia se pueda asociar de ningún modo, ya sea de forma activa o pasiva, con el nombre de la universidad, y menos en el caso de una entidad que «tiene como función el desarrollo, la transmisión y la crítica de la ciencia, la técnica y la cultura».

  1. La pseudociencia implica la transmisión o difusión de conocimientos que se presentan como científicos sin estar basados en argumentos, criterios o métodos propios de las ciencias.
  2. La pseudociencia es éticamente incorrecta porque lesiona los valores básicos de la búsqueda del conocimiento: la verdad y la confianza.
  3. La pseudociencia daña la integridad científica y académica porque incumple las exigencias de la investigación y la docencia responsables: el rigor y la honradez.

La declaración es además especifica que

  1. Por las razones expuestas, el Comité de ética de la investigación y la docencia de la UDC rechaza la pseudociencia y concluye que la Universidade da Coruña debe garantizar la integridad científica y académica en todas las actividades que hagan uso de su nombre, su imagen o sus instalaciones.

Así que también aborda aquella disculpa aducida en muchas ocasiones por parte de organismos públicos de que si sólo están prestando unas instalaciones y cosas así.

Esta declaración es un ejemplo que bien podrían seguir otras universidades e instituciones públicas para dejar clara su posición al respecto; y sería bueno que desembocara en algún protocolo de cara a gestionar la cesión de espacios públicos para según qué tipo de actos, porque a menudo les cuelan contenidos pseudocientíficos porque no hay un proceso claro para revisar las solicitudes de uso de éstos.

Pero no deja de ser triste que en pleno siglo XXI una universidad haya sentido la necesidad de plantarse frente a la pseudociencia.

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