
El memorial Forever Remembered en el Centro espacial Kennedy recuerda el desaste de Challenger con parte de su fuselaje y al Columbia con las ventanas de su cabina – NASA/Kim Shiflett
Hoy se cumplen años de la desintegración en vuelo del transbordador espacial Columbia cuando volvía a tierra tras la misión STS-107.
Fallecieron en él los astronautas de la NASA Rick Husband, comandante de la misión, William C. McCool, piloto, los especialistas de la misión Michael P. Anderson, Kalpana Chawla, David M. Brown, Laurel Clark, y el astronauta israelí Ilan Ramon, que volaba como especialista en carga útil.

De izquierda a derecha David Brown, Rick Husband, Laurel Clark, Kalpana Chawla, Michael Anderson, William McCool e Ilan Ramon – NASA
El desastre del Columbia ha sido el tercer y hasta ahora último accidente de la NASA durante una misión espacial o su preparación que ha supuesto la muerte de astronautas. Curiosamente, los otros dos han tenido lugar en la misma época del año, de hecho casi en la misma semana.
El primero de ellos ocurrió el 27 de enero de 1967, cuando durante un ejercicio de entrenamiento se incendió la cápsula de mando del Apollo 1 y murieron asfixiados los astronautas Virgil «Gus» Grissom, Ed White y Roger B. Chaffee al no poder abrir la escotilla a tiempo para escapar.
Este accidente llevó a un rediseño exhaustivo de la cápsula y de algunas de las decisiones acerca de la misión, como por ejemplo la de utilizar una atmósfera de oxígeno puro.
El segundo de estos accidentes, fue la desintegración del transbordador espacial Challenger al poco de despegar en la misión STS-51-L el 28 de enero de 1986.
A bordo iban Francis «Dick» Scobee, comandante de la misión; Michael J. Smith, piloto; Judith Resnik, Ellison Onizuka, y Ronald McNair como especialistas de la misión; Gregory Jarvis, como especialista de la carga; y Sharon Christa McAuliffe como especialista de la carga y primer miembro del programa Profesores en el Espacio en volar en una misión espacial.
En el caso del Challenger, aparte de los cambios de diseño oportunos, quedó claro que no siempre las decisiones se tomaban en cuenta teniendo todos los datos presentes. Y es que de hecho los representantes en el lanzamiento del fabricante de los propulsores sólidos de la lanzadera recomendaron no lanzar debido a las bajas temperaturas que había habido la noche anterior.
Temperaturas que fueron las causantes últimas del accidente al hacer que una de las juntas que sellan dichos propulsores estuviera demasiado rígida debido al frío y no cumpliera adecuadamente
con su misión.
Lecciones no aprendidas
El problema es que esta lección no pareció ser aprendida por la NASA, ya que mientras el Columbia estuvo en el espacio hubo ingenieros que intentaron transmitir su preocupación por el daño que pudiera haber sufrido el ala izquierda de la nave durante el lanzamiento al recibir el impacto de restos de espuma aislante desprendidos del depósito principal de combustible.
Pero los responsables de la misión y de la agencia no hicieron caso de sus temores a pesar de que en lanzamientos anteriores ya se habían producido daños a causa de esos impactos. Su razonamiento fue que como nunca antes había pasado nada tampoco tenía por qué pasarlo en esa ocasión. Además, decían, tampoco había nada que la tripulación pudiera hacer al respecto.
Hubiera sido complicado, aunque quizás se pudiera haber montado una misión de rescate a tiempo. O a lo mejor no. Pero al no hacer nada al respecto desde luego que los tripulantes de la STS-107 no tuvieron la más mínima posibilidad.
Y así durante la reentrada el daño causado por el impacto de la espuma en el borde de ataque permitió que los gases calientes que rodeaban la nave penetraran el escudo térmico y destruyeran la estructura interna del ala, lo que a su vez provocó la inestabilidad del orbitador y su posterior desintegración.
El desastre del Columbia dejó en tierra la flota de transbordadores durante dos años. Y para cuando volvieron al servicio sólo volaron a la Estación Espacial Internacional, que hubiera podido servir de refugio en caso de tener que lanzar una misión de rescate.
Por supuesto, no sólo la NASA ha perdido astronautas, y ni siquiera son las tripulaciones de las naves espaciales las que han soportado más pérdidas en aras de la investigación espacial, pues de hecho ha muerto mucha más gente en tierra que en vuelo: List of space disasters.
Aún así, no parece que haya escasez de voluntarios para ir al espacio.


