El otro día David Sierra de Cruce de cables (RNE) se preguntaba si alguna vez habían cambiado los viejos iconos de los ordenadores, y estuvimos un rato charlando sobre el tema. ¿Por qué todavía hay teléfonos, lupas o disquetes obsoletos para simbolizar cosas o acciones?. El programa puede escucharse aquí:
Vivimos en una rareza cotidiana de la informática: llevamos medio siglo cambiando radicalmente cómo funcionan los ordenadores, pero seguimos usándolos como si fueran una oficina de los años 80. Hay móviles, nube, inteligencia artificial, pantallas táctiles y almacenamiento casi infinito, pero para organizar cosas seguimos abriendo carpetas, tirando archivos a papeleras y guardando documentos con el icono de un disquete.
La idea viene de lejos. El Xerox Alto, en 1973, inventó la interfaz gráfica con el ratón. El Xerox Star, en 1981, trajo la metáfora de la oficina: documentos, carpetas, impresoras, escritorios. Después llegaron el (poco) conocido Apple Lisa en 1983 y luego el Macintosh en 1984, que popularizó de forma definitiva esa forma de trabajar con ventanas, iconos y objetos reconocibles. Windows copió a Apple, que había copiado a Xerox, y el resto es historia.
¿Por qué usamos «objetos» ya casi desaparecidos?
La lógica original era muy sencilla: si la gente ya entendía una mesa de trabajo, al usar en el ordenador carpetas y papeleras todo parecería menos marciano y sería más fácil de usar. En vez de escribir comandos raros, arrastrabas cosas.
Los iconos no representan solo objetos, sino también acciones. El sobre ya no significa «carta de papel», sino «mensaje»; cuando tiene una flecha es «enviar mensaje». La lupa no significa «cristal de aumento», sino «buscar». El candado no es un candado físico, sino «seguridad». Y el disquete ya no es un disquete: es «guardar».
Ahí está lo curioso. La muchachada no ha usado jamás un disquete de 3,5 pulgadas, pero reconoce su silueta como el botón de guardar «como se hacía antiguamente». Podría decirse que es un fósil funcional, una momia útil. El objeto real casi ha desaparecido, pero el símbolo sobrevive. Los mejores quizá sean:
- Carpetas: seguimos organizando archivos como archivadores de papel.
- Papelera: borrar algo es tirarlo a una cesta metálica.
- Disquete: el icono universal de guardar, aunque el objeto esté obsoleto.
- Sobre de correo postal: el email a imagen de las cartas físicas.
- Lupa: ya no es de vidrio, y sirve para buscar en millones de datos.
- Candado: privacidad, cifrado y seguridad en forma de cierre mecánico.
- Portapapeles: copiar y pegar como una metáfora de oficina.
- Auricular de teléfono fijo: llamar como en los teléfonos primitivos.
- Calendario de pared: agendas digitales con hojas y cuadrículas.
- Engranaje: los «ajustes» se representan con una pieza mecánica.
¿Se quedarán atascadas para siempre las interfaces?
Un poco sí, pero por una buena razón. Las interfaces no son solo tecnología: también son costumbres, memoria muscular y «compromisos culturales». Si cambias demasiado los símbolos, la gente se pierde. Un icono viejo puede ser mucho más efectivo que uno moderno si todo el mundo entiende qué significa.
Los ordenadores son en cierto modo «máquinas del futuro», pero seguimos hablando con ellos usando objetos del pasado. No porque seamos tontos, sino porque esas metáforas funcionaron tan bien que se quedaron formando parte de la cultura digital.
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