Por @Alvy — 30 de Abril de 2019

Este flipante vídeo de RealLifeLore narra la alocada historia del Action Park (1978-1996) de Nueva Jersey, que ha de entenderse cuatro décadas después con un poco de humor negro debido a cómo ha pasado el tiempo. Más propio de una instalación descerebrada de Humor Amarillo, pero totalmente en serio, durante los años en los que estuvo abierto envió a centenares de personas a las salas de urgencias y en sus atracciones palmaron al menos seis personas (que se sepa) debido a una combinación mortífera: diseños faltos de ingeniería, escasas medidas de seguridad y simple y llana estupidez de sus propietarios.

Algunos datos dejan claro cómo operaba esta auténtico parque de la muerte, del que se decía era un gran lugar para enviar a tus enemigos convenciéndoles de que era «un sitio genial y divertido» pero con la esperanza de que algo les sucediera {guiño}:

  • Mientras que en Estados Unidos mueren unas 3-4 personas al año en todos los parques de atracciones que hay en el país (con 270 millones de visitantes; probabilidad 0,003%) en Action Park cada fin de semana acababan visitando la sala de urgencias entre 5 y 10 personas al día. Llegaron al punto de avisar a las ambulancias para que esperaran en la puerta del parque y así estar preparadas para lo «inevitable».
  • Entre las atracciones había un tobogán acuático gigante con un looping, un diseño físicamente descerebrado que recuerda un poco a la montaña de rusa de la eutanasia. La gente no sólo sufría golpes en la cabeza y el cuerpo de formas inverosímiles; a veces se atascaban y no podían salir, así que tuvieron que instalar una escotilla. Decían que «si salías de allí con tan solo la nariz sangrando podías considerarte alguien con suerte».
  • Las rampas deslizantes por las laderas del parque estaban fabricadas con cemento y fibra de vidrio, sobre las que había trineos de diseño y materiales totalmente inadecuados, sin frenos siquiera. La gente no llevaba protección, ni cascos, y cualquier caída producía habitualmente luxaciones. Una salida de pista acabó en un golpe mortal en la cabeza de una persona; irónicamente era un empleado del parque.
  • En una piscina con lianas estilo Tarzán el agua estaba tan fría que los vigilantes tenían que rescatar a la gente en shock; en una ocasión un señor mayor murió de un ataque al corazón al poco de lanzarse al agua.
  • En una atracción de tipo «río con barcas» había gigantescas hélices submarinas para generar olas; cuando la gente caía al agua (algo que no debía suceder) tenía que salir por sus propios medios; se golpeaban contra las hélices y una persona llegó a morir electrocutada con los cables de los mecanismos.
  • La gigantesca piscina de olas acabó apodándose la piscina cementerio. Con olas de un metro durante 20 minutos y zonas profundas muchos visitantes acababan agotados al intentar salir, cosa que a veces no lograban aunque supieran nadar, y entraban en ahogamiento. Había unos 12 vigilantes permanentes, pero durante algunos fines de semana tenían que rescatar hasta 30 personas. En comparación, durante una temporada de playa hay que rescatar a una o dos personas como máximo.

Para complementar todo esto, por si era poco:

  • La mayor parte de los vigilantes tenían poca experiencia o eran menores de edad (14-15 años).
  • La prohibición de venta de alcohol no estaba muy de moda en aquella época y se hacía la vista gorda; el resultado era que muchos días tanto los visitantes como algunos vigilantes iban borrachos.
  • Los diseños de las atracciones carecían de las más mínimas nociones de ingeniería y seguridad. Las barcas y trineos eran muy pequeños, por ejemplo, y las personas grandes no cabían bien. Así que acababan sacando los pies fuera, lo que produjo muchas piernas rotas tras las habituales colisiones.
  • Cuando la compañía aseguradora tuvo noticia del número de accidentes y empezó a pagar las indemnizaciones subió las primas debido al alto riesgo, a lo que el parque reaccionó no asegurando el parque sino prefiriendo resolver todos los casos por la vía judicial, con desastrosos resultados. Se ganó el apodo de «El parque de las reclamaciones legales», con unas 100 al año. Al final cayó en bancarrota y eso supuso su fin.

Recordemos que el diseño de un tobogán acuático con loop es posible, pero siendo mucho más amplio, no tan cerrado, no completamente en vertical sino con cierto ángulo y con chorrazo, como este Lunar Loop del Lost World (Wisconsin) o el Boomerango del Aquarena (Austria).

§

Se puede pensar que la historia del Action Park es una barbaridad (y lo es), pero recordemos que se inauguró hace 40 años, cuando las consideraciones de seguridad en general eran muy distintas a las de ahora. Por aquel entonces ni siquiera era obligatorio (ni mucho menos habitual) el cinturón de seguridad en los coches, o el casco en las motos, y cualquier normativa de seguridad era laxa. ¡Incluso se podía fumar, se vendían bebidas con azúcar y los ordenadores no llevaban antivirus! Pero los del parque ese claramente se pasaron cuatro pueblos.

Yo recuerdo cómo nos lo pasábamos en el primer Aquapark de Madrid (en Aranjuez) inagurado en 1986 como algo bastante cafre, donde había vigilancia –pero no mucha– y los niños nos tirábamos de cabeza, atascábamos los toboganes para hacer el ganso y bajar en grupo, lo típico de la muchachada. Pero la instalación era razonablemente segura y al menos estaba diseñada a prueba de burros. Hoy algo así sería sencillamente impensable, la vigilancia en cualquier parque acuático o de atracciones es estricta e incluso diría que marcial, hay vigilantes cualificados, las instalaciones necesitan mil aprobaciones, mantenimiento y revisiones y raro es que suceda algo. Hemos evolucionado mucho desde aquellos tiempos locos e irresponsables.


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