Por @Wicho — 31 de Agosto de 2020

El cohete Electrón de Rocket Lab ha vuelto sin problemas al servicio con la puesta en órbita del satélite de observación terrestre Sequoia de Capella Space. Era el primer lanzamiento desde que el pasado mes de julio el anterior Electrón fallara en su misión.

Rocket Lab pudo determinar rápidamente que el fallo estuvo en un conector eléctrico que no había quedado bien asegurado durante el ensamblado del cohete. Esto hizo que su resistencia al paso de la corriente fuera superior a la normal, lo que a su vez hizo que se calentara y que se fundiera el material de encapsulado que lo rodeaba. Con el material fundido el conector terminó por soltarse del todo, con lo que las bombas eléctricas del motor Rutherford de la segunda etapa del cohete se quedaron sin alimentación y por tanto el motor se quedó sin propelentes, así que se apagó. Esto a su vez hizo que la segunda etapa cayera de nuevo a tierra sin haber completado la misión.

Para evitar que esto volviera a pasar la empresa no hizo ninguna modificación al cohete sino a los procedimientos de ensamblado y comprobación. Pero todo el mundo estaba conteniendo el aliento para comprobar que en efecto la solución había funcionado.

Hubo que esperar, de todos modos, unos 6 minutos y 25 segundos después del lanzamiento para ello. En ese momento el Electrón cambió de un juego de baterías ya gastadas a otro fresco, momento en el que el conector en cuestión entraba en juego. Y en efecto en el vídeo se puede ver cómo las baterías gastadas caen tras ser expulsadas –a fin de cuentas son la peso inútil– y el motor sigue funcionando sin problemas.

Así que el Sequoia fue colocado primero en órbita sin problemas por la segunda etapa y luego en su órbita definitiva por la tercera etapa en una misión que la empresa ha definido como perfecta. Era el decimocuarto lanzamiento de un Electrón.

Con 17 metros de alto, 1,2 de diámetro, y un peso al lanzamiento de 12.250 kilos el Electrón es capaz de colocar cargas de 200 kg en órbita sincrónica al Sol de 500 km y hasta 300 en órbita baja terrestre. Con esto cubre como un 65% del mercado. Y no es que lo haga a un precio por kilo sensiblemente inferior a otros cohetes. Su gran ventaja es que Rocket Lab es capaz de ensamblar uno a la semana, con lo que ofrece lanzamientos casi a la carta.

Pronto contará con dos plataformas de lanzamiento en Nueva Zelanda y una en los Estados Unidos. En total entre las tres podrían alcanzar unos 130 lanzamientos al año, aunque en realidad no hay tanta demanda para lanzamientos; Rocket Lab se contentará por ahora con alcanzar una cadencia de un lanzamiento al mes.

La empresa está en Twitter como @RocketLab; también lo está Peter Beck, su director, como @Peter_J_Beck. Y es una de esas empresas que está demostrando que las cosas se pueden hacer de otro modo en cuanto al acceso al espacio; por eso la seguimos de cerca.

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